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sábado, 22 de noviembre de 2014

Propuesta de reforma financiera del Estado

He leído la resolución de Podemos sobre auditoría y reestructuración de la deuda, y sigue las líneas maestras ya conocidas. Me referí a este asunto en el penúltimo post. Decía allí que el impago de la deuda puede ser una necesidad, en determinados supuestos, para llevar a cabo políticas sociales y de reactivación de la demanda. Como imaginaba, Podemos hace de esa necesidad una virtud. Lo interesante es cómo argumenta el carácter virtuoso de la medida. Afirman que la auditoría dará ocasión de movilizar a las masas alrededor de un problema candente de política económica y de concitar su apoyo a la propuesta de reestructuración, cualquiera que ésta sea. Sólo comentaré que ningún almuerzo es gratis, y la movilización a que se hace referencia no se logrará a coste cero. Si es posible que dé oportunidad de discutir públicamente y movilizar, también generará un conflicto de primera magnitud con organismos internacionales como el Banco Central Europeo, la Unión Europea  y el Fondo Monetario Internacional, a todos los cuales pertenece España. A la luz de los indicadores macro (excepto el paro y la pobreza, pero ya sabemos que éstos les interesan menos), España no tiene ninguna necesidad de impagar la deuda ahora. Dejar de pagar sería, con toda seguridad en su concepto, una arbitrariedad injustificada que introduciría grave inestabilidad en las finanzas europeas y globales. Olvidemos las presuntas o reales virtudes y centrémonos en las necesidades. La necesidad de reestructurar la deuda hay que demostrarla y no sólo presuponerla, como la presupone Podemos. Y el movimiento se demuestra andando. Sirva esta introducción - convengo en que un poco larga - para dejar sentado que lo prioritario es resolver el paro y no buscar el conflicto con los organismos internacionales; que es preferible atacar el problema hasta donde se pueda sin provocar conflictos, o con conflictos de mejor intensidad, y, sólo cuando los medios alternativos sean insuficientes, acudir a la reestructuración.

Mi plan es el siguiente. El gobierno español debe dejar de inmediato de emitir deuda soberana convencional; esto es lógicamente anterior a reestructurarla e incluso a auditarla, toda vez que anunciar tales medidas mientras se sigue recurriendo a los mercados resulta incongruente. A partir de ese momento, la única deuda que se emitirá será deuda admitida en pago de impuestos. Esto, en los círculos  "chartalistas" (Universidad de Kansas City y sus seguidores en todo el mundo) se denomina bonos Mossler. La idea es sencilla: el gobierno paga sus gastos en bonos Mossler y éstos pueden circular como dinero ya que sirven para pagar impuestos; casi son dinero. La aplicación de la idea no es tan sencilla, al menos en España. El gobierno no puede dar circulación forzosa a los bonos Mossler, es decir, convertirlos en dinero legal, porque lo prohíbe su pertenencia a la zona euro: el único dinero legal aquí es el euro emitido por el BCE. El bono Mossler, en el mejor de los casos, será cuasi-dinero. El hecho de que se admita el bono Mossler en pago de impuestos es un incentivo para su circulación, pero como el dinero no sólo se usa para pagar impuestos, sin más incentivos el bono Mossler se cotizaría con un descuento sobre el euro. Eso no interesa. Lo que interesa es que la deuda monetizada se cotice a la par con el dinero legal. Lo ideal sería que el cuasi-dinero sea deuda perpetua, es decir, que sea admitida en pago de impuestos en cualquier momento y que devengue un interés continuo; es decir, que cada segundo que el cuasi-dinero esté en poder del tenedor le genere réditos. Eso sí será un incentivo poderoso para aceptar la deuda irredimible que circule como cuasi-dinero.

Un problema será la divisibilidad del cuasi-dinero. Éste tiene que servir tanto para cancelar una deuda de un millón de euros como una de un céntimo. El problema es resoluble dentro de las posibilidades técnicas de la Central de Anotaciones de Deuda Pública. Ahí uno no es propietario de "bonos", sino de "saldos"; por tanto, ya no hablamos estrictamente de "bonos Mossler" sino de "saldos como-queramos-llamarlos" (por ejemplo, "saldos de euros paralelos"). La dificultad de gestionar el nuevo sistema vendrá atemperada por la circunstancia de que las nuevas emisiones serán todas de una única clase o denominación, y las restantes quedarán a extinguir según vayan amortizándose. El sistema debe adaptarse al requisito de que los saldos se actualicen continuamente con la adición de los réditos correspondientes.

La Central de Anotaciones no está diseñada para admitir cuentas de los millones de agentes que deberán disponer de ellas; lo está sólo para registrar las cuentas de un número relativamente bajo de intermediarios, llamados "titulares" y "gestoras". Cada empresa o economía doméstica propietaria de saldos de deuda irredimible deberá tenerlos depositados en una gestora, que a todos los efectos hará las veces de un banco. Con una diferencia fundamental con respecto a los bancos actuales: las gestoras actuarán como bancos con un 100 por 100 de reservas, sin autorización para crear dinero con cargo a préstamos ni operaciones de ningún tipo. Este detalle es crucial. Los préstamos en euros paralelos serán el cometido de "bancos" apoderados por el propietario de un saldo para invertirlo en todo o en parte, de forma rentable y con riesgo. Hay "bancos" de este tipo actuando ya en el mercado español. La cuestión es que son la excepción. De lo que se trata es de que sean la regla general.

martes, 4 de noviembre de 2014

La política económica de Podemos

Lo que el grupo dirigente de Podemos ha dicho sobre lo que la formación hará en materia de política económica es, sencillamente, trivial. Hablan de hacer una auditoría de la deuda pública. ¿Y eso, qué? Será una pérdida de tiempo. Descubren que la mitad de la deuda es "ilegítima", por ejemplo, porque se pidió prestado para que algunos políticos, o más bien muchos, se llenaran los bolsillos. ¿Y qué? ¿Se procederá a repudiar 50 ctms de cada euro adeudado? Eso olvidaría que el sinvergüenza fue el prestatario, que hizo mal uso del dinero, no el prestamista, que lo prestó de buena fe. La gente de Podemos parecer decir: "Pues que se fastidie el prestamista; así aprenderá a no prestar a sinvergüenzas". Lo que este discurso, explícito e implícito, viene a significar es que Podemos hará default, es decir, declarará la bancarrota del Estado. El discurso es trivial y una pérdida de tiempo, porque nadie declara la bancarrota mientras puede pagar. Nadie tira piedras sobre su propio tejado.

Cosa distinta es hacer de la necesidad virtud. Lo que Podemos quiere decir, en realidad, es que quizá no pueda España continuar pagando su deuda. Si se quiere restaurar el Estado de bienestar a la situación anterior a los recortes, si se quiere que no haya un solo desahucio por no poder atender la hipoteca y ni una sola vivienda sin electricidad por no poder pagar la luz, etc.; si se quiere implantar una renta mínima de inserción, si se quiere todo eso entonces está claro que no habrá dinero para seguir pagando la deuda. Ignoro si los economistas de Podemos han estimado el coste agregado de sus medidas así como sus previsiones de reducción del fraude fiscal, pero dejar de pagar los intereses no será suficiente y, ¡qué narices!, dejar de pagar los intereses ya es default. Por tanto, el default o bancarrota será una consecuencia de la política social. Por otra parte, el acceso de Podemos a las instituciones, en particular las europeas, irá moderando poco la actitud, si no el discurso, de sus dirigentes. En Europa, la griega Syriza es una sólida referencia para Podemos, y el dirigente de aquélla, Alexis Tsipras, ya no habla de no pagar la deuda sino de "reestructurarla". Es muy posible que Podemos empiece a adoptar este lenguaje. En todo caso, Tsipras tiene muy claro que la deuda griega está en manos de bancos alemanes, y opina que va siendo hora de que éstos corran con su parte del coste de la crisis, de lo que hasta ahora se han venido librando. En España es más dudoso que eso sea una buena deducción de los datos; dejar de pagar la deuda es tanto como hundir a los bancos españoles. Lo cual plantea el problema de qué quiere hacer Podemos con los bancos. En este como en otros temas, no creo que Podemos tenga ninguna idea clara. Parecen partidarios de la teoría de que no hay mejor maestro que el Poder y que una vez en él, les irá enseñando qué hacer, sobre la marcha.

Mención aparte, para llegar a idénticas conclusiones, merece la cuestión macroeconómica. ¿Qué pretende hacer Podemos para restaurar el pleno empleo? La fórmula de inversión pública en infraestructuras, que se está convirtiendo en el nuevo mantra ante el fracaso de la austeridad, ni convence ni deja de convencer a Podemos; es una fórmula neokeynesiana, y ellos no lo son. Si son listos, se darán cuenta de que esa fórmula, con sus premisas de política social, lleva aún más deprisa a la bancarrota. Y el problema crucial es: ¿de qué sirve la inversión en infraestructuras si nos quedamos sin euros con los que adquirir las importaciones que requieren las empresas para crear empleo? A la corta, España tendría que salir del euro (a menos que los amigos de Podemos ganen en toda Europa, lo que sólo parece a punto de ocurrir en Grecia, un país marginal). A la larga, el problema no se resuelve con la salida del euro porque las importaciones no podrán pagarse con neopesetas, que es el único dinero de que podríamos disponer sin necesidad de exportar.

Todo el análisis nos lleva a la pregunta clave: ¿qué puede exportar España? Quienes temen la deriva bolivariana de Podemos saben poca economía, indudablemente. El bolivarianismo ha triunfado en países donde el problema de las exportaciones está resuelto por la naturaleza: en Venezuela, que tiene las reservas de petróleo mayores del mundo; en Bolivia, con inmensas reservas de gas natural y las mayores del mundo en litio; mucho menos en Ecuador, que hace prospecciones en todo su territorio, a ver si le toca la lotería; en Argentina, ya casi sin petróleo, el bolivarianismo anda de cabeza. Sin algo valioso que exportar, España terminaría pareciéndose más Cuba que a ningún otro modelo. Una perspectiva que puede entusiasmar a los más radicales pero ahuyentaría a muchos votantes. En esta situación, nada le podría venir mejor a Podemos que el éxito de las prospecciones petrolíferas en Canarias, Baleares y donde haga falta, y la implantación generalizada del fraking: eso resolvería en buena medida el problema de la dependencia del exterior. Por tal razón creo que Podemos no gobernará tras la próximas elecciones, y le vendrá bien no hacerlo. Al menos necesita una legislatura más, en la que una coalición PSOE-PP tire agónicamente para adelante con esas prospecciones y consiga petróleo de cuantas más, mejor. Podemos no podría realizarlas porque sus votantes se oponen. Ahora bien, una vez otros han hecho el trabajo sucio y con el dinero entrando... A caballo regalado no se le mira el diente, ¿o no? Entiéndaseme; no digo que producir mucho petróleo haría la política económica de Podemos más viable. Indudablemente, la haría más creíble.