sábado, 7 de enero de 2017
Qué pasa con el euro
miércoles, 22 de junio de 2016
El referéndum británico
lunes, 11 de junio de 2012
Pasta gansa para España
Estas cosas siempre son un disparate. Europa pone 100.000 millones de euros para arreglarle el cuerpo a la banca española, y el asunto no puede salir bien. Y no puede salir bien por un error (o quizá no tan error) de concepción. Estamos en el capitalismo. Aquí cada cual se tiene que buscar la vida, y el que no la encuentre, al hoyo. Eso vale para los bancos tanto como para todo lo demás. (Bueno, quizá no tanto para los bancos, porque son tan importantes, ¿verdad?).
Supongamos que sale bien. Supongamos que los miles de millones se reparten «equitativamente» entre los bancos, y que éstos ponen su parte (¿de dónde, dejando de pagar dividendos una temporada a los accionistas?) hasta reunir los 170.000 millones en que se estima el agujero del ladrillo español. Estupendo, ya tenemos unos bancos reflotados a tope… y listos para competir y quedarse con todo lo que puedan del pastel del mercado único de servicios bancarios de la Unión Europea. ¿Qué pasará, previsiblemente? Que los bancos de otros países levantarán el dedito para decir: «Yo también quiero». De algún modo, la eurozona se ha juramentado, con este rescate, a poner en marcha la famosa unión bancaria, cualquiera que sea la naturaleza de ésta, cosa que nadie conoce más allá de alguna obviedad, como que tiene que haber un supervisor único, un fondo de garantía de depósitos único y detalles así, que conoce cualquiera de mis alumnos de 5º de Administración y Dirección de Empresas. Luego la eurozona se ha metido en un callejón sin salidas laterales, que no sabemos a dónde la va a llevar.
A continuación, está la postura que pueda adoptar el Reino Unido, que no es miembro de la eurozona, que pagó en su momento de su bolsillo el rescate de sus bancos, y que se puede ver (se verá) perjudicado por ayudas públicas a un competidor de la Unión Europea. Ahí, la UE está abocada a una negociación que puede ser tan larga como la de principios de los años ochenta del siglo pasado, y que concluyó con la aprobación del «cheque británico». Sólo que ahora el Reino Unido va a contar con aliados como Polonia, Austria, Holanda y Finlandia. Y aunque no somos más pobres que hace treinta años, tenemos mucha menos riqueza en forma líquida, lo que dificulta el pago de cualquier cheque.
Y está la cuestión de España. España, ese país de baja productividad que, sin embargo, siempre se las arregla para recibir un trato de favor excepcional. Para que nos hagamos una idea, entre 1989 y 2006, España recibió unos 200.000 millones de euros en dinero de fondos europeos, mientras que el segundo país más beneficiado fue Italia, con unos 70.000 millones recibidos desde 1957. O sea, primeros, con el triple de beneficios que el segundo. Gracias a eso tenemos más autovías que nadie (excepto Alemania) y más tren de alta velocidad que nadie (incluida Alemania). Resulta que nos metemos en el fiasco del ladrillo ¿y tiene que venir Europa también a sacarnos del atolladero? No sorprende que algunos países afilen sus cuchillos, para cortarnos el cuello si pueden. Puñetera envidia, claro está. Y, para colmo, el pánfilo de Rajoy viene a presumir de que poco menos que nos van a regalar los 100.000 millones del rescate bancario. Holanda y Finlandia, sobre todo, estaban que echaban las muelas en la reunión del Eurogrupo del sábado 9 de junio.
Y luego está Grecia. Parece evidente que uno de los efectos inmediatos de toda la operación será inclinar el voto de los griegos hacia los partidos que quieren menos austeridad aun manteniéndose en el euro. Los españoles hicieron sus deberes: es lo que se les dirá, y vosotros no. Pero la sospecha de favoritismo planeará y se aliará con las recomendaciones, muchas veces técnico-profesionales, de economistas de prestigio, que sostienen que tanta austeridad no es buena. Pero aquí Merkel, o sea, Alemania, no puede aflojar ni un milímetro, porque si afloja el patio se le desmanda. Alemania, como todo buen organizador, sabe que la clave radica en un sistema eficiente de premios y castigos. A España se la premia, ostensiblemente; a Grecia se la castiga, no menos ostensiblemente. Pero una vez resuelto el problema de Grecia con su salida del euro, las cosas cambiarán. Empezará una complicada negociación con Irlanda, a la que también hay que favorecer porque ha sido «buena» aunque las cosas no están saliendo como se esperaba. Todo el mundo siente pena por Irlanda, verde país de gentes tan melancólicas. Habrá que aflojar la austeridad con ella. Pero al mismo tiempo, y una vez que el «delincuente» griego (en inglés delinquent es el que no paga lo que debe) no pueda beneficiarse indebidamente porque ya no estará en el euro, Alemania mostrará con claridad que España también está intervenida, para que Irlanda no se pase en sus expectativas.
Así pues, Rajoy puede esperar de tres a seis meses «dulces», en los que el paro bajará, sobre todo por el turismo, y la Bolsa subirá y todo parecerá enrumbarse del mejor modo. Pero al término de ese plazo, la troika empezará a meter las narices para garantizar que ni un solo euro de los 100.000 millones se desvía de los bancos para ir a financiar, por ejemplo, a las ineficientes Comunidades Autónomas, o las dispendiosas sanidad y educación públicas. Todo, todo tiene que ir a los bancos. Y a ver en qué condiciones prestan los bancos a toda esa panda de morosos que han vivido de la deuda pública. Es decir, los ajustes de Rajoy continuarán. Porque el plan es que los bancos suban sus cotizaciones a la estratosfera, porque España se vea inundada de capitales extranjeros, de modo que el FROB pueda ir vendiendo sus acciones y recuperando el capital invertido, para devolver el préstamo. Y, con un poco de suerte y la debida supervisión de la troika, las cosas saldrán como es debido. Y los españoles ni nos enteraremos. ¡Malditos enchufados!
Pero como el mundo entre en la recesión que muchos esperan, como gane Romney en Estados Unidos (quien apretará el presupuesto más que Obama, lo que no dejará de sentirse en Europa), como la Bolsa española no recupere niveles de bonanza como los necesitados para que el FROB recupere el dinero que España debe a Europa, entonces nos vamos a enterar de verdad de lo que es un rescate.
domingo, 11 de diciembre de 2011
El Reino Unido y Europa
Pese a sus equívocas resonancias históricas, el renovado conflicto entre París y Berlín, de un lado, y Londres, del otro, es en lo fundamental fruto de una rivalidad financiera bastante reciente. En 2000 se inició una dinámica de fusiones y absorciones que ha desembocado en la situación actual. Ese año, se constituyó Euronext NV, resultado de la fusión de las Bolsas de París, Bruselas y Amsterdam con el propósito de sacar ventaja de la armonización comunitaria de mercados financieros. Un año después, Euronext adquirió las acciones del mercado internacional de Londres de futuros y opciones financieros (LIFFE) y en 2003 se fusionó con la Bolsa de Lisboa y Oporto, para formar Euronext Lisbon. La adquisición de LIFFE expuso la vulnerabilidad de la Bolsa de Londres (London Stock Exchange, o LSE), que fue objeto de sucesivos intentos de adquisición, el último y más importante por Nasdaq, el mercado tecnológico estadounidense. Nasdaq llegó a poseer el 28% de las acciones de LSE, a principios de 2007, pero sus repetidas OPAs no le permitieron pasar de ahí. Al final, vendió su paquete a la Bolsa de Dubai y se retiró de la mesa de juego. Fortalecida por la prueba, LSE pasó al contraataque y adquirió ese mismo año el 100% del capital de la Bolsa de Milán, cuyos accionistas obtuvieron el 28% de la nueva sociedad, Grupo LSE (LSEG).
Mientras tanto, la Bolsas de Nueva York (New York Stock Exchange, o NYSE) y Frankfurt (Deutsche Börse) competían en ofertas por hacerse con Euronext. Ganó NYSE, para lo que tuvo que pagar 8.000 millones de euros, a mediados de 2006. La entidad fusionada pasó a denominarse NYSE Euronext, la primera Bolsa realmente global del mundo. El éxito logrado por LSEG poco después con la adquisición de la Bolsa de Milán dio alas a los británicos para ensayar su propia estrategia de globalización. Tras laboriosas negociaciones, dos ambiciosos proyectos fueron anunciados a principios de 2011. En febrero, se conoció la proyectada absorción del grupo TMX por LSEG. TMX es la sociedad gestora de las Bolsas de Toronto y Montreal, en Canadá, y el mercado de opciones de Boston, en EE.UU. Con la fusión LSEG-TMX, se habría formado el líder mundial en la negociación de valores y derivados petroleros y de gas natural. Un poco antes, se había anunciado la adquisición de la Bolsa australiana ASX por la Bolsa de Singapur (Singapore Exchange). La previsible confluencia de estos dos proyectos habría supuesto una revitalización financiera de la antigua área de la libra esterlina, con posibles expansiones a las Bolsas de Bombay y Johannesburgo y quién sabe si a la de Hong Kong, hoy en día la mayor del mundo.
Sin embargo, a finales de junio de 2011 ambos proyectos reconocieron su fracaso, por distintos motivos, y fueron abandonados. Por su parte, y pese al inicial fracaso en el intento de adquirir Euronext, los alemanes no cejaron en su empeño. En julio de este año, se ha anunciado la adquisición de NYSE Euronext por Deutsche Börse, para formar una nueva compañía donde los alemanes tendrían el 60% y los estadounidenses el 40%. Sería el mayor mercado financiero del mundo. Hay todavía muchos obstáculos que superar, e incluso superándolos el mercado integrado por todas esas plazas bursátiles tardará años en funcionar de manera conjunta. Pero la situación estratégica se ha modificado profundamente. En primer lugar, alemanes y franceses están ahora en el mismo bando; segundo, tienen el apoyo de los estadounidenses; tercero, el fracaso de LSEG, simultáneo con el éxito alemán, expone al mercado británico a una OPA hostil de sus ancestrales rivales.
Desde esta óptica, el «choque de trenes» de la cumbre del 9 de diciembre adquiere una dimensión inusitada. Anticipando la OPA financiera, se ha producido una OPA sobre la soberanía británica, para avanzar en la integración europea, sobre todo en los ámbitos fiscal y financiero. Los británicos la han rechazado (como en 2006-2007 LSE rechazó la OPA de Nasdaq) pero eso no impide ver su debilidad. Es indudable la importancia que el sector financiero reviste para el Reino Unido; se la ha comparado – en torno al 10% del PIB – con la que el turismo reviste para España, por ejemplo. Su influencia global está claramente en declive y se ve rechazada en lugares donde esperaría ser bien acogida, sin embargo, mientras la influencia continental y transoceánica de las finanzas alemanas va claramente en aumento. Durante este verano se habló de nuevas conversaciones entre LSEG y Nasdaq, ahora ya no para una OPA hostil, como hace un lustro, sino para una fusión en términos de cierta igualdad. Está por ver si estas conversaciones progresan. Si no lo hacen, se puede augurar que el sector financiero británico podría verse en serias dificultades, y no sólo coyunturales, como producto de la crisis, sino también estratégicas, como resultado de su creciente marginación de las finanzas globales.