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Premier League, EFTA y negociar la independencia
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Réquiem por Cataluña
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Cataluña: hora cero
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La comunidad de la inteligencia apuesta por Trump
miércoles, 22 de junio de 2016
El referéndum británico
viernes, 26 de diciembre de 2014
Las diferencias culturales importan: IU y Podemos
Uno de los temas recurrentes de este 2014 que termina ha sido la cuestión de si Podemos intentaba una OPA hostil sobre IU, es decir, atraerse a los cuadros políticos de esta formación, para lo cual tenía a la vez que halagarlos individualmente y resistirse a cualquier proyecto de unidad orgánica. Alberto Garzón y Tania Sánchez Melero serían ejemplos de lo primero; la calculada ambigüedad respecto de las candidaturas de Ganemos/Guanyem lo es de lo segundo. La OPA de Podemos, en caso de que realmente la haya habido, ha fracasado de momento. Salvo en Madrid, feudo pepero de estratégica importancia para los líderes de Podemos y donde han llegado a un acuerdo con IU para el reparto de la presidencia de la Comunidad y la alcaldía, el resultado de la presión es que IU ha cerrado filas y contraatacado con lo que le queda. Muchos se preguntan: ¿Qué defienden los de IU y qué defienden los de Podemos, que enfrenta a ambos? Voy a tratar de dar respuesta a esta pregunta obviando los puntos de acercamiento, que doy por conocidos.
Las diferencias culturales en política importan. Cuando Antonio Gramsci habló del intelectual orgánico y su función legitimadora, no se refería tanto al desiderátum de un "pensamiento colectivo" como al partido político como catalizador de síntesis entre culturas diferenciadas y a veces contrapuestas. Esto se lograría con discusiones rigurosas, generación de un lenguaje propio y una cosmovisión de partido; lograrlo sería un requisito previo a la toma del poder. Tales rasgos caracterizan a lo que en las décadas finales del siglo XX se denominó "cultura tradicional del movimiento obrero". A pesar de la "sopa de letras", a pesar de las escisiones, a pesar de los pesares, esto es algo que ha trabajado a fondo IU. Y ahora vienen los de Podemos con un discurso que niega ese trabajo previo (y las casi tres décadas de antigüedad de IU), un discurso que afirma que el poder se puede tomar por asalto sin más requisito que un adecuado uso de los medios de comunicación que establezca una nueva noción de sentido común capaz de romper el discurso legitimador de los opresores (aquí llamados "la casta"). Y que, con menos de dos años de preparación, un grupo cohesionado y decidido puede hacerse con el gobierno en unas elecciones. Los de IU, aparte de escépticos, están más cabreados que una mona. Todo se les vuelve decir que Podemos es una "moda" y que, cuando la moda haya pasado, lo que quede serán los restos del naufragio de treinta años de esfuerzos del movimiento obrero por reorganizarse tras la debacle del Partido Comunista en 1982.
¿Es posible una síntesis entre ambas culturas políticas? Parece realmente difícil. Podemos representa la cultura política de los perjudicados por la crisis. Clases medias endeudadas, empobrecidas y desposeídas; también asalariados marginales jamás sindicalizados que no salieron de la precariedad ni en lo mejor de la burbuja, y ahora condenados al paro de larga duración o a no llegar a fin de mes pese a trabajar más que nunca por casi nada. Ninguna política económica devolverá al primer grupo el estatus perdido; únicamente la subordinación de la economía a las personas mejorará la condición de ambos. Los dos coinciden en la búsqueda de culpables. Hace quince o veinte años se preciaban de "pasar" de política; ahora son vagamente conscientes de que aquel pasotismo ha traído esta corrupción, como lo son de que su empobrecimiento corre paralelo de una acumulación primitiva - es decir, "por las bravas" - de capital que favorece a los más ricos. También son conscientes de la fuerza que la democracia da al mayor número, y ellos son millones. Su cultura política está dominada por claves simbólicas de la pequeña burguesía: el fin del gobierno es la felicidad del mayor número; si no lo consigue, el gobierno ha fracasado. Derecha e izquierda son términos antiguos: "el pueblo unido jamás será vencido". Rechazan la dirección de los partidos sobre la sociedad y, por tanto, la hegemonía del movimiento obrero; aborrecen a los sindicatos. Si los partidos no dan al electorado lo que éste desea, no lo representan, se han corrompido y hacen falta otros nuevos. Idealizan a las clases medias pretendiendo organizar a toda la sociedad de conformidad con sus valores (honestidad, mérito, dignidad). Lo más importante es moralizar la política.
En el fondo, no es tan difícil de entender lo que están tratando de hacer los líderes de Podemos: un partido dirigido por exmarxistas que organice rápidamente a la pequeña burguesía proletarizada y al proletariado más pobre mientras las heridas de la crisis aún sangran. Esta política tiene sentido siempre y cuando la dirección del movimiento obrero sobre el partido no sea evidente; de ahí que el marcar distancias con IU sea algo más que una táctica para arrebatarle cuadros políticos. Esto es incluso más importante que no incurrir en pequeñas desviaciones del ideal moralizador (con tal de que sean efectivamente pequeñas). Si el influjo del obrerismo se hiciera presente, todo el proyecto se vendría abajo; por eso se enfatiza los efectos no clasistas del capitalismo: pobreza en general, desahucios, estafas financieras, deterioro del Estado de bienestar, corrupción... El mayor reto es la construcción de ese sentido común alternativo al de la lógica dominante, pues o el nuevo sentido común cae en la trivialidad o debe contener una importante carga de aceptación de la utopía. Ahí Podemos se enfrenta a la cuadratura del círculo y ahí, también, el conflicto cultural con IU alcanza su clímax. Pues IU, que aspira a una nueva sociedad (aunque, hoy por hoy, no sepa bien cuáles serían sus características), ve cualquier situación intermedia como una necesaria transacción entre el poder popular en construcción, partidario de la nueva sociedad, y la lógica dominante; una concesión, por así decirlo, al realismo político. Mientras que Podemos propone seguir en esta sociedad sólo que con un nuevo sentido, más "sano", de lo que es lógico, y para generar ese nuevo sentido común tiene que luchar sin descanso por demostrar en todo momento la sensatez de la utopía. Esto provoca la hilaridad de los viejos luchadores de IU.
Con casi medio siglo de retraso al no habérselo permitido en su momento la dictadura franquista, la izquierda española está enfrascada en su versión particular - un poco descafeinada, eso sí, por falta de referencias intelectuales de peso - del debate de Mayo del 68.
martes, 3 de junio de 2014
Razones económicas de una abdicación
Hoy publican los medios que el paro ha descendido en un importante número de personas y que los cotizantes a la Seguridad Social han aumentado en otro número importante; es evidente que el gobierno debía conocer estos datos con antelación, ayer sin ir más lejos. Uno se pregunta qué razones ha podido tener ese mismo gobierno para anunciar la abdicación en tal día, a una semana de las elecciones europeas.
Las coincidencias no existen. Ayer se conocía otro dato del máximo interés: la Comisión Europea transmitía públicamente a España sus exigencias, dentro del procedimiento por déficit excesivo en que nos encontramos incursos; también eso debía conocerlo el gobierno con antelación. Entre las medidas exigidas, varias que pueden despertar malestar entre la población: subida adicional del IVA, elevación de las tarifas eléctricas y nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral. Tras haberse resistido durante meses a esa clase de exigencias, pues no en vano estamos cada vez más cerca de las elecciones generales, esta vez el gobierno carece de fuerza para hacerlo, por cuanto las europeas acaban de mostrar que cuenta con el apoyo de un segmento muy exiguo de la población. Esta vez, el gobierno aplicará las medidas, o por lo menos una fracción lo suficientemente sustancial de ellas como para demostrar su buena voluntad. No sea que las quejas de la Comisión despierten a los mercados y se vuelva a disparar la prima de riesgo, con lo que costó domesticarla.
Después de dos años, el gobierno sabe de sobra lo que significa ceder. Frenar en seco la recuperación y a corto plazo más paro, exactamente eso. La Comisión lo exige porque cree que así se podrá crecer con más fuerza dentro de dos o tres años, ya que el crecimiento de ahora les parece insuficiente para aumentar rápidamente el empleo. Se trata de una diferencia de criterio en cuanto a los plazos. El gobierno, con su pachorra habitual habría estado dispuesto a andar diez o quince años creciendo a paso de tortuga, pero la Comisión está preocupada con el ascenso de los radicales de una y otra mano en toda Europa. De modo que el gobierno se enfrenta solo a la perspectiva de aplicar nuevas medidas impopulares en vísperas de elecciones. El problema es tanto más grave cuanto que es consciente de que sus medidas anteriores han significado la ruina y empobrecimiento de muchos que le votaron hace dos años y medio, bastantes de los cuales podrían estar votando a Podemos o estar pensando en hacerlo en las generales.
Así las cosas, parece que el gobierno ha decidido agarrar el toro por los cuernos, forzar la abdicación del Rey, abrir una crisis constitucional (puesto que no hay ley que regule la abdicación), provocar un debate artificial sobre si monarquía o república, terminar de laminar a un PSOE esquizofrénico entre una dirección comprometida con la lealtad institucional y unas bases fervientemente republicanas; y dejar al PP dueño del centro político, erigido en paladín del bando monárquico y agitando el mensaje subliminal de la guerra civil. O eso, o son completamente idiotas. Pongámonos en lo razonable: "¿Queréis Podemos? Pues sabed que son republicanos, es decir, rojos que vendrán a quemar iglesias, como en el 31". Le saldrá mejor o peor; sospecho que no le puede salir bien. Pero lo que no puede estar más claro es que, de las exigencias de la Comisión, ésta no nos libramos.
sábado, 31 de mayo de 2014
El BCE reconoce implícitamente no poder hacer nada por España
El 30 de mayo, publicaron el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Inglaterra (BoE) un documento que, según sus autores, habíase terminado de redactar el día anterior. Se trata de un documento para la discusión, nada más, sobre el tema genérico de los ABS. Para el lector menos informado, ABS son las siglas de Asset-backed Securities, o "valores respaldados por activos"; es el viejo tema de la titulización, que el BCE y el BoE vienen a presentar como si fuera nuevo. Había mucha expectación por este documento, desde hace meses. Me temo, sin embargo, que va a suponer un jarro de agua fría para las esperanzas de muchos.
Empezaré por lo que se esperaba. La tendencia deflacionista que se viene observando en toda la zona euro ha planteado el debate sobre el uso de herramientas no convencionales (es decir, que vayan más allá de la lucha contra la inflación) por parte del BCE; el BoE, lo mismo que la Reserva Federal de EE.UU., lleva años aplicando la llamada QE (siglas de Quantitative Easing, una forma moderna de política monetaria expansiva) como instrumento para mantener la actividad y el empleo. En la zona euro, el BCE no hace nada parecido ya que incluso las SMP (siglas de Secondary Market Purchases, o "compras [de bonos] en el mercado secundario"), utilizadas desde la crisis de Irlanda en el otoño de 2010, obligan al BCE a esterilizar la inyección de liquidez asociada mediante captación de depósitos a plazo fijo. Lo cual no sería obligatorio bajo las OMT (siglas de Outright Market Transactions, o "adquisiciones en el mercado secundario a vencimiento [del activo adquirido]" pero, como se sabe, este instrumento nunca ha sido aplicado y se encuentra impugnado ante el Tribunal Europeo de Estrasburgo; últimamente, incluso el ministro alemán de Finanzas, Schaubel, ha anunciado que vetará su uso por el BCE. Draghi se encuentra sin margen de maniobra, mientras no ha dejado de prometer que haría "todo lo necesario" (whatever it takes) para salvar el euro y nuestra presencia en él. Implícito está que el euro no tiene futuro donde, como en España, el paro se sitúa en tasas del 25%, si éstas no se reducen rápidamente. Así las cosas, algunos, en realidad muchos, habían propuesto que el BCE pueda descontar el crédito bancario; esto es, que el crédito que el banco le concede a usted o a mí, o al menos a la empresa que le coloca la caldera nueva, pueda utilizarse como activo de garantía en las operaciones de inyección de liquidez del BCE. Así, su banco podría prestarle a esa empresa; inmediatamente descontar ese crédito en el BCE, recuperar la liquidez y volver a prestar a otra empresa; y así sucesivamente, hasta sacarnos del agujero.
Pero, con este documento, el BCE acaba de decir que no. Aparentemente, porque tiene miedo de que no funcione. Veamos; para que funcione hace falta que los tipos de interés salgan de la trampa de liquidez en que están. Así, el banco español cedería al BCE un crédito al 5,5% para emplear la liquidez en prestar al 5,75%; luego descontaría este segundo crédito para prestar a un tercero al 6%; y así sucesivamente. Parece que el BCE no cree que esa subida de tipos pueda producirse, precisamente por encontrarse éstos en una "trampa de liquidez", donde podrían permanecer deprimidos indefinidamente. Pero, con el pretexto de tal escepticismo, lo que el BCE hace es caer en el inmovilismo. ¿Y qué ofrece, en lugar del descuento de crédito a las pymes? Algo que ya existía pero, según el BCE y el BoE, no en medida suficiente, porque el desorden en su emisión contribuyó decisivamente a la crisis de 2007. Se trata, en efecto, de productos derivados, consistentes en "empaquetar" los créditos, calificarlos colectivamente, constituir "vehículos de propósito especial" (fondos de titulización de activos, en nuestra jerga) y emitir bonos de titulización con los créditos como subyacente; tales bonos de titulización serían lo que el BCE estaría dispuesto a descontar o aceptar como activos de garantía. Nada nuevo, repito, porque eso el BCE ya lo venía haciendo. Su apetencia se limita a los ABS, naturalmente; nada de CDO (collateral debt obligations, o bonos de subyacente heterogéneo, que empaquetan créditos de distintos originadores, e incluso créditos conjuntamente con ABS, o ABS de distintos fondos en uno nuevo), lo que es hasta cierto punto lógico dada su característica opacidad. Lo que ya no es tan lógico es que ofrezca como modelo de lo que hay que hacer los bonos que viene descontando regularmente hasta la fecha, producto de lo que denomina, sin rubor alguno, qualifying securitusation ("titulización de calidad"). (En §102, la titulización de calidad se define como aquella "cuyo riesgo y su retribución pueden ser consistente y predeciblemente entendidos", pero en §125 se viene a identificar con lo que aceptan en Europa los bancos centrales, es decir, ellos mismos). En realidad, el documento, más que resultado de una verdadera investigación, como pretende, parece dedicado a hacer pedagogía de los derivados financieros que son del gusto del BCE y el BoE.
En el capítulo de problemas para la expansión de estos derivados, los autores, deteniéndose en los que son comunes a toda Europa, dejan de lado los propios de cada país. Uno de los primeros es la calificación de ABS en países con elevado riesgo soberano. Las agencias de rating ponen un techo en tal sentido. Así, si la calificación de la deuda soberana española es BBB (a dos pasos del bono basura), ningún ABS, por seguro que sea el subyacente, podrá merecer más de esa calificación; y de ahí, para abajo. Lo que significa que los ABS de subyacente originado en España difícilmente podrán alcanzar la calificación de "activos de inversión", dado lo cual no servirán de garantía ante el BCE, con lo que estaremos como al principio. Lo que se le ocurre al BCE es pedir a las agencias de rating que den información sobre la calidad de los ABS, adicional a la incorporada a la calificación. Con ello, abre la puerta quizá (sólo quizá) a aceptar como garantía bonos-basura con buena recomendación de las agencias. Cualquiera sabe.
Hay un problema todavía más grave, al menos para España, que no existe para el documento. Me refiero al problema de los avales personales, que exige cualquier banco para conceder un crédito en la mayoría de los casos. Una de dos, o los bancos renuncian a esa clase de exigencia, o la operación de "verdadera venta" que caracteriza a la transferencia de riesgo mediante la constitución de un vehículo de propósito especial sería tremendamente difícil, si no imposible, con la legislación en la mano. Para empezar no sería posible que el BCE adquiriera los bonos de titulización, salvo que el banco cediera el usufructo de los créditos reteniendo la nuda propiedad. Habría que aprobar toda una nueva normativa sobre crédito bancario para eso. Alternativamente, el BCE podría renunciar a las operaciones temporales (reverse operations, operaciones de compraventa con pacto de retrocesión) para ejecutar sus operaciones por medio de préstamos con garantía pignoraticia, que, estando previstos en su manual de operaciones, no han sido utilizados nunca. Por poderse, lo que se dice poderse, se podría hacer. Lo dudoso del asunto es que habría que cambiar el procedimiento jurídico de garantías para toda la zona euro, siendo así que tal cambio general sólo vendría a resolver un problema de la periferia y no del núcleo duro. Dudoso, como digo; extremadamente dudoso.
Lo más probable es que el BCE opine que el de los avales es un problema de España, que se queda en España. Según eso, para descontar crédito bancario en el BCE, los bancos españoles tendrían que dejar de apoyarse en los avales y pasar a valorar a las empresas por sus proyectos. Algo que la banca española nunca ha hecho, salvo de forma muy selectiva y especializada. Cambiar toda su estructura de actuación profesional para eso supondría una verdadera revolución en el sector, que los bancos españoles, conservadores hasta la médula, no van a querer hacer ni jartos de vino.
domingo, 20 de abril de 2014
Songdo, la ciudad del futuro, fracaso económico
Songdo International Business District (SIBD), o Songdo City, es un proyecto estratégico concebido por el gobierno de Corea del Sur para descongestionar la capital, Seúl, que cuenta con más de 10 millones de habitantes y un área metropolitana que supera los 25 millones, lo que la convierte en la segunda más poblada del mundo; adicionalmente, por su diseño futurista y encontrarse a menos de dos horas en avión de Tokio, Osaka, Vladivostok, Beijing y Shanghai, se esperaba convertir a Songdo en un hub, o núcleo central de negocios, para todo el Noreste de Asia. Aparte de "ciudad sostenible" y "ciudad inteligente", Songdo City ha sido caracterizada como "ecocity" y "ubiquotous city" (ciudad ubicua). Con relación a lo primero, el máster plan, realizado por KPF, firma de Nueva York, buscaba diseñarla como ciudad peatonal, con un 40% del suelo destinado a espacios abiertos y aproximadamente un tercio de las emisiones de carbono de una urbe de sus dimensiones; todos los aparcamientos se encuentran bajo tierra. En cuanto a lo segundo, sus 80.000 viviendas y sus oficinas y locales comerciales cuentan con ordenadores conectados a través de una red de fibra óptica a un servidor central desde el que se lleva a cabo una aplicación avanzada del Internet de la Cosas. Así, uno puede cerciorarse desde su teléfono móvil de cuántas horas de vida útil le quedan al televisor de plasma o, en no mucho tiempo, de si las ruedas de su bicicleta están suficientemente infladas. Cisco ha desarrollado esta "red de área amplia" (WAN), que genera datos con cada acción de los usuarios (por ejemplo, depositar basura en casa, que es aspirada por un sistema neumático de conductos bajo tierra, hasta el lugar donde será tratada), información que permitirá abaratar y mejorar la gestión de todos los servicios urbanos. Erigida sobre 610 hectáreas de tierra arrebataba al mar, contempla la construcción de 4,6 millones m2 de oficinas, 3,5 millones m2 de viviendas, 900.000 m2 de locales comerciales y 2,5 millones m2 de espacios abiertos, incluyendo los 400.000 m2 de un parque central bajo el que se ha habilitado el mayor aparcamiento de la ciudad. La edificación se ha realizado en alturas comprendidas entre 4 y 73 plantas y, aunque llevada a cabo en diez años (2006-2015), el master plan contemplaba muy diferentes tipos de edificios, de manera que el conjunto dé la impresión de haber sido construido a lo largo de varias generaciones. Todo ha sido previsto hasta en los menores detalles, incluso el registro de varios récords. Así, la torre NEATT (North East Asian Trade Tower), con 68 pisos y cinco plantas de sótanos, es el edificio más alto de Corea; el centro de convenciones ConvensiA contiene, igualmente, el espacio diáfano más amplio del país; la ciudad cuenta con el hospital más moderno y la escuela internacional más avanzada, acorde con el propósito de que la lengua de uso habitual sea el inglés. El coste inicial previsto era de 18.000 millones de dólares, para entonces el mega proyecto más caro de todos los tiempos, pero la necesidad de introducir cambios sobre la marcha, inevitable en este tipo de proyectos, y los retrasos impuestos por continuas renegociaciones con el gobierno, han elevado ya la cifra a 35.000 millones, y aún se espera que haya alcanzado los 40.000 millones cuando se termine la ejecución, el año que viene.
A pesar de tan impresionante datos, Songdo City no está funcionando como se esperaba. Planeada para 65.000 familias residentes (260.000 personas estimadas), a cuyo servicio habría 300.000 asalariados que se trasladarían a ella diariamente, la ciudad ha alcanzado entre una quinta y una cuarta parte de esas cifras. Gale International, empresa de Boston encargada por el gobierno coreano del desarrollo inmobiliario de Songdo, planeaba continuar la expansión de la ciudad tras 2015, hasta alcanzar el millón de habitantes, abordando nuevas fases de construcción que incluirían una ciudad industrial especializada en nuevas tecnologías que pudiera rivalizar con Silicon Valley. Eso es signo inequívoco de que esperaba haber vendido prácticamente la totalidad de la primera promoción antes de completar su ejecución. Ahora, las siguientes fases se han aplazado y el plan B ha pasado a ser la venta de todo lo construido de aquí a 2020. Los residentes admiten que la ciudad es bonita, funcional y ecológica, ideal para trabajar; pero que hay poca gente en sus calles y locales comerciales, y los fines de semana tienden a pasarlos fuera de Songdo, porque resultan mortalmente aburridos.
¿Dónde estuvo el error de cálculo de los promotores? Quizá la crisis económica ha influido. Los planes para Songdo City empezaron en serio en 2001, y la fase de estudio y negociación de acuerdos preliminares se prolongó hasta 2005. Apenas un par de años después de comenzadas las obras, se declaró la crisis financiera, y las burbujas inmobiliarias fueron desinflándose una a una: Estados Unidos, Irlanda, España... También Corea había vivido su burbuja inmobiliaria, y igualmente tuvo que sufrir los efectos de su "pinchazo". La promoción de Songdo ha padecido algunas de sus peores consecuencias, y en más de un sentido. Por supuesto, la inversión se ha retraído, tanto la doméstica como la foránea. Peores aún han resultado los efectos políticos. Dado el malestar existente en el país acerca de la especulación inmobiliaria, el gobierno ha impuesto límites al precio del metro cuadrado en Songdo, para frenar las quejas de que Gale International son "especuladores" extranjeros. Esto puede haber actuado como un incentivo negativo para las empresas, toda vez que los precios de la propiedad inmobiliaria en Songdo habían conseguido mantenerse por debajo de los de Seúl, y la posibilidad de que pudieran llegar a superarlos prometía suculentas plusvalías a las que ahora las empresas compradoras tienen que renunciar, al menos durante un tiempo, hasta que el gobierno cambie su política, si es que llega a cambiarla.
Cuando se concibió Songdo City, antes de la crisis, la promoción de viviendas prometía mayores beneficios que la de oficinas y locales comerciales, como es habitual en el negocio. El gobierno impuso a los promotores la construcción de una ingente cantidad de espacio de oficinas, de conformidad con el proyecto de crear un hub de negocios para todo el Asia nororiental. Cuando llegó la crisis, la imposición pareció una suerte porque, con el desánimo de la inversión individual, la única manera de llenar la ciudad consistía en atraer a un número suficiente de empresas. Urbanísticamente, era óptimo desde el punto de vista de la "ciudad sostenible", de Richard Rogers, que ya es un clásico del urbanismo y para quien la ciudad tiene que ser una realidad variada, con yuxtaposición de residencia y lugar de trabajo, a veces en el mismo edificio, óptima desde el punto de vista de la movilidad y negadora del concepto de "ciudad dormitorio"; así, por ejemplo, la torre NEATT se diseñó para uso mixto. El plan, entonces, se concretó en atraer empresas internacionales, que establecieran su sede en Songdo City, y que se desplazaran a ella con un número importante de sus empleados, que pasarían así a ser el núcleo principal de los residentes en la ciudad. Y así ha sido: 67 empresas han aceptado la invitación y se han trasladado con una plantilla agregada de algo más de 13.000 personas, la gran mayoría de los residentes en Songdo. Así ha sido, pero no en medida suficiente. Con semejante ratio de empleados por empresa, el Distrito Internacional de Negocios necesitaría un total de 350 empresas para ser realmente sustentable. Las empresas no han aparecido. Incluso si aparecieran en el plazo previsto de 2020, mientras tanto una quinta parte, o una cuarta, o un tercio, o la mitad de los residentes, o los promotores, o el gobierno coreano, o el gobierno local de Incheon, a cuya Zona Económica Libre Songdo pertenece, alguien, en definitiva, habrá de estar pagando gastos de infraestructura y mantenimiento por los aún no residentes, gastos que en un área metropolitana como Songdo City tienen que ser elevados. En el peor de los casos, Songdo City podría seguir el destino de Zangbashi, en el desierto de Ordos, una ciudad planificada para 300.000 habitantes y que sólo alberga a 30.000, y otras "ciudades fantasmas" de China.
Un problema de Songdo es el haber sido concebida como una ciudad con los últimos adelantos de la técnica y margen para ir incorporando los del futuro, lo que presupone categoría de superlujo (world-class), y haber tenido que ser puesta a la venta en plena crisis económica. Pero el problema es más profundo. Los promotores creyeron que el deseo de un suficiente número de empresas de establecerse en un centro estratégico dotado de tantas ventajas sobrepasaría los inconvenientes de la situación. Se equivocaron. Las razones por las que las empresas no han reaccionado positivamente son desconocidas, y por tanto puede haber hipótesis para todos los gustos. Los analistas se han hartado de culpar a las especificidades culturales de Corea. Aparentemente, los promotores contaron con una demanda de empresas cuya plantilla, en su totalidad, estaría encantada de acceder a una vivienda en la ciudad del futuro y podría sufragárselo. O, alternativamente, con empresas que se movieran a Songdo con los empleados que pudieran pagárselo, despidieran a los demás y los sustituyeran por residentes en la vecina localidad de Incheon que se trasladaran diariamente a Songdo, lo mismo que los 300.000 empleados encargados de los servicios de la nueva ciudad. Pero las empresas coreanas, como las japonesas y las chinas, no despiden a la gente para realizar cambios así; en esto radica la "especificidad cultural" coreana. Y seguramente muchas empresas se han encontrado con la negativa de gran parte de sus plantillas a cambiar su previa residencia en Seúl por una nueva en una capital de provincias. La alternativa es trasladarse diariamente desde Seúl, a 65 km por carreteras congestionadas, para evitar las cuales se ha habilitado una línea de metro, directamente desde la capital a Songdo; el problema es que el trayecto dura dos horas. Dos de ida y dos de vuelta. Lo único que haría a Songdo sustentable sería la construcción de barrios modestos junto a la ciudad futurista y de superlujo. Pero eso, a su vez, supondría pasar de la ciudad "de diseño" (master-plan city), que ha sido Songdo hasta ahora, a la ciudad "de aluvión", con sus problemas de tráfico y congestión, que se ha querido evitar a toda costa.
viernes, 7 de febrero de 2014
El tribunal constitucional alemán y el BCE
Párrafo 4d) del fallo:
"En opinión del Tribunal Constitucional Federal, la decisión OMT [Outright Market Transactions, compra de bonos en el mercado por el Banco Central Europeo] no sería rechazable si pudiera ser interpretada o limitada en su validez de conformidad con las leyes vigentes de manera tal que no socavara la condicionalidad de los programas de asistencia del EFSF y el ESM [Fondos europeos de rescate], y fuera realmente sólo un apoyo de las políticas económicas de la Unión. A la luz del TFEU [Tratado Fundacional de la UE], eso probablemente requeriría la exclusión de quitas de deuda, que la compra de bonos de determinados Estados Miembros no se realice en cuantías sin límite, y que se evite interferencias con la formación de precios en el mercado hasta donde sea posible. Las declaraciones de representantes del Banco Central Europeo en el curso del proceso judicial y de forma oral ante el Senado sugieren que tal interpretación de conformidad con la ley vigente sería compatible, con toda probabilidad, con el significado y propósitos de la Decisión OMT".
Si esto no es un apoyo explícito a la estrategia del BCE, venga Dios y veálo. ¿Es que en España nadie se lee los papeles? Nos orientamos sólo por rumores, y así nos va.
miércoles, 29 de enero de 2014
Entramos en zona de turbulencias, abróchense los cinturones
La semana pasada se encendieron luces ámbar de peligro a la vista en los mercados financieros de todo el mundo. Países tan distantes entre sí como Tailandia, Argentina, India, Turquía y Sudáfrica, en cascada, iban viendo sus monedas entrar en caída libre. Hoy, todos ellos han subido sus tipos de interés, la medida clásica para el caso. Pero no está claro que así se resuelva el problema. ¿Qué está pasando, en realidad?
Llevamos meses esperando que la Reserva Federal de Estados Unidos, su banco central, ponga fin a las medidas no convencionales llamadas QE, de apoyo monetario a la economía. Esas medidas pueden haber supuesto cerca de 2,5 billones (millones de millones) de dólares extra. Si se les pone fin, el dólar va a apreciarse. Los ahorradores de todo el mundo, y sobre todo los de los países emergentes, con moneda más vulnerable, toman posiciones frente a esa eventualidad. Cambian su divisa por dólar, y lo hacen deprisa, no sea que la nueva presidenta de la Reserva Federal les coja sin haber hecho el cambio. Eso es todo. Nada más.
Pero las consecuencias pueden ser importantes. La "caja de herramientas", por otro nombre, conjunto de políticas económicas disponibles, obliga a esos países a penalizar la economía real para tratar una enfermedad puramente financiera, de la que no son en absoluto responsables. Al elevar sus tipos de interés, suben los costes de producción de sus empresas, de consumo de su población y de inversión de los agentes económicos, en general. Eso no dejará de ejercer efectos desfavorables sobre el empleo y el gasto agregado de tales países, lo cual afectará a las exportaciones de los países desarrollados, como el nuestro. Es verdad que a lo mejor no exportamos mucho a ninguno de esos países, pero no importa. Exportamos a otros países, cuya demanda sí puede depender de lo que vendan a los primeros. En este mundo globalizado e interdependiente no cabe hacerse ilusiones al respecto.
Vengo señalando que la economía española ha entrado en una recuperación, basada en un modelo exportador, que está más amenazada por problemas externos que por desequilibrios internos. En otras palabras, somos muy vulnerables a lo que está pasando. Habrá que estar atentos a cómo se desenvuelve la cosa. Que no nos pase nada.
miércoles, 22 de enero de 2014
Sobre el alcance histórico de la crisis económica
He podido contemplar el video de una conferencia dada recientemente por Juan Carlos Monedero con ocasión del lanzamiento, conjuntamente con Pablo Iglesias, de la plataforma política PODEMOS. A Pablo no tengo el gusto de conocerlo pero a Juan Carlos sí, desde que él era estudiante y yo un joven PNN, y a partir de entonces he seguido su carrera con mayor interés, sin duda, que él la mía. Le tengo simpatía y admiro el coraje con que ha defendido, por ejemplo, el chavismo en los medios de comunicación españoles. En la conferencia que menciono dijo cosas en las que coincido con él y otras en las que disiento radicalmente. Entre las primeras, y es algo crucial, que hay que reivindicar la política a pesar de los políticos al uso. Es, sin embargo, a las segundas a las que dirigiré mi atención en este momento.
Dice Juan Carlos que estamos en una crisis "de civilización" y la importancia de las connotaciones de esta frase parece justificar el paso que han dado con su plataforma. Podría estar yo de acuerdo en eso, y en seguida aclararé este extremo; pero donde no puedo seguirle de ninguna manera es en la inferencia de que dicha crisis además, o en la estructura profunda, es la crisis final del capitalismo. Por suerte o por desgracia, no. Entiendo que su posición parece más fácil de argumentar que la mía, toda vez que cualquiera puede ver que estamos en una crisis económica de dimensiones planetarias (¿y qué otra cosa es el capitalismo que el modo de producción dominante a escala planetaria?) y que acabo de aceptar que la crisis es de civilización. Sumas dos y dos y resulta cuatro.
Me temo, sin embargo, que Juan Carlos y quienes como él razonan, bastantes en esta crisis, incurren en un error producto de confundir sus deseos con la realidad. Comprendo que son muchos los que denostan el capitalismo, y no seré yo quien pretenda hacerles cambiar de opinión. Realmente, el capitalismo en esta hora deja mucho que desear; en nuestro país, sin ir más lejos, no puede dar empleo a casi seis millones de parados, ni puede dar empleo a la mayoría restante más que con salarios insuficientes, ni garantiza las pensiones, la educación de calidad para todos, ni la sanidad gratuita. Está en su lógica que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres (Marx llamó a eso "ley de la miseria creciente del proletariado"), y, para colmo, la democracia política construida sobre su base económica parece consustancial a la corrupción. Entonces, ¿por qué digo que la crisis económica no es, ni puede ser la crisis final del capitalismo? Para explicarlo, diré en qué sentido entiendo la crisis de civilización.
La crisis de civilización es, en realidad, un conflicto de civilizaciones. Diversas civilizaciones (la budista-confuciana, la hinduista, la islámica, las indígenas americanas de origen precolombino, las animistas africanas) habían coexistido durante siglos, en un plano subordinado, con la principal, la cristiano-occidental. Pero ésta perdió su protagonismo con el fin de la Guerra Fría (en sí misma, un conflicto inherente a la civilización occidental). Pero, con la llamada globalización, las restantes civilizaciones han pasado a reclamar un papel protagonista acorde con sus dimensiones demográficas y su pujanza económica; el recurso al capitalismo más salvaje por un régimen comunista, como el chino, por ejemplo, no puede entenderse más que en el marco de una civilización no occidental. Pese a lo supuesto por Huntington, el choque de civilizaciones no ha pasado, ni previsiblemente pasará, de la fase dialéctica porque ésta no es más que la primera fase de lo que, más que una crisis de civilización, es una verdadera crisis de civilizaciones, pues todas pugnan por hacerse un lugar en el espacio dejado por el retroceso, ya irreversible, de la civilización occidental. La excepción en este proceso es el integrismo islámico, precisamente porque busca en una vuelta al pasado la salida a esa crisis, que las restantes civilizaciones buscan en una fusión tendente al surgimiento de una verdadera civilización universal, la primera en la historia de la humanidad que no busque imponer a las demás elementos particulares, y que por fuerza tendrá que empezar siendo eminentemente ecléctica y respetuosa con todos los particularismos. En ese proceso de fusión, por ahí llamarlo, que puede prolongarse durante décadas y alargarse más allá del siglo XXI, el único elemento verdaderamente universal, el lenguaje común de la humanidad, es el capitalismo. El capitalismo es el único lenguaje que entienden igual los chinos que los norteamericanos, los rusos que los europeos occidentales, los latinoamericanos que los japoneses y surcoreanos. ¿Que es un lenguaje imperfecto? Sin duda. ¿Que llegará el día en que haya que reemplazarlo por otro capaz de expresar todas las realidades humanas y no sólo las de la necesidad y la ambición? Es muy probable. Pero, en tanto llega ese día, pretender ver el fin del capitalismo a la vuelta de la esquina es condenarse uno mismo a razonar dentro de los parámetros de la civilización occidental, como si ésta pudiera continuar dictando sus términos al resto de las civilizaciones.
Entonces, ¿la actual crisis económica qué alcance histórico tiene? En mi opinión, la actual crisis económica, en su origen y falta de solución hasta la fecha, tiene el alcance de una crisis de reajuste de los centros de decisión a escala mundial. El occidentalizado bloque Estados Unidos-Europa-Japón definió las estructuras de poder internacional a su entera conveniencia tras la crisis del petróleo, en los años 80 del siglo pasado; es decir, a la conveniencia de una de cada siete personas que habitan el planeta. Desde entonces, esas estructuras de poder, radicadas en Frankfurt, Londres, Nueva York y Tokio, han permitido utilizar el ahorro de las seis restantes para financiar no sólo la inversión, sino también el consumo de ese séptimo de privilegiados. La crisis de 2007-2008 vino a decir con claridad que semejante arreglo era insostenible, pero todavía nadie ha venido a proponer ningún otro. Sea lo que sea que venga después, tendrá que situarse dentro del capitalismo, pues de otra forma sólo se construirá una Babel que haría inviable la coexistencia pacífica entre las naciones.
martes, 8 de octubre de 2013
Cataluña independiente: el problema financiero
Resuelta la cuestión constitucional sobre el derecho a decidir, a favor del mismo, por el brillante artículo de Javier Pérez Royo aparecido esta semana en El País, queda por dilucidar cuáles serían los efectos económico-financieros de una consulta que resultara en apoyo mayoritario a la independencia. En ese orden de reflexiones hay que distinguir entre los efectos en Cataluña y los efectos en España.
En cuanto a lo que ocurra en Cataluña, una vez proclamada la independencia, no debemos preocuparnos demasiado. Será su problema, no el nuestro. No están de más, sin embargo, unas palabras. Los independentistas se las prometen muy felices porque podrán ahorrarse unos 16.000 millones de euros al año que, según ellos, pierden sin contrapartida en concepto de "déficit fiscal" impuesto por España. Parece que llaman así al hecho de que Cataluña en su conjunto paga más en concepto de impuestos de los que recibe en inversiones y otros gastos realizados por el gobierno central. No discutiré el concepto, porque me parece evidente que una de las funciones del Estado es redistribuir; incluso la futura Hacienda catalana distribuirá, y así no podrá evitar un "déficit fiscal" de Barcelona, favorable, digo yo, a las comarcas del sur de Lérida, por ejemplo. El problema no es que haya déficit fiscal; el problema es que no se quiere que beneficie a Andalucía, Extremadura o Castilla-La Mancha. Más claro, agua. Pero, con todo, Cataluña tendrá un ahorro. ¿Qué harán el eminente Andreu Mas-Collell y el no tan eminente pero más influyente Xavier Sala-i-Marti con ese dinero? Seguramente, lo que pide ortodoxia económica, a saber, reducir impuestos, amortizar deuda y, si queda algo, invertir para reanimar la economía que tan maltrecha han dejado los austeros manejos del primero de esos personajes. Un momento; buena parte de su deuda la tienen con España, que en los últimos años se ha hecho cargo del déficit financiero de Cataluña, incapaz de acudir por sí sola a los mercados. ¿Devolverá la Cataluña independiente la deuda que tiene contraída con España? No, desde luego, si los españoles nos ponemos tontos; sí, a lo mejor, en un rasgo de magnanimidad, si accedemos a cuestiones que a los catalanes les parecen obvias, como que el Barça continúe jugando en la Liga española, a pesar de todo. Con razón deben de pensar estos tipos que nos tienen cogidos por los mismísimos.
El previsible resultado de la secesión no podría, por tanto, presentarse mejor para los independentistas, toda vez que la separación de bienes, como quien dice, estará para Cataluña limpia de polvo y paja. Concretamente, no esperan tener que cargar con un euro de la deuda contraída por España en los mercados. ¿Por qué habrían de hacerse cargo de nada de eso? Ellos a lo sumo reconocerán la deuda que tienen con España; pero de la deuda de España con otros, nada. Si habido mala gestión financiera en el gobierno central, y de resultas de esa gestión España se ha endeudado, es problema de España, no de Cataluña. Además, no podrían hacerse cargo de un solo euro de esa deuda aunque quisieran. Veamos. España está a punto de deber algo así como un billón de euros; Cataluña representa algo así como el 20% del PIB español; supongamos, por tanto, que 200.000 millones de euros de deuda soberana de España se convierten en deuda soberana de Cataluña. Uno de cada cinco euros, en números redondos. ¿Qué euros, es decir, que acreedores de España pasarán a ser acreedores de Cataluña? Es un problema sin precedentes, y para el que los mercados no tienen solución. Para los independentistas seria estupendo soñar con que los acreedores se rifarían el pasar a acreedores de Cataluña, y es muy probable que sucediera así, toda vez que España entraría en default ("bancarrota", para los legos) de forma inmediata. De casi un 100% de deuda sobre el PIB, España pasaría a un 125%, lo que, dadas las brillantes perspectivas de crecimiento del gobierno Rajoy, supondría el default inmediato. La bancarrota de 800.000 millones de euros supondría, en 2013, un cataclismo global dedimensiones al menos equivalentes a la bancarrota, por una cifra considerablemente menor, de Lehman Brothers en 2008. No sé si el Banco Central Europeo, si la Unión Europea, si el Fondo Monetario Internacional, si la troika en pleno, si... No quiero hablar de más, pero alguien impedirá la secesión de Cataluña.
Por eso digo que, aunque mis simpatías están con Cataluña, la independencia no toca. Ahora bien, hágase la consulta y salga el sol por Antequera.
sábado, 6 de julio de 2013
Por qué suben las Bolsas con las palabras de Draghi... y quién lo paga
El pasado jueves se asistió a un espectáculo un tanto insólito, aunque no inédito. Lo habíamos visto ya en agosto del año pasado. En una situación económica cuyo horizonte está poblado de nubarrones, en este caso por el temor de los mercados a que la Reserva Federal retire sus estímulos monetarios (la llamada QE, siglas de Quantitative Easing o inyección de liquidez mediante compras directas de activos de renta fija en el mercado secundario), Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, se descolgaba con una no tan velada promesa de que el BCE podría pasar a sustituir a la Fed. En otras palabras, vino a decir que si la Fed suspende su política, el BCE la pondrá en práctica; es decir, la política continuará ahí. La reacción de los mercados fue de verdadera euforia. El Ibex-35, índice del mercado continuo de la Bolsa española, subió nada menos que un 3%, la segunda subida más fuerte del año.
Con la QE pasa algo curioso. En la reunión semestral del Banco Internacional de Pagos (BIS, en las siglas inglesas), de Basilea, de diciembre del año pasado, es decir, hace poco más de seis meses, los banqueros centrales de todo el mundo estuvieron de acuerdo en que la QE no supone un estímulo suficiente para relanzar la actividad económica «real». Lo que hace es inflar una espectacular burbuja bursátil; de ahí la diferencia entre la evolución de la Bolsa norteamericana y las europeas. Pero, poco después, se ha empezado a constatar que la economía estadounidense va apreciablemente bien; se cree que EEUU está saliendo de la crisis. Nadie echa las campanas al vuelo, porque una cosa así ya se creyó en el verano de 2009, y luego nada. Pero, como hay cierta probabilidad de que EEUU se ponga a «tirar» de las demás economías, Bernanke, presidente de la Fed, ha dicho que si la cosa continúa, él retirará los estímulos. De ahí la incertidumbre actual. Hasta ahora, la Bolsa norteamericana ha dado mucho dinero a ganar. Ahora empieza a crearse empleo y, si continúa, la retirada de los estímulos hará que ganen los agentes que operan en la economía real y no tanto los que operan en la economía financiera. Y los mercados financieros se resienten de la perspectiva. Pero ahí está el bueno de Draghi para tranquilizarlos.
¿Por qué dicen Bernanke y Draghi lo que cada uno de ellos dice? Bernanke sabe que lo único que la QE hace es llenar los bolsillos de los operadores con mayor apetito por el riesgo, o sea, los especuladores. Al hacerlo, ellos gastan; no en proyectos de inversión, que carecen de viabilidad cuando la economía real está parada, sino en compras de consumo. Lo cual hace subir el IPC. La inflación estadounidense en mayo de 2013 está en el 1,36%. Lo cual no es una gran cifra, pero Bernanke sospecha que, de no haber QE, sería negativa, es decir, deflación, que es lo peor en su concepto (y también en el mío: en esto estamos de acuerdo); el dato de que la remuneración por hora trabajada haya caído un 3,4% en el primer trimestre del año, lo que supone una pérdida real de poder adquisitivo de los salarios del 5,2%, refuerza la idea de deflación. Por eso, Bernanke dice que va a retirar los estímulos si la reactivación se confirma, no que los retira inmediatamente. Y la lógica está clara: si continúa una política que llena los bolsillos de los especuladores a costa de hacer perder poder adquisitivo a los agentes que operan en la economía real, esa redistribución de la renta actúa como un estímulo negativo a la creación de riqueza y puede frustrar la propia reactivación.
¿Y por qué dice Draghi lo que dice? Esto ya es menos claro. Aparentemente, la zona euro se está quedando sin opciones. La austeridad queda bonita sobre el papel de los libros de cuentas, pero ha conseguido parar la economía europea casi por completo. Incluso Alemania empieza a verse afectada. Sin embargo, los políticos europeos se resisten a dejar la austeridad. No porque les parece buena; tontos no son. A ellos el desempleo les hace daño electoral, o eso creen. No, no cambian la austeridad por otra política porque no tienen otra política. Otra política, quiero decir, que resulte creíble después de años de machacar a los europeos con las bondades de la austeridad. El about face, que dirían los ingleses, es bastante, bastante complicado.
Entonces, ¿qué? Draghi supone no hay nada que hacer hasta las elecciones alemanas de septiembre. Y supone bien, según todos los indicios. Pero si los políticos siguen mareando la perdiz, como acostumbran, él opina que tiene una responsabilidad y trata de ejercerla como mejor puede. Sabe que lo que dijo en agosto de 2012 sobre una oscura política llamada OMT, que nunca ha tenido que utilizar, salvó a España del rescate, y con ella a toda la zona euro. Ahora vuelve a probar suerte. Vaya, que ha aprendido a gestionar hábilmente las «serpientes de verano». Si las Bolsas continúan subiendo y las primas de riesgo bajando, puede que con las palabras baste y no necesite hacer nada más. Además, sólo si Bernanke retira los estímulos él tendrá que activarlos. A menos que los mercados se pongan exigentes, lo cual dependerá de las expectativas generales de la economía global.
Pero, en todo caso, parece claro que Draghi está reconociendo que Europa va dos o tres años por detrás de EEUU. En el mejor de los casos, la «locomotora» norteamericana tirará de los «vagones» europeos y las medidas excepcionales del BCE podrían suspenderse a poco de activarse. En el peor, todo seguirá igual y lo mismo la Fed que el BCE tendrán que, respectivamente, continuar con y enfangarse en las susodichas medidas de estímulo monetario, llenando los bolsillos de los especuladores a costa del poder adquisitivo de trabajadores, empresarios y pequeños ahorradores.
miércoles, 12 de junio de 2013
Pensiones
Ya tenemos otra vuelta de tuerca en torno al sistema público de pensiones. La reforma de 2011, del gobierno socialista, que endureció los requisitos de percepción y alargó la edad de jubilación, hoy no parece suficiente. La propia Comisión Europea ha reclamado más actuaciones en ese campo. Y cabe preguntarse, ¿por qué? ¿Es que esto no va a terminar nunca? La respuesta es: No, no va a terminar; al menos por ahora.
Cuando se entra al fondo de la cuestión, se aprecia lo indeleble de los argumentos «técnicos». Se nos dice que hoy se vive más tiempo; si se trabaja lo mismo, parece evidente que lo que se cotiza no puede dar para lo que luego se percibe. Parece, pero no es así. Un sistema público de pensiones no puede ser juzgado con los criterios de un fondo privado, aunque aparentemente sirvan para lo mismo. El fondo privado de pensiones se va nutriendo de contribuciones voluntarias, que se invierte en activos financieros que producen una rentabilidad, y con arreglo a esa rentabilidad se va pagando las pensiones de los que se retiran. Si los beneficiarios se retiran antes, o viven más, está claro que hará falta mayor rentabilidad, o una pensión menor, para compensar la diferencia. O retirarse más tarde. Éstas son las soluciones que se ofrecen, igualmente, para el sistema público. Pero, ya digo, no hay término de comparación.
Un sistema público y un fondo privado sólo tienen en común una cosa: que existen para pagar pensiones a los jubilados. Todo lo demás, la lógica con la que obtienen recursos y los emplean, así como las soluciones a los problemas que presentan, son enteramente distintos. Para empezar un fondo privado se basa en la capitalización de las aportaciones, mientras que un sistema público se basa en la lógica de redistribuir renta de los activos a los jubilados. En el sistema público español, no hay capitalización que valga; lo que hay es que los empleados pagan con parte de su salario las pensiones de los jubilados. Parece que la contribución la hacen al alimón empleador y empleado, pero no. Al empresario, que suele hacer bien sus cálculos, le da lo mismo pagar el salario que paga a los empleados y la pensión a los jubilados; para él lo que va en nómina y lo que se queda la seguridad social es un todo indiferenciado: coste laboral. Si contrata al trabajador es porque le compensa, comparativamente a lo que el trabajador produce. Y si exige rebajar la contribución social y no tanto el salario, es (aparte de su propia obnubilación sobre el supuesto carácter de «capitalización» del sistema) porque los jubilados son un oponente más débil que los sindicatos. Ahora bien, una parte de eso la ingresa a la seguridad social y todavía otra parte de lo que va en nómina se detrae de los ingresos del empleado y se ingresa, igualmente, en la caja de la seguridad social. Conjuntamente ambas cotizaciones, llamadas del empleador y del empleado, pero que son una sola: salario indirecto del trabajador, sirven para pagar las pensiones de los jubilados.
Está claro que cuando los cotizantes son muchos y los perceptores pocos, hay dinero para pagar pensiones de banquero o, si eso se estima inconveniente, para financiar otras cosas. Eso ocurrió en España desde 1947, fecha en que se reorganizó el Instituto Nacional de Previsión. Entonces, la gran mayoría de los cotizantes eran jóvenes; había, comparativamente a las incorporaciones, pocos retiros. El sistema nadaba en liquidez, y con esa liquidez se financió la creación del sector público empresarial español (el INI). Cuando el INI empezó a financiarse solo, en todo caso suplementado por subvenciones a fondo perdido del Estado, el superávit financiero del sistema público de pensiones, integrado en la caja única de la seguridad social, sirvió para financiar la sanidad pública de este país. Eso ocurría a comienzos de la democracia. Luego, la expansión de los beneficios sanitarios y el progresivo envejecimiento de la población determinaron que el sistema no pudiera financiar ambas cosas, pensiones y sanidad, con lo que ésta última empezó a depender de los presupuestos generales del Estado, como antes le había pasado al INI. El traspaso de competencias sanitarias, del Estado a las comunidades autónomas, marca el fin de esa época. Entonces, hacia mediados de la década de los noventa del siglo pasado, empezó a cundir la preocupación de que el sistema llegara a ser incapaz, incluso, de pagar las pensiones. Pero el gran crecimiento de la burbuja inmobiliaria, con el efecto llamada ejercido sobre cinco millones de inmigrantes, volvió a «rejuvenecer» el sistema, por así decirlo, y a fortalecer nuevamente las bases del sistema de reparto. Hasta el punto de que se generó un nuevo superávit, que se materializó en la creación del Fondo de Reserva.
Ahora estamos en una crisis en la que se ha perdido más de tres millones de puestos de trabajo mientras el número de jubilados, por efecto de la mayor esperanza de vida, no ha dejado de crecer. Es natural que vuelvan a surgir dudas sobre la sostenibilidad del sistema. Pero la solución está en volver a crecer, no en degradar el sistema. Los gobiernos que meten mano al sistema, para degradarlo, escurren el bulto de sus propias responsabilidades en cuanto al crecimiento de la economía española. Incurrió en esa dejación de responsabilidades el gobierno de ZP, y parece a punto de incurrir en ella el de Rajoy. Este tema, quizá más que ningún otro, habla de la escasa calidad técnica y política de los gobiernos que nos han tocado en esta crisis.
Pero ¿y la Comisión Europea, y de rechazo, la troika entera? ¿Por qué piden la reforma del sistema público de pensiones español? La respuesta es: por razones que tienen poco que ver con los problemas de fondo de ese sistema. En parte, hay un problema ideológico. Se ha instalado en Europa la idea de que el Estado de bienestar es inviable, y las pensiones públicas son una parte fundamental de ese sistema; con ello, hay mucho negocio potencial para las aseguradoras, promotores privilegiados de los fondos privados. En parte, también, hay una preocupación a corto plazo por la fragilidad de la situación financiera de España. Abundando en lo que señalaba en la entrada anterior de este blog (“Economía política de Rajoy”), la troika está convencida de que hay que mantener una continua dramatización de las reformas estructurales para mantener entretenido al público del gran teatro de los mercados globales. Ahora toca pensiones sencillamente porque el año pasado se metió mano al mercado laboral, la sanidad y la educación (todos ellos, pilares fundamentales del Estado de bienestar). Cuando la nueva reforma de las pensiones esté completada, si Rajoy no nos ha sacado de esta precariedad financiera en que nos metieron ZP y él, se tratará de darle nuevas vueltas de tuerca a lo que ahora parece resuelto. Y, así, sin final a la vista.