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domingo, 11 de febrero de 2018

Tiempo de Guerra

El káiser Guillermo y el zar Nicolás eran primos hermanos por parte de madres; consobrini denominaban los latinos a esa relación tan especial. La correspondencia entre ellos revela que se llamaban recíprocamente Willy y Nicky. También revela que se animaban mutuamente a luchar por la paz en los días que antecedieron a la Primera Guerra Mundial. Sin duda eran sinceros, pero fue el conflicto entre Alemania y Rusia, más que ningún otro, el que desencadenó el conflicto europeo y, a la postre, el planetario. Tampoco 1914, hasta julio, anticipaba la catástrofe que seguiría. Como años «de riesgo» 1898, 1909 y 1912 lo habían parecido mucho más. Y ni siquiera el asesinato del heredero de la corona austro-húngara, el archiduque Francisco Fernando, y su esposa en Sarajevo hacían presagiar lo que siguió. Después de todo, no era el primer magnicidio que se conocía, y desde luego no el más importante: otro zar, Alejandro II había muerto en similares circunstancias unos lustros antes. El atentado de Sarajevo pareció a muchos otro acto terrorista, entre los muchos acaecidos en las postrimerías del siglo XIX y comienzos del XX. Pero la policía austriaca descubrió oscuras conexiones entre Gabrilo Princip, el asesino, y el ministerio del Interior de Serbia. Ahí saltaron las alarmas por primera vez.


Así, menos de un mes antes de declararse la Gran Guerra, aunque muchos la temían pocos podrían haberla previsto en ese preciso momento. Europa vivía un período de relativa distensión, pero bastó una provocación (mayúscula, es cierto, pero simple provocación) para dar con todo al traste. ¿Y por qué, se preguntará el lector? Porque los Estados llevaban década y media o dos décadas armándose a toda velocidad y diseñando planes contra el previsible enemigo en la próxima contienda; y esperaban tener que utilizar las armas en cuanto la ocasión se presentara. Es cierto que los políticos deberían haber controlado la situación y sujetado las riendas de los estados mayores. Pero aquéllos no sabían en realidad qué estaba pasando, malgastaron un tiempo precioso en averiguarlo y aun así, cuando se enfrentaron a la realidad, trataron de huir de ella. El Reino Unido, por ejemplo, no tomó claramente partido hasta el día mismo de ruptura de hostilidades; en su lugar, pudo haber señalado desde el primer momento su determinación de hacer honor a la Triple Entente, y acaso Alemania se lo habría pensado dos veces antes de invadir Bélgica. Y no que, mientras Gran Bretaña deshojaba la margarita, el ejército alemán ya se había movilizado y luego ya era peligroso desmovilizarlo mientras el ruso, más lento, había empezado su propia movilización. Y Rusia pudo haber previsto que Serbia era capaz de medirse sola con Austria-Hungría, que necesitó del apoyo alemán, ya en 1915, para ocupar definitivamente Belgrado; de no haber mediado la garantía rusa, ese apoyo no se habría producido y la guerra de Serbia habría terminado en armisticio. Pero todo esto no son más que cábalas. En el momento crucial, mucha información que ahora tenemos era imposible de conocer, había que tomar decisiones con la disponible y el resultado fue el que conocemos.


Ahora vivimos también una distensión inquietante. El Estado Islámico ha dejado de existir y la guerra de Siria está en sus compases finales. No se escucha el fragor de la guerra de Ucrania como hace unos años. Washington y Pekín parecen haber llegado a un equilibrio, en todo caso inestable, en los mares de China. Incluso la guerra del Yemen, con su tremendo coste humano parece en vías de solución. Las guerrillas han desaparecido de América Latina; es verdad que las han reemplazado mafias y cárteles de la droga, pero no es lo mismo. Nunca las mafias han doblegado a una gran potencia, mientras que las guerrillas sí: recuérdese Vietnam y Afganistán. Para colmo, está esa parodia de los juegos olímpicos de invierno y la ridícula detente entre las dos Coreas, presentación en sociedad de la hermana del líder norcoreano incluida.


Sin embargo, los focos de tensión siguen latentes. En Siria se ha visto envuelto Israel, Rusia no suelta el bocado de Crimea y mantiene la tensión en Ucrania, la OTAN responde en la región del Báltico, China no ha cejado en el control de las islas que reclama, Arabia Saudí e Irán velan sus armas para un combate definitivo por la hegemonía de la región, en Estados Unidos y Europa asoman síntomas de una crisis institucional y política de largo alcance, y paz, verdadera paz social, no parece haberla en parte alguna.


Y no es que haya bandos claramente enfrentados. Ojo, que tampoco los había en 1914. Había tres focos de conflicto de larga duración: entre Francia y Alemania por Alsacia-Lorena, entre Austria y Serbia por Bosnia-Herzegovina, y entre Alemania y Rusia por Polonia y la región báltica (vieja área de influencia de los Caballeros Teutones). Pero Gran Bretaña no lo tenía en absoluto claro; no quería el programa naval alemán, que buscaba equiparar a ambas naciones en el mar, pero dudaba si frenarlo militarmente o por la diplomacia. Italia, en principio, era aliada de Alemania y Austria-Hungría en la Triple Alianza, pero acertó a mantenerse neutral en los primeros meses y luego se pasó a la Entente. Turquía también dudaba: Francia era su aliado tradicional (desde Francisco I) pero ésta la abandonó para unirse a Rusia, enemigo ancestral de Turquía, para hacer frente a lo que se percibía como la amenaza alemana; al final, los Jóvenes Turcos se inclinaron por Alemania y la derrota fue el fin del Imperio Otomano. En Estados Unidos, partidarios de uno y otro bando mantuvieron un precario equilibrio hasta 1917.


También hoy hay conflictos profundos, aunque no revistan tanta visibilidad como los de entonces. El más profundo a la par que menos visible para la opinión es el que existe entre Rusia y China por Siberia Oriental. Dos cosas ambiciona ahí Pekín: yacimientos inmensos de gas y tierra desértica para su población, ésta incontrolable en el largo plazo; lo cual ya dio lugar a conflictos en la época de Mao. La política impuesta por Deng Xiao Ping de sólo un hijo por pareja introdujo elementos de control a medio plazo, aunque tiende a envejecer la población y es insostenible a la larga. En todo caso, China ha firmado con Rusia un acuerdo para el gas y pospuesto todo conflicto en Siberia hasta 2070. (Esto lo argumento con suficiente detalle en mi novela Las guerras de China).


Rusia sabe que sólo ha ganado tiempo, unas décadas en las que tiene que prepararse a conciencia, y su respuesta es Eurasia, geoestrategia del Kremlin: la unión de Rusia y Europa occidental, la Europa cristiana, católica, protestante u ortodoxa, contra el Oriente confuciano-budista. Ése si sería un adversario a la altura de China, al menos para el próximo siglo o siglo y medio. Y ahí es donde encaja el conflicto de Ucrania. A otro nivel, está el conflicto entre Estados Unidos y Rusia, conflicto potencialmente nuclear, en el que lleva ventaja la segunda, que cuenta con armamento más moderno y sofisticado. (Esto lo relato en El fin de la Historia, novela en la que, no obstante, el balance que se hace de las fuerzas estratégicas de ambas potencias es rigurosamente exacto). De ahí que Washington recele de toda posible entente entre la Unión Europea y Rusia, de la que podría seguirse una superioridad estratégica sobre Estados Unidos. Y que su reacción, personificada en Trump, sea retirarse de todo posible conflicto directo con Rusia, mientras mantiene los lazos con Europa y emprende un rearme que se completará hacia 2030. Ése es, así pues, el plazo de que dispone Putin para llevar a cabo sus planes para Eurasia. La respuesta europea viene de Andreas Umland, investigador del instituto de Cooperación Euro-Atlántica de Lvov, ciudad del noroeste de Ucrania. Según él, la perspectiva para 2030 es una Rusia democratizada e integrada en la NATO, que no tenga nada que temer de un aliado como Estados Unidos y que se vea respaldada por todo Occidente frente a un eventual conflicto con China.


El periodo crítico, por tanto, son los próximos doce años. Si se declara una guerra general porque los esfuerzos de paz fracasan, ¿cuáles serán los bandos? ¿Estados Unidos y Europa contra Rusia y China? Eso parecería con arreglo a la actual correlación de fuerzas, pero ésta puede haber cambiado para 2030; también Gran Bretaña y Francia parecieron al borde de la guerra en el Alto Nilo, en 1898, y no obstante fueron aliados década y media después. ¿Todos contra China, como sugiere Umland? ¿O sólo Rusia y su satélite Europa contra China, si la OTAN se descompone antes, con Estados Unidos al margen hasta el momento de asestar un golpe que desarticule las fuerzas estratégicas de Rusia por segunda vez y emerger así de nuevo como superpotencia hegemónica? ¿O sólo Estados Unidos contra China por mantener abierto a la navegación el Canal de Formosa, mientras los demás toman posiciones para apostar a caballo ganador? ¿Qué papel se reserva para las potencias menores, como el Reino Unido, Arabia Saudí, Irán, Pakistán, la India e Indonesia? ¿Y cuál será el de América Latina y África?


Todo esto, nuevamente, son sólo cábalas. Mientras tanto, ya se ha acuñado un término nuevo: guerra híbrida, aunque con mayor razón podría haberse denominado «ciberguerra». Las agencias de inteligencia estadounidenses están convencidas de que Rusia intervino en el Brexit y en las elecciones de su país, con éxito; en las holandesas y francesas sin él, y en las alemanas y en Cataluña con resultado todavía incierto. Y, realmente, se conoce de dos grandes agrupaciones de expertos informáticos, Cozy Bear y Fancy Bear, que totalizan más de un millar de informáticos y generan intensa actividad en las redes sociales, aparte de hackear los emails de quien quieran en el mundo. Pero puede que sea verdad lo que dice Putin, que sólo son jóvenes alocados y movidos por el patriotismo, no la agencia estatal que suponen el FBI y Scotland Yard. Pero esto ocurrió igualmente en 1914: todos pensaban que los británicos querían atacar a los alemanes antes de que éstos completaran su programa de paridad con la Royal Navy, cuando parece que únicamente coqueteaban con la idea de hacerlo. Con toda probabilidad, los proyectos geoestratégicos son menos firmes de lo que se desprende de los análisis, pero razones de seguridad empujan a gobiernos y estados mayores a prepararse adecuadamente para la eventualidad de que se hagan realidad. Todas las contiendas generales empiezan como guerras preventivas.


¿Por qué, si no, España ha aumentado un 60 por ciento su presupuesto militar en una época en que lo prioritario era la reducción del déficit? ¿Por qué Francia y Suecia ensayan medidas para reinstaurar el servicio militar obligatorio? Y sólo es el principio.


Hay una nota extremadamente preocupante, por comparación con 1914. Desde la aprobación del programa naval de Von Tirpitz en 1900 hasta Sarajevo pasaron catorce años. La Guerra pudo haber estallado mucho antes. Si no lo hizo fue por un potente movimiento por la paz encabezado por las socialdemocracias francesa y alemana (verdadero embrión del eje franco-alemán), que detuvieron en varias ocasiones la inercia que llevaba al conflicto. Hoy no se ve nada parecido en el horizonte.



domingo, 27 de noviembre de 2016

El propósito de Trump y la economía mundial

Ahora que han transcurrido casi tres semanas de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos es quizá momento de mirar con frialdad los acontecimientos. Que ganó aupado en una coalición de fuerzas populares que, por sí solas, no llevarían al país a ningún lado, excepto a dejar de ser un socio confiable para quienes comparten valores e intereses, es indiscutible; que recibió ayuda de los servicios de inteligencia, también. Pero es precisamente esta inusual confluencia la que nos debe dar una pista de lo que realmente está en juego.

Trump es, ante todo, un hombre de negocios. Ha habido otros siete presidentes así desde 1900, pero sólo uno, Herbert Hoover (1929-1933), saltó directamente de los negocios a la Casa Blanca; los demás fueron antes senadores o gobernadores, y dos (Truman y George Bush padre) vicepresidentes. Es decir, seis hombres de negocios que dirigieron la política estadounidense en este siglo y el anterior pasaron por un estadio intermedio que los obligó a conciliar el enfoque empresarial con el que llamaríamos burocrático. La burocracia de Washington ha sido precisamente uno de los blancos de las diatribas de Trump.

¿Por qué los servicios de inteligencia, que son parte de la burocracia, apoyan al candidato que ataca a la misma? Esto apuntaría en la dirección de una fisura, o incluso una fractura entre los servicios de inteligencia y el resto de la burocracia federal. ¿Y por qué un hombre de negocios sería el candidato idóneo para resolver el problema, cualquiera que éste fuese? Porque la burocracia federal ha adoptado una visión sobre todo política de problemas que, en lo esencial son económicos. Aquí sólo puedo tratar de conjeturar cuál es la visión de los servicios de inteligencia, pero no hay otra forma de entender lo que está pasando.

Desde Bush padre y hasta Obama, EE.UU. ha estado enfrascado en organizar un nuevo orden mundial, una especie de reino global de la democracia, los derechos humanos y la economía de mercado. Hillary Clinton estaba comprometida con esa visión. Pero el problema, un cuarto de siglo después, ya no es ése. Bush hijo ya metió la pata en Irak por aferrarse a esa visión; la tensión entre la OTAN y Rusia en Ucrania es de la misma naturaleza. EE.UU. se ha enfrentado a la invasión de Crimea por Putin como se enfrentó a la de Kuwait por Saddan Hussein. Y no son la misma cosa. En esa dinámica EE.UU. sólo puede perder.

El gran problema es otro. China es una amenaza, no por su política, que puede ser tan pacífica como los dirigentes de Pekín quieran, sino por su tamaño. Su desarrollo económico absorbe tantos recursos que pone en riesgo el normal crecimiento de los demás. Por ejemplo, con el automóvil eléctrico. Cada día está más claro que es una de las tecnologías que habrán de sacar al mundo del estancamiento actual, y el litio es insustituible en sus baterías. Las reservas mundiales de litio son escasas, y el automóvil eléctrico competirá con los teléfonos móviles por ellas. En previsión de sus ingentes necesidades, las empresas chinas están tomando posiciones de control sobre las principales minas de litio del mundo.

Y éste es un problema al que Obama no se ha enfrentado, y que Clinton no tenía pensado cómo tratar. Ellos, la burocracia de Washington, estaban más por una labor diplomática que persuada a China de plegarse a la sentencia del Tribunal de La Haya sobre el Mar de la China Meridional, o que frene la expansión del gigante asiático en el Mar de la China Oriental, donde amenaza a Japón y Corea del Sur. Pero los verdaderos problemas no son éstos, porque nadie quiere una guerra. El verdadero problema es el otro, y Trump ha empezado a enfrentarse a él declarando muerto al TPP porque si este tratado no sirve para frenar el expansionismo económico de China, entonces no sirve para gran cosa.

Y el colofón son malas noticias para el mundo. Durante la primera fase de la globalización, hemos disfrutado de un consumo, barato por cuanto lo era la mano de obra china, y por el que los propios chinos no competían. Ahora empiezan a competir, y lo hacen en gran escala. El resultado no podrá ser más que un coste mucho más elevado de productos que hasta ahora eran accesibles para todos; la prosperidad china nos hace más pobres a todos. Ése es el sentido de esta economía post-crisis que no termina de arrancar, y que puede que no lo haga en décadas.



lunes, 14 de noviembre de 2016

Bulgaria mira a Rusia

Las elecciones presidenciales en Bulgaria han dado el triunfo a un excomunista y partidario de acercarse a Rusia; el gobierno ha caído, como consecuencia de ello. Bulgaria se une así a Hungría y a Grecia, simpatizantes de Putin en la Unión Europea. El partido euroasiático se fortalece en el Este de Europa y en los Balcanes.

Era fácil de prever que algo así ocurriría. Mencionaré los signos evidentes, no por orden cronológico ni de importancia, sino sólo para mostrar lo evidente. El Brexit ha debilitado la conexión euroatlántica de la UE; Trump ríe las gracias de Farage y apuesta por la desaparición del euro; la guerra de Ucrania continúa sin solución, ni política ni militar. Bulgaria es uno de los países más directamente amenazados por ésta.

Añadiré el triste destino del gaseoducto submarino, a través del Mar Negro, que Rusia quería construir en sustitución de los numerosos que cruzan de este a oeste Ucrania. El Este y el Centro de Europa se aprovisionan de gas natural ruso que pasa por Bielorrusia o por Ucrania. Desde hace una década, Putin ha acusado a Ucrania de robar gas a su paso por el territorio, aunque puede que esto no fuera más que una excusa para tensar las relaciones con el vecino. Cuando hace ya casi tres años Rusia invadió Crimea, la coyuntura sirvió de excusa para cortar definitivamente el tránsito del gas siberiano a través del territorio controlado por Kiev; eso dejaba sin suministro energético a los Balcanes, a Austria y al Norte de Italia. Putin propuso construir un nuevo gaseoducto que iría por aguas internacionales (y turcas) del Mar Negro a salir a la superficie en las costas de Bulgaria, y de ahí se redistribuiría a todos los Balcanes y más al norte. Pero la OTAN no lo consintió. ¿Un gaseoducto para dejar aislada económicamente a nuestra amiga Ucrania? Ni hablar. Se ordenó a Bulgaria rechazar el proyecto.

Por el resultado de las elecciones, ahora está claro que a los búlgaros no les gustó ser utilizados como un peón en la partida de ajedrez que juegan Washington y Moscú.






domingo, 6 de noviembre de 2016

La comunidad de la inteligencia apuesta por Trump

La declaración del director del FBI ante un comité del Congreso de Estados Unidos, revelando que entre los 600.000 correos electrónicos recientemente publicados por Wikileaks hay algunos remitidos por una asistente de Hillary Clinton que podrían comprometer la integridad de la candidata a la presidencia, ha dado un vuelco inesperado a las encuestas y a las expectativas de triunfo en estas elecciones. El todavía presidente Obama ha censurado al director del FBI por interferir en la campaña electoral; los partidarios de Clinton lo acusan de hacer el juego a Putin, ya que dan por hecho que Wikileaks es una herramienta del servicio secreto ruso. Lo cierto es que el director del FBI no se habría atrevido a dar el paso sin el respaldo de la CIA y de los otros catorce (quince, si incluimos a la Oficina de Evaluación Neta, que depende directamente del secretario de Defensa) servicios de inteligencia de Estados Unidos. La ambigüedad de las revelaciones es tal (no se sabe cuántos correos, ninguno es de Hillary Clinton) que éstas sólo pueden entenderse como una apuesta de la llamada «comunidad de la inteligencia» por la victoria de Donald Trump. De ser un candidato contestado incluso en su propio partido, ha pasado a ser el favorito en estas elecciones. ¿Cómo ha ocurrido y por qué?

La clave está en una percepción distinta de la posición de Estados Unidos en el mundo. Quiérase o no, Bill Clinton y Barack Obama, no menos que George W. Bush, han sido tributarios de la noción de un «nuevo orden mundial», preconizada por George Bush padre. En esa visión, Estados Unidos ha sido el guardián de la legalidad internacional y el garante de la democracia en todo el orbe. Como tal, se ve obligado a intervenir en todas partes, apoyando igual las primaveras árabes que el fallo del tribunal de La Haya sobre el Mar de la China meridional y la soberanía de Ucrania sobre Crimea. Hillary Clinton representa la continuidad de esta dinámica. Trump, al que se acusa de aislacionista, representa la tendencia opuesta. Según él, Putin no es el enemigo (de ahí que muchos vean en el candidato a una marioneta del ruso); una eventual guerra con Rusia en Ucrania o por Ucrania, Estados Unidos no puede ganarla por razones logísticas evidentes. ¿A qué mantener entonces la tensión? Buscar un acomodo sería lo más razonable según Trump. En Oriente Medio sus ideas no son tan claras, pero entrañan una crítica profunda de las inconsistencias de la política de Obama, quien fue advertido por la CIA en 2012 de que algo como el Estado Islámico podía surgir en la frontera entre Siria e Irak como consecuencia de la política de apoyar a todo rebelde al régimen de Damasco. Y en Extremo Oriente, ¿de qué vale defender el fallo de La Haya a favor de Filipinas, si el propio presidente filipino se aleja de Estados Unidos para aproximarse a China?

El espaldarazo de la comunidad de la inteligencia a Trump no asegura el triunfo de éste, pero le da una enorme ventaja, incluso psicológica, sobre su contrincante. El pueblo norteamericano puede opinar diferente. Pero incluso si Clinton gana, tiene motivos para reflexionar sobre una política exterior de la que ella, como secretaria de Estado, ha sido protagonista activa en los pasados años.



martes, 13 de septiembre de 2016

Rusia y la OTAN: el que da primero da dos veces

Las maniobras que militares que Rusia está realizando en la parte europea de su territorio han vuelto a poner de actualidad la eventualidad de que su ejército se prepare para la guerra. Desde la ocupación rusa de Crimea, el fantasma de un conflicto de grandes dimensiones ha planeado sobre los confines de Europa. Entonces, ya va para tres años, comenzó un proceso de acumulación de fuerzas de la OTAN desde el Báltico hasta el Mar Negro, y esa movilización, replicada por otra rusa de comparable magnitud, no puede sino desembocar en la retirada rusa de Crimea o en el comienzo de una guerra por recuperarla. Los occidentales esperaban que las sanciones terminarían obligando a Vladimir Putin a claudicar, pero está claro que no es así. Rusia ha buscado una salida económica por la parte asiática de su territorio, con acuerdos como el milmillonario sobre el gas con China. Rusia, necesitada de ingresos, ofrece buenas condiciones de suministro y precio, y los países de Asia no dejan escapar oportunidades por Ucrania, que sólo importa a Estados Unidos y Europa.

Siendo la guerra entre la OTAN y Rusia una perspectiva dotada de un alto grado de certeza, cabe preguntarse por su carácter, total o limitado. No hay muchas dudas de que, una vez rotas las hostilidades, la contienda no escalará hasta el uso de armamento nuclear. En primer lugar, porque será (según lo señalado antes) una guerra europea con presencia norteamericana. Y segundo, porque ambos bandos saben que el otro puede infringirles pérdidas muy superiores a las hipotéticas ganancias del conflicto. La guerra será, por tanto, en pos de objetivos limitados y terminará en negociaciones.

Previsiblemente, se desarrollará en dos teatros; uno, en las costas del Báltico; otro, en las del Mar Negro. Puesto que cabe esperar, al menos en principio, una estricta neutralidad por parte de Bielorrusia (país que lleva tiempo tratando de guardar un equilibrio imposible entre ambos bandos), habrá dos frentes en el Báltico; en ellos llevará a cabo la OTAN sus operaciones ofensivas. El objetivo principal será la conquista del exclave de Kaliningrado, una base naval rusa y el territorio circundante, de un millón de habitantes, que sólo tiene frontera con países de la OTAN y sin contacto con el territorio ruso metropolitano. Los occidentales pueden conquistarlo con una pinza, entrando por el noreste desde Lituania y por el suroeste desde Polonia, dos países en los que la acumulación de fuerzas de la OTAN ha sido particularmente notable. El segundo frente se abriría en Estonia y Letonia, que mantienen frontera con Rusia, la primera a menos de 200 km de San Petersburgo. En este frente, a mi juicio, la OTAN amenazará la segunda ciudad rusa más que intentar conquistarla, puesto que apoderarse de una metrópolis de cinco millones de habitantes puede crear problemas de aprovisionamiento a la población civil casi insolubles. Si el resultado de la guerra se limitara a la conquista de Kaliningrado, el éxito de la OTAN sería completo. Después de todo, Crimea es sobre todo la base naval de Sebastopol, y se trataría de cambiar una base naval por otra.

Pero es dudoso que Rusia se deje arrinconar en la guerra defensiva a que querría reducirla la OTAN. Lo mismo que los occidentales en el Báltico, Rusia ha acumulado fuerzas en el Mar Negro, que es el teatro en que, por razones logísticas, puede tomar la iniciativa. Aparte de Crimea, Rusia tiene un número creciente de efectivos militares en los distritos secesionistas del este de Ucrania; también en Transnistria, la provincia moldava de mayoría rusófona. También, ha estado desplazando su escuadra del Báltico al Mar Negro, sobre todo para que no se la hundan los occidentales. Mi opinión es que el oso ruso no intentará destruir Ucrania de un zarpazo y se limitará a hacerse con Odesa, el puerto comercial más importante del Mar Negro, de un millón de habitantes. Es previsible que mientras la OTAN se apodera de Kaliningrado, de muy difícil defensa por Rusia, ésta trate de apoderarse de Odesa por medio de un tridente. Por el este recorriendo la costa desde Mariupol, en el mar de Azov, a cuyas puertas se encuentran actualmente los separatistas pro rusos; por el oeste, desde Transnistria; y por mar, en el centro, desde Sebastopol. Por tanto, el objetivo ruso en esta guerra será cambiar Kaliningrado por toda la costa ucraniana del Mar Negro, desde la actual frontera rusa hasta la moldava.

Los occidentales no deben de tener muy claro cómo impedir que Rusia alcance sus objetivos en caso de guerra declarada. De ahí su vacilación en romper hostilidades. Para reducir ese riesgo, la OTAN necesitaría acumular en Ucrania tantas fuerzas como ha acumulado en el Báltico. Pero eso es mucho más difícil que lo hecho hasta ahora. Una cosa es movilizar a las repúblicas bálticas y a Polonia, siempre recelosas de las intenciones del gran vecino del este. Otra muy distinta, lograrlo con Rumanía y el resto de países europeos de la OTAN (algunos con gobiernos decididamente pro rusos, como Hungría y Grecia), para quienes la amenaza rusa es más una retórica en el juego de las grandes potencias que un temor dueño de la calle.

Ahora bien, el problema de los occidentales es que si ellos no atacan primero en el Báltico, la acumulación de fuerzas rusas en el Mar Negro buscará una salida en la ruptura de hostilidades. Las armas son herramientas de mal agüero, dejó escrito Sun Tzu precisamente por eso. Y si Rusia vuelve a tomar la iniciativa, no se conformará con Odesa.




domingo, 11 de septiembre de 2016

El quinto ensayo nuclear norcoreano

El pasado 9 de septiembre diversos observatorios registraron un temblor de 5,3 grados en la escala de Mercalli y con epicentro en el noreste de Corea del Norte. Se atribuye a un ensayo nuclear realizado en el Sitio de pruebas de Punggye-ri, donde se han efectuado todos los de su especie hasta la fecha. Éste es el quinto, y el mayor de todos. Diversos geólogos han llamado la atención sobre la proximidad del volcán Paektu, en activo aunque la última erupción fue en 1903. Todas las pruebas han sido subterráneas, y existe el temor de que su repetición pueda desencadenar una erupción en fecha más o menos cercana.

Se especula con la importancia estratégica de este ensayo. La carrera nuclear de Pyongyang empezó en 2006, con una explosión que se estima en menos de 1 kilotón (kt) de potencia. A efectos de comparación, la explosión de Hiroshima fue de entre 13 y 15 kt. Desde entonces, la potencia ha ido creciendo; en 2013, el tercer ensayó alcanzó una estimada entre 6 y 16 kt, equivalente a la del segundo ensayo estadounidense, que destruyó por completo la ciudad japonesa. Al parecer, el cuarto ensayo, en enero de este año, fue un fracaso relativo pues, aunque Kim Jong-un, el líder norcoreano, presumió de haber conseguido la bomba de hidrógeno, se estima que la potencia no llegó a 10 kt. La primera bomba-H, «Ivy Mike», explosionada por los estadounidenses en el atolón Enewetak del Pacífico el 1 de noviembre de 1952, alcanzó 10,4 megatones (mg), más de mil veces la potencia del ensayo norcoreano de enero de 2016. La del ensayo de septiembre se estima en 20-25kt, todavía muy insuficiente para calificar el arma asociada de «bomba de hidrógeno» o «termonuclear».

Sin embargo, los expertos llaman la atención sobre la progresión norcoreana. Pyongyang parece estar cubriendo etapas en un recorrido que han cubierto antes las potencias nucleares más avanzadas. Estados Unidos, en su quinto ensayo nuclear, Yoke, también en el atolón Enewetak, en 1948, introdujo uranio enriquecido lo que, con ciertas innovaciones técnicas, permitía a la vez reducir el peso de la bomba y aumentar la potencia. Ésta alcanzó 40 kt; lejos de la bomba-H pero al menos tres veces superior a la bomba-A de Hiroshima. Los expertos se dividen. Unos están casi seguros de que Corea del Norte introdujo dichas innovaciones en el ensayo de enero (pero algo salió mal) y en el de septiembre, donde ha tenido éxito; otros creen que la potencia se mantiene en el rango de Fat Man, la bomba de Nagasaki (21 kt). La importancia radicaría, en este caso, no tanto en la potencia, que también, como en la reducción del peso. Fat Man pesaba 4.670 kilos. Un peso así no puede ser transportado más que por un bombardero estratégico. Pero una bomba que pesara 500 kilos con esa potencia podría ser lanzada con los misiles balísticos que ha ensayado con relativo éxito Corea del Norte: Hwasong-7, tierra-tierra, con un alcance de 1.000 km, y Pukkuksong-1, lanzado desde submarino y con un alcance de 500 km, lo que expone a Japón y a la base de Guam, posición más avanzada de Estados Unidos en el Pacífico. Los expertos calculan que el peso de la carga nuclear obtenida por Corea del Norte hasta la fecha ronda los 650 kg.

El anuncio llega en el peor momento para Occidente. Estados Unidos se ha comprometido a fondo con el fallo del Tribunal Internacional de La Haya, en julio de este año, que es contrario a los intereses de China en los mares circundantes. La presencia de una potencia nuclear que es firme aliada del gigante asiático no puede sino arrojar nuevas sombras sobre el futuro de la región.


viernes, 21 de febrero de 2014

Venezuela, eslabón a punto de romperse

¿Quién es el hombre de EEUU en la actual crisis? ¿Y cuál es la relación de Nicolás Maduro con los militares? Éstas son cuestiones clave a la hora de evaluar la presente situación de Venezuela con un mínimo de objetividad.

Pese a que ganó una elección presidencial - que sus adversarios califican de "pucherazo" - Maduro es un hombre políticamente débil. Estos días se lo ha visto mostrar destrozos en autobuses, como si fuera obra de la oposición, mientras guardias nacionales eran grabados causando la misma clase de destrozos en automóviles particulares; uno se pregunta si acaso no se dejaron grabar a propósito. Maduro preside el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y más o menos lidera el movimiento popular que Hugo Chávez bautizó como "bolivariano". Sin embargo, el poder real está en manos de los militares. Como antiguo sindicalista, origen por demás legítimo, el ejército le es ajeno. El hombre fuerte parece Diosdado Cabello, antiguo oficial y camarada de armas de Chávez y ahora presidente de la Asamblea Nacional. Cabello está en posición privilegiada para organizar un golpe sin dejar de controlar la política del país. Hasta ahora, Cabello no ha dejado de apoyar (al menos aparentemente) a Maduro, pero éste sabe que carece del carisma de Chávez y de su ascendencia entre los militares. El reparto de papeles entre Maduro y Cabello fue decisión de Chávez, para instaurar una especie de equilibrio de poderes "a la bolivariana". Lo que nunca sabremos es si también fue decisión suya o imprevisión el mover a Mauro a una permanente sobreactuación por miedo a los militares, lo que constituye un factor de inestabilidad insuperable. Como el poder no reside en el gobierno, ni realmente en sus apoyos, el gobierno carece de margen de maniobra para negociar con la oposición. Es cierto que éste fue el patrón dominante con Chávez. Sin embargo, el régimen depende de forma absoluta de factores personales. Chávez demostró suma habilidad en lidiar con situaciones de gran tensión política; era un maestro de la propaganda. Maduro carece del sentido del humor y agilidad mental de su antecesor. Un signo de las desavenencias dentro del régimen es el incidente del Serbin. Hace unos días, se informó que hombres del Serbin - inteligencia militar - habían allanado las dependencias de Voluntad Popular (VP), un partido de la oposición. Maduro declaró que el Serbin había recibido ordenes de no incurrir en semejantes abusos. El incidente se calificó de muy grave y el director del servicio información - un general de brigada - fue cesado. El nuevo responsable pertenece al ala de Cabello. Algunos civiles chavistas también han mostrado su predilección porque éste tome el control de la situación. Así, Francisco Ameliach, gobernador del estado de Carabobo, ha anunciado que Cabello dará la orden de "contraataque fulminante" a las UBCh (Unidades de Batalla Bolívar-Chávez, paramilitares bolivarianos). Es un secreto a voces. El propio líder opositor Henrique Capriles ha rehusado exigir que se marche Maduro, porque eso significa "que venga Cabello".

El campo de la oposición no está menos desunido. Henrique Capriles, el principal líder y candidato presidencial el año pasado, ha mantenido un perfil bajo durante la crisis en curso. Nuevos líderes, los de VP, en particular Leopoldo López, han entrado en escena de forma agresiva. Los estudiantes constituyen el grueso de sus bases hasta ahora. Han estado manifestándose durante más de dos semanas. Maduro ha acusado públicamente a López de la "autoría intelectual" de varias muertes ocurridas en choques entre chavistas y antichavistas. Capriles se ha desmarcado de la violencia en las manifestaciones, mientras Maduro anunciaba que López tendrá que responder de esa misma violencia y las muertes acaecidas. Poco después, Maduro revelaba que EEUU ha amenazado con que la detención de López tendría funestas consecuencias. La advertencia señalaría a López como el hombre de Washington. Él, como confirmando la sospecha, ofreció entregarse voluntariamente a las autoridades. Finalmente, se ha entregado y ahora su suerte depende de la fiscalía. ¿Por qué iba a descubrir EEUU su posición tan fácilmente, exponiendo a su hombre? La administración Obama parece decidida a abrir negociaciones con Cuba. Quizá desearía iniciarlas luego de haber privado a Castro de quien es su aliado más incondicional, Nicolás Maduro. También podría ser que EEUU se aprestara a responder con una acción en el Caribe a una eventual intervención de Rusia en Ucrania.

Por más que la situación parezca explosiva, de momento sólo se está decidiendo quién, si Capriles o López, ha de dirigir a la oposición de aquí en adelante. Capriles representa a las clases medias y, en cierto modo, se sitúa entre los chavistas y EEUU. Confía en que lo que él juzga como monstruosa mistificación de la figura de Bolívar por los chavistas no durará mucho tiempo. Y acierta plenamente en cuanto al principal error de perspectiva del análisis de los chavistas, que no ven más que pueblo mantenido en condiciones miserables y oligarquía, ignorando completamente el papel presente y futuro de las clases medias. El objetivo de Capriles sería negociar con el chavismo una transición pacífica, que dejara a un lado a los militares. Si las apariencias coinciden con la realidad, López es el hombre de EEUU y la oligarquía tradicional. La hipótesis vino a ser más o menos confirmada por una campaña de descrédito de Capriles, llevada a cabo por El Universal, el decano de la prensa conservadora, el verano pasado. Cuando la economía se precipita en el caos, ni EEUU ni la oligarquía tradicional quieren esperar más y ambos parecen dispuestos a jugárselo todo a una carta pegando patadas al avispero.

El arreglo para una transición pacífica, es decir, un acuerdo Maduro-Capriles, parece de momento descartado por la posición inflexible a que se ve abocado el primero bajo la presión de los militares. Mientras tanto, los extremos de derecha e izquierda se fortalecen, lo que favorece una salida inconstitucional acaudillada por los militares. Una vez desencadenada ésta, todas las opciones estarían abiertas, sin excluir la guerra civil, la intervención estadounidense para evitar un baño de sangre o incluso un acuerdo de los militares con Washington.

domingo, 13 de mayo de 2012

Consecuencias geoestratégicas de Grecia

Las consecuencias geoestratégicas de Grecia

Richard Sinston, que publica un simpático blog (aquí), me sugiere una entrada sobre las recientes elecciones griegas. Ahora que ha transcurrido una semana, y que se ha manifestado un rotundo fracaso de todos los intentos de formar gobierno, creo que puedo escribir algo.

Económicamente, la situación de Grecia es desesperada ma non troppo. Lo inmediato será la convocatoria de nuevas elecciones y la retención «cautelar» de un pago de 11.700 millones de euros incluido dentro del segundo rescate. Si todo sale como está siendo pronosticado por las encuestas de opinión, ganará Syriza, con una mayoría insuficiente para formar gobierno, salvo que el nuevo gobierno se comprometa, bien a permanecer en el euro a toda costa (para lo que contará con el apoyo del Pasok, Nueva Democracia e Izquierda Democrática), bien a salir del euro (para lo que posiblemente contará con el de Izquierda Democrática y seguro con el de comunistas y Griegos Independientes, y puede que hasta el de los nazis). Duro dilema para un partido, o mejor una coalición que ha hecho de la ambigüedad calculada su estrategia electoral de éxito. En cualquier caso, es muy probable que Syriza se rompa en el acto. Aun así, tendrá que poderse formar gobierno en una dirección o la otra. Supongamos que resulta una salida voluntaria del euro.

Salir del euro parece fácil, pero me temo que no lo será tanto. Para empezar, es muy posible que la Unión Europea (esto es, el eje franco-alemán) imponga la salida también de la propia Unión. ¿Por qué? Psss… Digamos que Grecia muy probablemente repudiará toda la deuda exterior, tanto soberana como de los bancos. Poco más o menos, lo que hizo Islandia en 2008. Pero lo que se permitió a Islandia entonces difícilmente se le permitirá a Grecia ahora. Primero, porque en vez de poco más de 30.000 millones de euros, serán más de 300.000 millones. Segundo, y más importante, porque en la UE rige una cosa que se llama la preferencia comunitaria, y que viene a significar que el gobierno griego no puede tratar a los comunitarios no griegos de forma distinta a los griegos. Es improbable que el gobierno griego repudie la deuda que mantiene con bancos griegos, porque eso supondría la quiebra de éstos. Si, por ejemplo, repudia la deuda con bancos franceses y alemanes, pero no con bancos griegos, Grecia habrá roto con la preferencia comunitaria y estará de facto fuera de la UE. Dicho de otra forma, Islandia pudo hacer lo que hizo porque estaba fuera de la UE. Para poder hacer otro tanto, Grecia tendrá que salir de la UE. A ésta no le vendría mal, por otra parte, que desapareciera un obstáculo principal al ingreso de Turquía. (Otro es la oposición de Francia, pero sobre todo de su derecha; sin Grecia, Hollande tendría la oportunidad de dar en este tema un viraje histórico, de ésos que hacen brillar la «grandeur» francesa).

Fuera de la UE, Grecia sufrirá muchos problemas, y sobre todo financieros. Necesitará divisas para poder funcionar, y no está claro de dónde podrá sacarlas. Una situación así es la que sufre Argentina desde 2005, cuando dejó de pagar su deuda externa. Sin divisas, no se puede importar bienes y servicios necesarios para producir otros susceptibles de ser exportados. Es una suerte de círculo vicioso. No se exporta porque se carece de importaciones de calidad, y no se importa porque no se exporta como para obtener las necesarias divisas. Una pescadilla que se muerde la cola. Argentina empezó a salir del atolladero en 2009, cuando China reparó en que Argentina es el tercer productor de soja del mundo. Ahora ésta es un suministrador casi exclusivo de alimentos que adquiere aquélla. ¿Quién hará lo mismo por Grecia?

La respuesta es fácil: Rusia. Rusia, que, a punto de perder sus últimas bases navales en el Mediterráneo, que mantenía en Siria (y de ahí su apoyo al régimen en su agonía), tendrá que buscar otras de recambio, y el candidato ideal sería Grecia. Parece complicado, pero no lo es tanto. Grecia y Rusia comparten la misma religión mayoritaria, el cristianismo ortodoxo. (No olvidemos, a título de ilustración, que la Comunidad Europea la crearon Robert Schuman y Konrad Adenauer, un católico francés y un católico de Renania). Después de la segunda guerra mundial, la URSS traicionó la debida solidaridad entre correligionarios y dejó que las tropas británicas aplastaran una insurrección de comunistas griegos. Ahora, Rusia tiene la oportunidad de enmendar aquel desencuentro histórico. Grecia tiene todos los motivos para sentir una profunda decepción con Europa y la sociedad occidental. Con toda probabilidad, la salida de Grecia del euro supondrá su salida de la UE y de la OTAN, para entrar a orbitar en el glacis ruso. El realineamiento de Grecia frenará la aproximación de Serbia a la UE e introducirá serias dudas en el actual alineamiento de Bulgaria, otros dos países de mayoría ortodoxa amén de eslavos. De ahí la importancia que adquiere el partido comunista griego, al que los medios califican de «prosoviético». ¿Prosoviético? Es ridículo; los soviets ya no existen. Sencillamente, pro ruso. A medio plazo, su destino es convertirse en árbitro de la situación, no sólo en Grecia sino en todos los Balcanes.