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miércoles, 14 de mayo de 2014

El dinero no termina de confiar en España

Ahora que unos echan las campanas al vuelo celebrando la salida de la crisis y otros destacan que la presunta recuperación (que dan por sentada para los "ricos") no llega a los "pobres", de manera que la situación económica ha dejado de ser una preocupación según las encuestas aunque lo continua siendo el paro, precisamente ahora hay que decir, con toda claridad, que la recuperación no está ni mucho menos asegurada. Toda la discusión que se está dando acerca del paro es relevante en el plano social, pero hay otra mucho más urgente en el económico, toda vez que si la economía no termina de arrancar (y no arranca) mal podrá reducirse el desempleo.

Verán ustedes, me fijo en un único indicador: la entrada o salida de dinero del país. Me dirán: "¡Pero hombre, algo más tendrá usted que considerar...!" Pues la gravedad del caso es tal, que no. Como el médico en una neumonía doble (y créanme que la gravedad de España no es menor) desecha todo tipo de síntomas excepto la fiebre, y está pendiente de la fiebre hasta que ésta remite, de manera que sólo cuando remite puede tratar otros síntomas, así el economista, ante una crisis de solvencia como la española, que llevó la prima de riesgo por encima de 600 puntos hace menos de dos años, tiene que estar pendiente en este momento de un "termómetro" adecuado al caso, a saber, si el dinero entra en el país, lo que indicaría que la confianza en esa economía retorna a los mercados y la crisis de solvencia se va solucionando, o, si por el contrario, el dinero sale del país, lo que indicaría justo lo contrario.

Ya me referí a este problema en una de mis últimas entradas, donde examinaba la situación de ese indicador hasta marzo. La situación no ha mejorado en abril, mes en el que ha vuelto a salir dinero de España, por importe aproximado de 3.500 millones de euros. En el gráfico de abajo se observa la evolución del indicador, medido por nuestra deuda en el sistema de pagos Target-2, al que pertenecen los miembros del Eurosistema, es decir, el sistema bancario de la zona euro. Abril ha sido el tercer mes, en los últimos cuatro, en que sale dinero de España. Y ha sido un mes de un registro "fabuloso", en términos de turismo (por la Semana Santa), reducción del desempleo, aumento de cotizantes a la Seguridad Social, etcétera, etcétera. ¿Saben qué ocurre? Que esa nueva alegría de la sociedad (no de toda, desde luego, sólo de la parte que ha sufrido menos durante la crisis), ese incremento del consumo, siguen a la percepción de la entrada de dinero, de forma ininterrumpida, entre agosto de 2012 y diciembre de 2013. Pero en los cuatro primeros meses de 2014, el dinero ha dejado de entrar y, en términos netos, ha empezado salir. Concretamente, España ha perdido unos 17.000 millones de euros desde diciembre. Los mercados lo empezarán a percibir con cierto retraso (lo que podría traducirse en repuntes de la prima de riesgo), y la sociedad lo percibirá todavía más tarde.

Me dirán que el gráfico indica cierta vacilación, pero no una marcha definitivamente mala; de hecho, la deuda de España en Target-2 se mantiene aproximadamente estable en los últimos meses. Y algo de verdad hay en ello. Una marcha como la de los últimos meses sería incluso favorable, con tal de que se registrara a un nivel de deuda cero. Pero no se registra a ese nivel; se registra a un nivel de 230.000 millones de euros de deuda de España con los restantes miembros del Eurosistema, lo que equivale a un verdadero rescate de regulares dimensiones, sólo que no instrumentado a través de un préstamo formal sino de un descubierto en cuenta corriente. Es cierto que esa deuda llegó a estar mucho más arriba, en 434.000 millones de euros en agosto de 2012 (la sima que se aprecia en el gráfico), y que se ha reducido en 200.000 millones desde entonces. Esto ha generado el clima de optimismo sobre España, que el gobierno ha explotado y explota hasta la saciedad. Pero España no puede quedarse ahí. Cuando se mantiene una deuda de esas proporciones, o se continúa reduciéndola a paso firme, o lo más probable es que a no muy largo plazo vuelva a presentarse una nueva crisis de solvencia.



jueves, 2 de mayo de 2013

La economía española, a punto de desfallecer


La publicación del nuevo cuadro macroeconómico del gobierno arroja sombras de incertidumbre adicional sobre el horizonte de la economía española. Y es para no avisados la observación, hecha por Rajoy, de que han optado por el escenario más adverso para que sus previsiones resulten fáciles de superar y con ello el futuro ya no pueda traernos sino buenas noticias. Falso de toda falsedad. Sus obras, aquello por lo que sabemos que se conoce a las gentes, les desmienten. Si algo ha dejado claro el gobierno en los últimos meses, hasta la saciedad, es que a ellos no les interesaba hacer más recortes, porque ahora saben (hemos pagado 1 millón de parados por ese máster) que cada euro recortado del gasto público cuesta puestos de trabajo. Pero, para adaptarse a esas nuevas previsiones, según ellos «de mentirijillas», han tenido que recortar más de 4.000 millones adicionales; 3.134 en sanidad y 958 en dependencia, para ser exactos. Si hubieran podido recortar menos, lo habrían hecho. Si han recortado hasta ahí, es porque no les ha quedado otro remedio.

La preocupación surge de constatar que el gobierno ha tirado la toalla, como quien dice. Se ve forzado a aplicar una política en la que ha dejado de creer, como lo proclama a todas horas mendigando estímulos a escala europea, y al mismo tiempo sus previsiones son, no ya pobres, paupérrimas. A continuación trascribo el cuadro macroeconómico. Lo hago en la composición gráfica que presenta Miguel Puente Ajovin en su blog Caótica Economía (AQUÍ).



El cuadro está en porcentajes de incremento, lo que lo convierte en un tanto críptico para el profano. Lo traduzco a valores absolutos, y resumo. Según las previsiones del gobierno, el PIB de 2015 seguirá estando ligeramente por debajo del de 2011; en otras palabras, el gobierno acepta implícitamente, desde ya, que la historia considere su mandato una «legislatura perdida». En cuanto al empleo, será en 2015 un 7,5 por ciento inferior al de cuatro años antes. El desempleo seguirá afectando a 5.700.000 personas. El presidente del gobierno no sólo nos pide paciencia ahora; tendrá que seguir pidiéndonosla dentro de tres años. Pero ¿qué se ha creído?

Es difícil ser más insensato. Rajoy parece pensar que los mercados aceptarán su palabra sólo porque es un señor de derechas muy formal; en realidad, ésta ha sido siempre su manera de pensar y un año y pico de gobierno parece no haberle enseñado nada al respecto. Vamos, se cree que a los mercados los encandila con la facilidad con que encandila al núcleo duro de sus propios votantes. Pero en los mercados hay gente inteligente, que echa cuentas como las que he echado, y que sacará conclusiones parecidas a las que he sacado. Pronto empezarán a pensar que Rajoy es un estadista amortizado, como empezaron a pensarlo de ZP a finales de 2010. Y entonces la prima de riesgo, la niña de los ojos de Rajoy (y no aquella ridícula ficción que sólo le sirvió para perder unas elecciones), su oscuro objeto de deseo, por el que ha sacrificado a la economía española para llegar hasta aquí, volverá a subir. Y, cuando lo haga, nuestro presidente de gobierno, que encuentra su refugio de paz y sosiego contemplando los 286 puntos básicos a que acaba de llegar la susodicha prima, perderá los nervios definitivamente. Y habrá que rescatar, esta vez en serio y con todas sus connotaciones negativas, a este país.

Nadie crea que éste es un pronóstico arriesgado. En realidad, lo es muy poco. Con estos mimbres y el panorama que se presenta a escala global, la situación no puede sino empeorar, y dispongo de tres años para demostrar que estoy en lo cierto. Mucho me temo, sin embargo, que hará falta bastante menos tiempo.



lunes, 25 de marzo de 2013

Chipre

Si esta tarde el parlamento chipriota da su visto bueno, anoche se habrá llegado a un acuerdo entre el gobierno de ese país y la troika que permite cerrar la crisis abierta hace diez días. El acuerdo afecta a los dos mayores bancos del país, Banco de Chipre y Laiki. El segundo en tamaño, Laiki, será dividido en un banco «bueno» y un banco «malo». El «bueno» se quedará con los activos viables y todos los depósitos, hasta 100.000 euros. El «malo», con los activos tóxicos (fundamentalmente, deuda griega) y lo que exceda de 100.000 euros en cualesquiera depósitos. Por encima de 100.000 euros, los grandes depositantes quizá no recuperen nada, o muy poco. El Laiki «bueno» será absorbido por el Banco de Chipre, que a su vez saneará sus activos tóxicos (nuevamente, deuda griega) con cargo al exceso sobre 100.000 euros de los grandes depositantes. Aunque hay que hacer cálculos más precisos, a ojo de buen cubero se estima que los grandes depositantes del Banco de Chipre podrían perder, de media, el 35% de su dinero. Todavía no está claro cómo se alcanzará el 9% de capital principal requerido por la normativa de la UE.

Dejando a un lado las inevitables lagunas de un acuerdo cerrado al límite del tiempo concedido para la negociación (el BCE había amenazado con cerrar hoy el grifo de la liquidez a Chipre), lo pactado responde bastante bien a la correlación de fuerzas definida durante la crisis, y dejará satisfechos a los actores principales, con dos notables excepciones. En primer lugar, parece un acuerdo satisfactorio para los pequeños depositantes, que ven confirmada la garantía comunitaria sobre sus ahorros. Segundo, es un acuerdo satisfactorio a corto plazo para los mercados, que relajarán su presión sobre los países susceptibles de contagio; hoy, la Bolsa sube y la prima de riesgo baja en España, por ejemplo. Tercero, es un acuerdo que deja tranquila a Alemania, empeñada en una lucha sin cuartel contra los paraísos fiscales en el seno de la UE y, aún más, en la zona euro. Todos los demás se darán con un canto en los dientes.

Una excepción son los grandes depositantes, obligados a pagar los platos rotos. Se dice que una gran mayoría son rusos; en todo caso, son extranjeros. Además de rusos, debe de haber libaneses, sirios, egipcios e israelíes, por citar sólo lo que parecen las nacionalidades más relevantes. Chipre había aspirado, en efecto, a convertirse en un centro de referencia financiera en el Mediterráneo oriental. Le vino a las manos con las «primaveras árabes» y, sobre todo, con la guerra civil siria. Luego vinieron los oligarcas rusos, con su dinero de origen dudoso. Era únicamente la primera fase. Actualmente, en Chipre se desarrollaba un activo mercado de derivados financieros, y el bajo tipo del impuesto de sociedades empezaba a atraer a empresas europeas de toda índole. Esto es con lo que ha querido acabar a toda costa, y con éxito, Alemania.

La segunda excepción es la propia economía chipriota, y a la larga sus ciudadanos y posiblemente toda la UE. Arruinada su reputación como paraíso fiscal en ciernes, a Chipre le quedan pocas alternativas, si es que alguna; el turismo ruso se resentirá, inevitablemente. Contra ese pequeño país se ha movilizado el rodillo de una opinión pública europea contraria a los paraísos fiscales; pero, como se dice en estos casos, si no lo hace Chipre lo hará algún otro. Abu Dabi empieza a frotarse las manos. Ahora Chipre se unirá a Grecia en el grupo de países menesterosos de la zona euro. La moneda común se ha salvado, al precio de no dejar piedra sobre piedra de las economías que plantean problemas.



jueves, 28 de febrero de 2013

El espinoso asunto del déficit


En poco más de 24 horas, la semana pasada se escuchó al presidente Rajoy decir, en el debate sobre el Estado de la Nación, que el déficit público de España en 2012 quedaría por debajo del 7% del PIB, y al comisario europeo Olli Rehn afirmar que sería del 10,2%. Ayer mismo, oímos a Rajoy precisar que será del 6,7%, y que ésa será la cifra que envíen a Bruselas para su validación. (La Comisión Europea ha rehusado comentar este dato, pronunciándose por esperar el veredicto de la oficina europea de estadísticas, Eurostat). A cuenta, hemos tenido todos que soportar la petulancia de los populares sobre su propia capacidad de reconducir las finanzas públicas, comparada con la inoperancia del gobierno anterior, socialista, que – según se nos ha repetido hasta la saciedad – dejó un déficit de tanto y cuanto más que lo declarado. Dime de qué alardeas, y te diré de qué careces.

De inmediato, han surgido voces críticas, recordando al gobierno que hay unos 40.000 millones de euros de deuda con la Unión Europea por el rescate bancario pactado en junio y llevado a cabo en las semanas finales del año, lo que viene a suponer algo más del 3,5% del PIB, y que eso podría explicar la discrepancia entre la cifra de Rajoy y la de Rehn. A lo que la bancada del gobierno ha replicado de diverso modo, desde que eso no es déficit puesto que es un préstamo a los bancos, que ellos tienen que devolver aunque salga fiador el gobierno (lo que es manifiestamente falso), hasta que esa clase de deuda nunca se cuenta en el déficit (lo que únicamente demuestra ignorancia). Es un préstamo a España, no a los bancos; que España ha empleado en recapitalizar bancos, no en prestarles dinero; y que, por tanto, sólo se recuperará si el FROB vende las acciones en su poder a un precio que compense lo que pagó por ellas. Véase a cómo están las acciones de Bankia, para hacerse una idea de cuáles son las expectativas de recuperación, a día de hoy. Es más, si las entidades quiebran o se procede a su disolución, cosa que está prevista a cierto plazo por la UE para las que no tienen forma de sociedad anónima, no se recuperará nada en absoluto. Por tanto, hoy cuenta como déficit. Y si se recupera algo mañana, mañana contará como superávit lo que se recupere. Ésa es la forma de contabilizar correctamente las cosas. Muy distinto es que la UE, que ha aprobado separadamente ese déficit, y es parte interesada en su generación, permita al gobierno contarlo aparte. Seguramente, esto ya está pactado y de ahí proviene la prepotencia del gobierno y sus corifeos.

Pero lo que a buen seguro no tienen pactado estos jugadores de ventaja es el déficit autonómico y su financiación. Que las Comunidades Autónomas han hecho ajustes cosméticos en sus déficits con la aprobación del gobierno es algo que está fuera de dudas. La Generalitat de Catalunya, por ejemplo, preveía un déficit del 2,5% en noviembre y ahora dice que será sólo del 2%. Qué raro; en un mes, la cantidad de ahorros que han hecho. Si esta contabilidad creativa se ha dado en una de las Comunidades más «serias», qué no habrán hecho las otras. Más oscuro todavía es el asunto del Fondo de Liquidez Autonómico, con el que el gobierno ha querido proporcionar medios de pago a las CC.AA. Se empezó por 16.000 millones, ahora ronda los 30.000 millones. Esto supone casi el 3% del PIB. Y esto, como con los bancos. En principio, hay que suponer que es financiación a fondo perdido. ¿O es que alguien espera que Cataluña devuelva lo que le ha prestado el FLA? Y si no lo devuelve Cataluña, no lo devolverá ninguna otra. En todo caso, lo que se recupere después, será superávit.

No pretenderé que la inversión del FLA se suma al resto del déficit, estatal más autonómico. Sumarla supondría algún tipo de doble contabilización, y no se trata de eso. De lo que se trata es de entender por qué ha surgido esa necesidad financiera en las CC.AA. y de ver si nos ayuda a estimar el déficit real, no el «maquillado», de las mismas. Las CC.AA. han necesitado financiación extra porque sus gastos fueron presupuestados antes del verano; con tales gastos había un presupuesto de ingresos que ha resultado claramente optimista, pues no tenía en cuenta los efectos sobre la recaudación de la caída de la actividad y el empleo. Como han ingresado menos de lo que esperaban, pero han gastado conforme a lo que esperaban ingresar, les ha faltado dinero. Y semejante carencia es la que ha venido a suplir el FLA. Por tanto, la inversión del FLA es una buena estimación del déficit de las CC.AA. Una estimación, y no un cálculo exacto. El déficit real será algo menor, porque con el dinero del FLA las Autonomías han debido de pagar facturas que se arrastraban de ejercicios anteriores. Con el lío contable que las CC.AA. deben de tener montado, será prácticamente imposible llegar algún día a saber cuál fue exactamente el déficit. Y, sin duda, en esta percepción se apoyan el ministro Montoro y los creativos del ministerio de Hacienda para vendernos su quincallería contable.

Unas cosas con otras, no me parece irreal pronosticar que Eurostat acabará dictaminando que el déficit autonómico se situará entre el 2,5 y el 3% del PIB, en lugar del 1,5% presupuestado para 2012. Como me caben pocas dudas de que Economía está haciendo sus cálculos sobre la base del 1,5%, a fin de cargar eventualmente sobre ellas incumplimientos sobrevenidos, me aventuraría a pronosticar que el déficit final estará, no en el 6,7%, sino entre el 7,7 y el 8%. Quizá el 7,5%, si Economía se ha puesto realista y estima el 1,7% en vez del 1,5% para las Autonomías. Más el rescate de los bancos, naturalmente; digamos el 3,5%. En total, el 11% del PIB.

Con un déficit del 12% del PIB, y en circunstancias similares, recapitalización bancaria y banco malo incluidos, Irlanda tuvo que pedir el rescate de sus finanzas públicas, o sea, del país entero, en noviembre de 2010.


Pocas horas después de publicada esta entrada, el ministro Montoro ha dado una rueda de prensa para abundar en detalles sobre el déficit. Anuncia que el déficit de las CC.AA. ha sido del 1,73%. O sea, el gobierno se ha puesto «realista», como yo suponía que podía ocurrir, y exactamente en la cifra que yo suponía. Todo lo dicho más arriba queda confirmado, excepto en una cosa. Daba yo por hecho que el responsable de la cifra final era Guindos; y todavía creo que es él quien informa de cuánto déficit está la UE dispuesta a aceptar. Pero, puesto que Montoro da la cara, he cambiado por el suyo el nombre de Guindos, que aparecía originalmente en la entrada.



sábado, 12 de enero de 2013

El nuevo modelo económico español


Todavía se oye el ya viejo comentario de que España, que basó su crecimiento hasta 2007 en el modelo «del ladrillo», al desaparecer éste por efecto del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, sigue sin modelo de recambio y de ahí la persistencia del paro. Craso error. Durante el año de presidencia que lleva Rajoy, nuestra economía se ha lanzado a tumba abierta a «construir» un nuevo modelo, y lo está haciendo con eficacia. En realidad, no era difícil; tan sólo se necesitaba resolución, si la sociedad no era capaz por sí misma de afrontar la destrucción creativa que predicara Schumpeter, del gobierno para hacerlo en su lugar. El objetivo y los medios eran de manual: el manual del modelo de promoción de exportaciones, redactado por el Banco Mundial hacia 1985 e impuesto por el Fondo Monetario Internacional a lo que entonces se llamaba «países en vías de desarrollo». No es extraño, por tanto, que la sociedad española esté padeciendo muchos de los efectos de ese modelo, en aquella década sufridos por los países que habían tenido la desgraciada de verse afectados por la crisis de la deuda externa, de 1982. Similares causas, mismos remedios.

Vamos al modelo. La idea básica es que una economía que se enfrenta severamente a la restricción exterior, por ejemplo, por causa de sobreendeudamiento, debe 1) reducir drásticamente las necesidades financieras de su sector público, 2) flexibilizar al máximo la asignación de recursos interna, y 3) transferir recursos lo más rápidamente posible del sector que produce para la demanda interna al sector que produce para demanda externa y por tanto es capaz de generar ingresos en divisas. Los dos primeros requisitos configuran la política del gobierno Rajoy durante 2012. El tercer punto es el premio que se recibe si todo se ha hecho correctamente. Como todo se ha hecho correctamente, los indicadores más recientes registran dos cambios, aparentemente contradictorios, pero que el modelo revela son íntimamente dependientes el uno del otro. Por una parte, ha aparecido un superávit comercial, cosa insólita ya que ese capítulo de la balanza de pagos de la economía española con el exterior siempre había sido deficitario, desde los tiempos de Franco, durante la transición y en los últimos lustros. Ese rasgo es el que saludan con entusiasmo los mercados, con caídas verticales de la prima de riesgo, subastas del Tesoro relativamente exitosas y múltiples parabienes, recibidos de todos los rincones del patio. ¡El modelo funciona, y de qué forma! ¡España está haciendo sus deberes! Y junto a eso, el segundo dato, que termina de configurar el punto 3) enunciado antes: la producción industrial de España retrocede a niveles de 1993. Toda actividad industrial que no sea tan competitiva como para sumar a las exportaciones, está condenada a perecer. Y lo está por la sencilla razón de que el modelo comporta la depresión de la demanda interna, que es sobre la que subsistía la industria que ahora se desmantela para transferir «recursos», léase capital, al sector exportador. Todo cuadra. La gestión de Rajoy se puede calificar de perfecta.

¿Problemas del nuevo modelo? Todos. Para empezar, tendríamos que ser una economía como Corea para llegar a disponer de un sector exportador que absorba seis millones de parados. Y, a diferencia de Corea, hacerlo sin investigar, sin innovar y sin disponer de tecnologías de punta, puesto que nosotros no investigamos (salvo honrosas excepciones), mucho menos innovamos (ídem de ídem) y apenas generamos patentes que interesen a efectos prácticos. O sea, que nuestro modelo es más el de Costa Rica o Malasia que el de Corea. Mantendremos el paro muy elevado durante mucho, mucho tiempo. Probablemente, hasta que lo absorban flujos suficientemente intensos de emigración, sobre todo entre los jóvenes.

Pero no todos los problemas son «sociales». También se vislumbra problemas económicos a corto plazo, si el gobierno quiere más acuciantes. La promoción de exportaciones exige ahorro para financiarla. Se trata de vender al exterior para no comprar nada, sino retener las divisas; eso es una forma de inversión. Pero resulta que el ahorro de las familias cae a velocidad de vértigo, con su renta disponible; el gobierno se enfrenta a crecientes problemas, sobre todo con las autonomías, para ulteriores reducciones de su déficit, o sea, mejoras de su ahorro (todavía negativo) y aunque la renta de las empresas aumenta, tal aumento sólo se traducirá en inversión productiva conforme haya oportunidades de invertir en el sector exportador, que por su propia naturaleza y en medio de la actual recesión no puede más que crecer moderadamente. No voy a entrar ahora en lo que presumiblemente hacen las empresas con su mayor excedente, a falta de invertir en el sector exportador. Lo que quiero resaltar es que el efecto combinado de todos esos factores se traduce en una necesidad de financiación externa de la economía española que sigue estando, según el INE, en el 1,7% del PIB español. Y eso, sólo para mantener las exportaciones en su nivel actual. Si se quiere aumentar el flujo de exportaciones, que es crucial para que el modelo se asiente, hay que reducir el déficit público más, o aumentar el ahorro de las familias (contradictorio con lo anterior) o acudir a mayor financiación exterior. Por eso, el modelo se combinaba en las décadas de los ochenta y noventa con abundante financiación del FMI a los alumnos aventajados de la clase.

Desde el punto de vista intelectual (y sólo desde ese punto de vista) va a ser divertido ver los apuros del tándem Rajoy-Guindos tratando de evitar el rescate de la economía española; diciendo un día que de ninguna manera habrá rescate, y al siguiente que nuestro rescate no será un verdadero rescate, sólo uno de mentirijillas. Lo van a tener crudo para sacar su incipiente modelo adelante.



sábado, 29 de diciembre de 2012

El rescate de Guindos


Los observadores de la economía española no especularíamos tanto con su posible rescate si el propio gobierno no diera pábulo a ello con continuas vacilaciones. «Ahora no, pero si llega a ser necesario…», parece ser la frase que resume la política de Rajoy al respecto. La última perla es del ministro Guindos, quien acaba de aclarar que, en caso de producirse, el rescate de España «no sería un rescate a la portuguesa». Con todo esto, nuestros inefables mandatarios vienen a querer decir que nosotros no hemos caído tan bajo (ni vamos a caer), que España es un país con fuste y con empaque, «que hace sus deberes», no como Grecia, Irlanda y Portugal, que serían algo así como países de chichinabo.

La realidad es muy otra que la que se nos quiere transmitir. Europa misma ha descartado los «rescates a la portuguesa», por ineficientes; ninguno de los tres países que han sido objeto de ellos ha salido o parece capaz de salir de dificultades. También los ha descartado por excesivamente costosos: esos rescates los pagaba directamente el contribuyente europeo de su bolsillo, y no están las cosas como para seguir pidiéndole dinero. Entre una cosa y la otra, Europa (o mejor la eurozona, porque el Reino Unido nunca ha estado en eso) ha terminado por arrinconar la ortodoxia monetaria que sostuvo con empeño digno de mejor causa hasta agosto de 2012, para dejarse ahora tentar por las virtudes del QE anglosajón; el Quantitative Easing de Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal norteamericana (Fed, para los amigos), política desde muy pronto adoptada también por el Banco de Inglaterra. Muy resumidamente, de lo que se trata con el QE es de prestar dinero a los bancos; mucho dinero y a muy bajo tipo de interés. ¿Para conseguir qué? Los adalides de la política no se hacen ilusiones de que así se restablezca el crédito al sector real de la economía; saben perfectamente que eso depende de la actividad y la actividad necesita un cebo inicial que no puede venir del dinero por sí solo, sino también de unas ciertas perspectivas de recuperación. Y esas perspectivas, sencillamente, no existen. Pero mentes tan prodigiosas esperan que, si los bancos disponen de liquidez hasta salirles por las narices, la prestarán a su vez a quienes estén dispuestos a pagar un interés poco mayor para invertir en Bolsa. La Bolsa siempre es receptiva a la abundancia de dinero, cosa que la economía real no. Y quien dice la Bolsa, dice los mercados de opciones, los contratos de futuros sobre alimentos, de Goldman Sachs, etcétera. Vamos, todo lo que el vulgo identifica con la «especulación financiera». Para resumirlo muy brevemente, se trata de llenar de dinero el bolsillo de los especuladores. Un dinero - todo hay que decirlo - que a los bancos centrales no les cuesta nada crear, porque lo único que tienen que hacer es darle a la maquinita de imprimir billetes, como quien dice. Cuando los especuladores tengan los bolsillos llenos con sus buenas plusvalías bursátiles, consumirán más. Será un consumo de lujo, previsiblemente, pero por algo se empieza. Eso tirará de la economía real, que quizá así se recupere. He descrito el proceso en una entrada de hace meses (La crisis del capitalismo global).

Pero, mire usted por dónde, el Banco Central Europeo, que bajo la severa mirada del ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, se había negado desde el comienzo de la crisis a seguir a Bernanke, ahora, bajo la presidencia de Mario Draghi, ha dado un giro de 180 grados. Después de todo, Draghi trabajó para GS hace años, y proporcionar beneficios al viejo patrón es algo que siempre queda bien entre amigos. Pero más importante es que Alemania desarrolla sus propios esfuerzos por llegar al déficit cero, y no podría conseguirlo si tiene que poner dinero una vez tras otra para sufragar los dos rescates de Grecia, más el de Irlanda y el de Portugal, y ahora otro de España, muy superior a los anteriores. Era la canción de nunca acabar, y Alemania ha optado por cortar por lo sano. Si hay que rescatar a alguien más, será por un procedimiento barato – como darle a la maquinita del dinero – y no exprimiendo todavía más al contribuyente. Y, desde el punto de vista del BCE, que ahora coincide con el de la Fed, nada mejor que matar dos pájaros de un tiro y presentar una medida para llenar de dinero el bolsillo de los especuladores como si de una moderna forma de rescate-país se tratara. Así, la forma elegida para inyectar dinero barato en las finanzas consiste en comprar, en el mercado secundario, deuda del país a rescatar. A esto el BCE lo llama OMT (siglas de Outright Monetary Transactions, en español Transacciones Monetarias en Firme).

Y ahora viene Guindos a explicarnos en tono fatuo que «esto no es un rescate a la portuguesa», como si en cambio fuera resultado de algún mérito de su insustancial política. Lo que me preocupa no es que mienta como un bellaco. Lo que de verdad me aterroriza es que no sepa de qué está hablando.

Otro día explicaré por qué el QE, que ha demostrado de sobra su capacidad de generar beneficios financieros mientras la economía real está parada, es sin embargo una herramienta de utilidad muy limitada a la hora de afrontar los problemas de una economía nacional necesitada de rescate, salvo que ese país sea el emisor de su propia moneda (caso de EEUU y el Reino Unido, pero no de España). Y mi crítica no tiene que ver con el peligro de inflación, que crearían las políticas de QE/OMT, y que es la crítica fácil y sin mordiente de la derecha liberal. Pero, como digo, eso será otro día.



martes, 4 de diciembre de 2012

Plan de choque para la economía española


La resistencia de Rajoy, contra todo pronóstico, a pedir el rescate europeo de la economía española plantea una posibilidad extrañamente favorable. ¿Y si España fuera capaz de pasarse sin firmar odiosos MoU (Memoranda of Understanding, o memorándums de entendimiento) con la Troika? Dentro de unos años, estos momentos de extrema dificultad se verían como un periodo en el que nuestro país habría mostrado capacidad de superar la crisis por sí sola, sin necesidad de ayuda. Sabemos que esto sería falso, en buena medida. Europa ya nos ha rescatado una vez formalmente, mediante el rescate bancario, y casi cuatro veces a través del sistema de pagos interbancario (Target2). Pero evitando el rescate llamado «integral» no se descendería al nivel de humillación a que hemos visto descender a Grecia, Irlanda y Portugal. Sin duda, vale la pena intentarlo.

Propondré mi plan. En primer lugar, no vale de nada hacer como Rajoy; es inútil negarse a ser rescatado por una cuestión de trasnochado orgullo español. Dentro de la política de austeridad, rehusar el rescate no tiene perspectivas. No es cuestión de si sí o sí no, sino de cuándo. Mientras, el país languidece en una depresión cada vez más evidente. Es necesario, por tanto, impulsar el crecimiento y eso no es posible más que aumentando el déficit. Hay, así pues, que repudiar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que nos obliga a continuar reduciendo el déficit hasta 2014 y posiblemente más allá. Tampoco sirve la propuesta de dilatar o modular el ajuste; eso no es más que prolongar la agonía. Si, de conformidad con la marea general que en EEUU presiona para levantar el techo de deuda, Europa acepta suspender la «consolidación fiscal», aunque sea temporalmente, nuestro mayor déficit será financiado con la compra de deuda española por el BCE, como por otra parte ya recomienda hasta Goldman Sachs. Si no se acepta este plan A, habrá que poner en marcha un plan B.

Con independencia de qué plan financiero se pone en marcha, si el A o el B, la clave del éxito en la reducción del déficit depende de qué es lo que lo genera. Si se genera para llenar los bolsillos de políticos corruptos, promotores sin escrúpulos y banqueros, entonces muy mal resultado tendrá la cosa. El mayor déficit tiene que servir para darle un verdadero empujón a la economía, de forma que el crecimiento y, con éste, una mayor recaudación tributaria tiendan a restablecer el equilibrio a largo plazo. Actuaría en dos planos distintos, tanto sobre la oferta como sobre la demanda. Políticas de oferta, por sí solas, no producen un aumento del output efectivo, por mucho que aumenten el output potencial. Políticas de demanda, por sí solas, si topan con un output potencial muy bajo, provocan inflación más que aumento de producción. Por tanto, el objetivo es utilizar el déficit para actuar simultáneamente sobre la oferta y demanda agregadas, en los siguientes ámbitos:

1) Transferencia a los Presupuestos Generales del Estado de los gastos de la Seguridad Social, tanto de pensiones como de los que financian la sanidad y los diferentes subsidios de desempleo. El resultado será la desaparición total o parcial de las cotizaciones de empleador y empleado a la Seguridad Social y la conversión del actual sistema de pseudo capitalización en un sistema de reparto. Puesto que no va a haber aumento alguno de impuestos – no puede haberlo en esta situación – la transferencia a los PGE tendrá por efecto el aumento del déficit.

2) Reducción del IVA.

3) Creación de un «banco malo2», para adquirir las primeras viviendas que vayan entrando en mora de sus pagos hipotecarios, a un precio que sea igual al principal no provisionado por el banco, con objeto de encontrar las soluciones que sean oportunas para que los ocupantes no sean desahuciados.

Esto es lo que hay que hacer. Se puede hacer en mayor o menor medida. El choque puede ser más fuerte o más débil. Se puede efectuar la conversión del sistema de capitalización en otro de reparto de una sola vez o en un proceso gradual; y, de igual modo, el IVA se puede reducir en más o menos puntos porcentuales. La medida en que las actuaciones puedan llevarse a cabo es asunto que depende de la prudencia y, probablemente también, del resultado de una negociación con la UE y el BCE, si éstos tienen que financiar en todo o en parte el déficit que se genere.

Lo que es irrenunciable es que la «austeridad», o sea, la política combinada de recortes en el gasto y aumentos de impuestos, se suspenda de inmediato y, en la medida de lo posible, se dé marcha atrás en ella. Un aumento del gasto no tendrá efectos tan beneficiosos sobre la actividad y el empleo como una reducción de impuestos (sobre todo, los que gravan el consumo) y las cotizaciones sociales (que gravan el empleo). La reducción de impuestos sobre el consumo facilitará, además, el desapalancamiento de las familias, al reducir el gasto para un nivel de consumo dado; el mismo efecto tendrá el rescate de familias hipotecadas. Y la reducción de cotizaciones sociales actuará como motor de devaluación interna, con los consiguientes efectos de fomento de exportaciones y sustitución de importaciones.

Probablemente, lo más adecuado sería intentar una reducción paulatina de la carga fiscal indirecta y sobre el trabajo. Unos cuantos puntos porcentuales en el IVA y en las cotizaciones sociales, de forma que la reducción en los tipos fuera pagándose a sí misma con la ampliación gradual de la base imponible gracias al aumento del consumo y del empleo. Y si la evolución fuera favorable, aumentar la intensidad sin prisa, pero sin pausa.



miércoles, 31 de octubre de 2012

Una buena noticia económica


Diversos indicadores venían apuntando la posibilidad de que se estuviera produciendo un cambio positivo en los datos económicos. Hoy voy a centrarme en uno de tales indicadores que, precisamente, ha venido en estos días a reforzar esa impresión. Se refiere a un aspecto particularmente técnico de la pertenencia de España a la zona euro, así que no tengo más remedio que intentar explicar de qué se trata, con las palabras más sencillas que puede encontrar.

Cuando ordeno una transferencia desde mi banco al de un proveedor, si los dos operamos con bancos españoles, el primero «envía» el dinero al segundo a través del Servicio de Liquidación de Depósitos Interbancarios (SLDI), que es el nombre que recibe el Servicio de Liquidación del Banco de España (SLBE) desde su integración en la infraestructura transeuropea de transferencias interbancarias que se denomina Target2. Mi banco carga la transferencia en mi cuenta y el SDLI carga el importe en la cuenta de mi banco para abonarla en la del banco de mi proveedor y éste en la de su cliente. Pero esto, merece repetirse, ocurre sólo cuando ambos bancos son españoles. ¿Qué pasa cuando el mío es español pero el de mi proveedor es de otro país de la zona cubierta por Target2, que incluye a la UE y a otros países como Suiza, Islandia y Noruega? Entonces no hay verdadera transferencia de fondos. Mi banco me carga a mí, el Banco de España carga a mi banco, el Banco de España aparece deudor del Banco Central del país en cuestión, éste abona al banco de mi proveedor y el banco de mi proveedor abona a su cliente. En vez de verdadera transferencia de fondos hay un reconocimiento de deuda del Banco de España a favor del Banco Central de otro país europeo.

Cuando uno observa las estadísticas que describen este asunto, se aprecia que, hasta 2006, las cuentas asociadas tenían saldo cero. Esto lo interpretamos como que entonces funcionaba el mercado interbancario europeo. No había deuda de unos bancos centrales con otros porque los bancos privados se prestaban día-a-día los saldos resultantes de tales movimientos. Pero tras el verano de 2007 el interbancario se bloqueó, y el Banco de España apareció en el conjunto de ese año como deudor por importe de 3.275 millones de euros, tal y como se refleja en el cuadro siguiente:

Lo que ocurrió es que el interbancario europeo se cerró y entonces los bancos centrales de los países con déficit tuvieron que salir fiadores ante los bancos centrales de los países con superávit, para evitar la parálisis del sistema de pagos intereuropeo. A partir de ese momento, la deuda del Banco de España en Target2 ha crecido de forma exponencial, hasta totalizar casi 175.000 millones de euros a fines de 2011. A lo largo del presente año, ha crecido incluso más rápidamente, hasta superar 400.000 millones de euros a fines de septiembre de 2012. De esa cifra, por supuesto, hay que deducir la deuda de otros bancos centrales con el de España (los de Grecia y Portugal, presumiblemente), que asciende a 50.000 millones de euros. El endeudamiento neto del Banco de España en el seno de Target2 asciende, así pues, a 350.000 millones de euros, lo que viene a significar que, sin los 100.000 millones comprometidos en junio, Europa ya ha rescatado otras 3 veces y media al sistema bancario español.

Hay, inevitablemente, una reflexión sobre la oportunidad de la ofensiva del gobierno en Europa a favor de la unión bancaria. Cuanto más se insiste en este tema, más se puede estar poniendo la soga al cuello de España. Porque no hace falta ser un lince para comprender que la unión bancaria exigirá un mecanismo de transferencias bancarias que se aproxime más a lo que ocurre entre bancos españoles que a lo que ocurre entre un banco español y uno que no lo es. Por pura lógica. Pero eso significará, indefectiblemente, que Target2 deberá ceder paso a un nuevo sistema de pagos, que no se pondrá en marcha sin antes haber ajustado las cuentas del propio Target2. Lo cual traerá consigo, con toda probabilidad, la conversión de la deuda del Banco de España en algún tipo de deuda soberana. En resumen, el riesgo es vernos devolviendo una deuda de 350.000 millones, con mucha suerte, a 15 años y al 1,5%. Sin duda, muy buen negocio para forzar la recapitalización directa de la banca.

Pero esos pequeños temores no deben empañar un gran motivo de satisfacción, a saber, que la deuda del Banco de España en Target2 se redujo en septiembre comparativamente a la de agosto en 34.000 millones. Que es el dato positivo que yo quería resaltar.



jueves, 4 de octubre de 2012

Las cuentas del banco malo


Ya puede uno empezar a hacerse una idea de qué es lo que hay detrás del famoso «banco malo», convertido en los últimos meses en pieza clave de la reforma financiera después de que banqueros y ministros – también éstos de ahora – lo descartaran como solución a la crisis. Tomando bits de información aquí y allá y componiendo una especie de rompecabezas, se llega a vislumbrar el siguiente panorama.

El punto de partida son los 100.000 millones de euros del rescate bancario, acordado en junio por las autoridades comunitarias y de la eurozona de conformidad con España. Esos 100.000 millones son una cifra máxima y el FROB será el organismo encargado de gestionarlos por delegación del Estado. La segunda pieza es el informe de Oliver Wyman, que se conoció el pasado 28 de septiembre y que cifra las necesidades de recapitalización de la banca en unos 59.000 millones, que con las fusiones y absorciones en marcha podrían quedar en 54.000 millones. Algunos de los bancos necesitados de recapitalización, muy señaladamente el Popular, han manifestado su intención de obtener los recursos necesarios a través del mercado, o sea, sin necesidad de apoyo público. Se estima – aunque a mí me parece optimista – que eso reducirá las aportaciones del FROB a unos 40.000 millones, de los que 24.000 son lo que necesita Bankia. El gobierno, por boca de su ministro De Guindos, se ha felicitado repetidamente por este resultado, que reduce notablemente el recurso a fondos europeos por debajo de lo previsto en junio. «En vez de un incremento de la deuda superior al 9%, como estaba previsto, esto supondrá uno inferior al 4%», se le ha oído decir.

Una primera percepción de estas cifras y de la reacción del gobierno es 1) que la operación Oliver Wyman se ha orquestado para sacar las castañas del fuego a Bankia, toda vez que los recursos asignados por el gobierno a otras entidades (menos de 16.000 millones) parecen irrisorios a estas alturas; y 2) que la clave de la reforma del sector radica en la puesta en marcha del famoso «banco malo». Ahora bien, el gobierno quiere una importante participación de inversores privados en la financiación del «banco malo», debido a que no desea que esa financiación repercuta en mayor deuda soberana. Loable pretensión, pero debería añadirse «excesivamente», para dejar la oración así: «porque no desea que esa financiación repercuta excesivamente en mayor deuda». Es evidente que hará falta mayor deuda. El propio gobierno ha declarado que el objetivo es lograr un 55% de inversión privada en la capitalización de la sociedad de gestión de activos, o sea, del «banco malo». Lo cual deja otro 45% a cargo del FROB o de quien fuere que aporte los fondos públicos (aunque estoy convencido de que será el propio FROB).

Por otra parte, De Guindos ha dicho que el «banco malo» no gestionará inmuebles de valor inferior a 100.000 euros (¿en los libros del «banco bueno» o en los del «malo»?) ni préstamos inferiores a 250.000 euros (ídem de ídem). Según algún experto en la materia, eso dejará fuera de la operación al 36% de los «activos tóxicos» de la banca (¿en número o en saldo vivo?). Otra estimación que se ha manejado estos días es que el valor en libros, agregado, de los «activos tóxicos» de la banca española asciende a 260.000 millones de euros. Finalmente, la banca exige que la adquisición de los activos por el «banco malo» no se haga a precios muy por debajo del actual (¿saldo vivo de la deuda o descontadas las provisiones que se haya dotado?).

Las cuentas son las siguientes. Si el 36% queda fuera, el 64% queda dentro: el conjunto de los activos sobre los que operaría el «banco malo» ascendería a unos 166.000 millones de euros. Si el «banco malo» tiene que hacerse cargo del 45% de ese valor, resultan unos 75.000 millones de euros. Si se efectúa una rebaja del 10% sobre el valor en libros de esos activos – algo que tendría que ser calificado de muy generoso por la propia banca – las obligaciones de pago del «banco malo» ascenderían a unos 58.000 millones. Como el rescate bancario asciende a 100.000 millones y 40.000 de ellos están asignados a recapitalizaciones, restan 60.000 millones que dan justita, justita la capitalización del «banco malo».

Juzgue cada cual la credibilidad que le merece este esquema. A mí me parece cogido con alfileres.



miércoles, 26 de septiembre de 2012

La economía española, de mal en peor


Ésta está siendo una semana aciaga para la economía española. Hoy, el Banco de España ha dado a conocer una caída del PIB del 1,3% en junio, a la que suma la previsión de una nueva y «significativa caída» del mismo indicador en el trimestre que termina en septiembre. Y ayer, en un encuentro a tres bandas en Helsinki, los ministros de Finanzas de Alemania, Holanda y Finlandia amenazaron con dar marcha atrás del acuerdo sobre el rescate de la banca española, pactado en junio. En peor momento, imposible: el viernes las auditoras publicarán las necesidades de recapitalización de los bancos españoles. Sobre lo primero, poco hay que añadir. Es evidente que la causa estriba en la política de austeridad del gobierno, añadida a la recesión global.

Menos evidente es lo que motiva lo segundo. El acuerdo de junio incluía, aparte de un máximo de 100.000 millones de euros para la banca española, la decisión de crear una autoridad supervisora de la banca europea en su conjunto. Tras señalar que la autoridad supervisora no estará en funciones a comienzos de enero, como se acordó, ahora Alemania vincula los dos términos del acuerdo: si no hay autoridad supervisora, no habrá rescate bancario. Más claro, agua. La explicación alemana es la siguiente. Si no hay autoridad supervisora, el control del cumplimiento de las condiciones impuestas a cada entidad recaerá sobre autoridades nacionales. Y las autoridades nacionales fallaron por dos veces consecutivas en la realización de los stress-tests de 2010 y 2011, que dieron excelentes resultados para bancos que ahora hay que rescatar.

Aún hay más. En las últimas semanas, Alemania ha pasado a pensar que es preferible el rescate del Estado al rescate bancario. Por tanto, lo que busca es que Rajoy, no contando con el dinero para los bancos dé su brazo a torcer y pida el rescate del Estado. ¿Por qué este cambio de opinión? Yo no descartaría, incluso, que se tratara de una estrategia para quebrar el «orgullo español», al que los medios germanos estuvieron durante meses atribuyendo la resistencia a pasar por el aro. Se trate o no de una estrategia, los motivos están claros. Alemania y otros países financieramente fuertes están hartos de la estulticia de este gobierno. Las afirmaciones de Rajoy, en rueda de prensa, de que en todo caso era él quien había presionado para llegar al acuerdo sobre el rescate bancario, dieron a muchos que pensar que es un imprudente y a otros que quizá tenía razón y había engañado a los demás europeos. Un efecto absurdo, dada la posición de España, en cualquier caso. Después, este gobierno alardea de gestos, claramente electoralistas (como la prometida subida de las pensiones), que no se permitiría a un país rescatado. Los europeos de un país u otro no verán con agrado que con su dinero se dé a los españoles mejoras de que carecen aquéllos.

La idea de que Rajoy, a despecho de sus continuas afirmaciones en contrario, es un insensato se abre paso con fuerza en la escena internacional. Ahora Rajoy se va a Nueva York a pedir que España vuelva al Consejo de Seguridad de la ONU como miembro no permanente. ¿Es que no tiene suficientes problemas en casa, de manera que le sobra tiempo para pensar con detenimiento los graves problemas de la política mundial? Pues es evidente que no va a pensar a fondo ni unos problemas ni los otros. Esto no es más que ese sentido común del que tanto presume Rajoy. Dime de qué alardeas y te diré de qué careces. ¿En qué piensa el presidente español?, se preguntan los dirigentes políticos y financieros del mundo y sobre todo de Europa. Y empieza a adivinarse que no piensa nada, que no tiene nada en mente, que es un cabeza hueca. Y es el segundo en cuatro años. Europa sospecha ya que España no es capaz de elegir, para mandarla, más que botarates. Si es así, lo oportuno será intervenirla cuanto antes y convertirla en un protectorado europeo.



domingo, 2 de septiembre de 2012

Por qué el rescate no se hará esperar


A perro flaco, todo se le vuelven pulgas. El empeño de Rajoy en no pedir el rescate, que aquí ahora se llama «integral» (en inglés bail-out), de España se topa cada vez con mayores dificultades. Ahora son sus aliados fundamentales en esta peripecia, aquéllos por los que lo ha dado todo sacrificando lo que sea y a quien sea, los bancos, quienes parecen abandonarlo. Pero los bancos no tienen opción. Pese al rescate bancario pactado semanas atrás y – hay que decirlo – que el gobierno está instrumentando a paso de tortuga acorde con la velocidad de la sangre en las venas del presidente, los bancos españoles pierden depósitos a velocidad de vértigo. Sólo en julio pasado, la banca española perdió 74.000 millones de euros, o un 4,7% del total de sus depósitos, con lo que lo perdido desde junio de 2011 asciende a 233.000 millones, o el 13,4% de lo que entonces había. Son datos del Banco Central Europeo (y alguna elaboración mía). Si yo fuera un pelín monetarista, aunque sólo fuera un pelín, pensaría que esta contracción monetaria se une a la consolidación fiscal a la hora de agudizar la recesión que tenemos encima. El problema es que en el gobierno no parece haber quien tenga la menor idea de qué es una contracción monetaria y cuáles son sus efectos.

Vamos a la reacción de la banca ante la pérdida de depósitos. Los bancos de la eurozona están obligados a mantener el 2% de sus depósitos en forma líquida, esto es, en forma de dinero emitido, de una forma u otra, por el Banco Central Europeo. Cada vez que un depositante retira 1 euro, el banco tira bien de su exceso de reservas (si está por encima del 2%), bien de sus reservas obligatorias, lo que significa que tiene que reponerlas de inmediato. La forma de reponer reservas líquidas es vender otros activos, menos líquidos que el dinero. Los bancos españoles no pueden obtener liquidez de los préstamos hipotecarios y otras inversiones, que son invendibles y cuya realización es muy lenta. La vía rápida es vender deuda pública, para la que hay un mercado muy líquido. Parece que la banca española, ante la retirada de depósitos, y una vez agotado su exceso de reservas, ha tenido que reponer reservas obligatorias vendiendo deuda soberana de España.

Es difícil exagerar el contratiempo que este cambio de orientación supone para la situación financiera del gobierno. Desde noviembre de 2011, no hay inversores extranjeros que pujen en las subastas de deuda española. Sólo la banca española lo hace, dados los condicionantes políticos y el pacto de Estado que existe entre el gobierno y la banca; de ahí el especial interés del gobierno en apoyarla, caiga quien caiga. Pues bien, entre diciembre de 2011 y abril de 2012, la banca española ha adquirido 87.000 millones de deuda soberana de España; en buena medida, gracias a las grandes subastas de dinero llamadas «3-yr LTRO», en la jerga del BCE. Pero, tras dos de esas subastas, el BCE no ha vuelto a anunciar ni siquiera planes de una tercera. Para reponer reservas líquidas, por tanto, la banca española no ha tenido más remedio que vender deuda soberana de España, por primera vez en nuestra historia reciente. Unos 17.000 millones desde mayo, y 9.300 millones sólo en julio, siempre según datos del BCE. O sea, que el proceso, tanto en pérdida de depósitos como en venta de deuda, se acelera.

Así se explica, con datos estrictamente financieros, el «pico» en la prima de riesgo de España, al superar los 500 puntos básicos y en algunos momentos los 600; zona de peligro de la que no hemos salido todavía ni, previsiblemente, vamos a salir. Lo que ha ocurrido es que, hasta abril, la banca española compraba deuda en el mercado secundario, lo que mantenía la prima en niveles altos pero aún no alarmantes. Ahora la banca española vende en vez de comprar. ¿Y quiénes compran ahora la deuda? Especuladores. Son especuladores los que compran, con una prima muy alta, esperando que la situación mejore: compran deuda barata para venderla cara. Son quienes especulan, digamos, a favor de España. ¿Les daremos las gracias, después de habernos metido con ellos cuando ocurría al revés? Claro que no. Lo hacen para ganar dinero, como antes. Sólo que unas veces nos perjudica y otras nos favorece, como ahora.

El verdadero problema, en este momento, no está en los que compran, sino en los que venden, los bancos españoles. Y no lo hacen para ganar dinero, sino porque están con el agua al cuello. De hecho, podrían estar registrando importantes pérdidas, si compraron la deuda a un precio y la tienen que vender ahora a otro que les perjudica. Pero no tienen más remedio porque se trata de cumplir con una regulación europea. Los obliga a ello la retirada de depósitos. Y lo que es peor, el reloj avanza. Y lo hace para todos. El gobierno puede esperar una subida considerable de los intereses en la subasta prevista para el próximo jueves. Puede que hasta se invierta la relación subastas/mercado secundario. Hasta ahora las subastas eran más favorables que el mercado secundario. Ahora puede ocurrir lo contrario. De otra forma, los bancos españoles podrían entrar en pérdidas milmillonarias, y lo que se los recapitalice con el gran rescate bancario de 100.000 millones, se acabará yendo por el desagüe con la pérdida de depósitos vía reventa con pérdidas de deuda pública. Precisamente para evitar que el rescate bancario sea una filfa, puede llegar a ser inevitable el rescate «integral».

¿Y qué hace mientras tanto Rajoy, aparte de jurar y perjurar que lo que ha hecho lo hizo porque era necesario? Nada, sencillamente, esperar. Espera que los socialistas franceses le saquen las castañas del fuego. Que el BCE nos rescate sin necesidad de pedírselo. Que nos haga un bail-in, como siempre, por nuestra bella cara. Porque hay que premiar al que hace los deberes. Porque España es muy importante para Europa. Porque si caemos nosotros, caerá el euro. Y todas esas zarandajas propias de políticos que no están a la altura de la emergencia que atravesamos.



jueves, 30 de agosto de 2012

Aires de crisis en la eurozona

La crisis de la deuda soberana, de la que España, junto con Grecia, es uno de los epicentros, está a punto de dar una nueva vuelta de tuerca. Dos claros indicios apuntan al aislamiento político de la conservadora Alemania. Por una parte, la lentitud en decidir la separación, expulsión o como se le quiera llamar, de Grecia de la eurozona. Por otra, la más que ostensible divergencia entre la dirección del Banco Central Europeo y el Bundesbank, o por personalizar, entre Draghi y Merkel. Los dos indicios marcan una fisura que amenaza con resquebrajar hasta el tuétano a la eurozona. Francia, es decir, Hollande se convierte así en el árbitro de la situación.

Algunos creen que no se puede echar a Grecia, o para el caso, a ningún otro país del euro. Ilusos. Claro que es posible, y además muy fácil. Pero el BCE tiene que querer, y en este caso parece que no quiere. Para echar a Grecia, le basta al BCE con excluir a la deuda griega de la lista de activos de garantía utilizables en las operaciones habituales del Eurosistema; así, Grecia queda de facto fuera del euro. ¿Y esto se puede hacer? Naturalmente que se puede, y el BCE debería haberlo hecho hace meses, si no años, dada la baja calificación crediticia de esa deuda. Pero no se ha hecho por motivos políticos, con los que Alemania comulgó en su momento, y esa comunión se vuelve contra ella ahora. Este verano, se ha empezado a reconocer que el problema de Grecia es de calidad de su democracia, mucho más importante que el de la calidad de su crédito. Y que la calidad de la democracia griega no mejorará sino que previsiblemente empeorará en cuanto Grecia salga del euro. Y, todavía más importante, que Europa entera pagará las consecuencias de una evolución de Grecia hacia totalitarismos de un signo u otro.

El segundo problema es el de España. Draghi ha protagonizado una propuesta este verano, consistente en la compra masiva de deuda española para contener y rebajar la prima de riesgo. Simplemente, el anuncio de esa nueva política, prevista para septiembre, bajó la prima de riesgo desde bastante por encima de 600 puntos básicos a los poco más de 500 en que se sitúa ahora. Pero incluso esta última cifra resulta excesiva. De los anuncios hay que pasar a las realidades. Y se ha desatado una lucha sorda entre Draghi y el Bundesbank, que es trasunto de la negativa de Alemania a relajar la disciplina que se exige a los rescatados.

Uno no puede dejar de ver la mano del socialista Hollande en el pulso general que están echando Draghi y Merkel. En los dos asuntos en que chocan, Draghi defiende la posición que a priori se atribuiría al francés, de modo que lo lógico es pensar que el italiano se muestra fuerte porque se siente respaldado. Estamos, así pues, ante el cambio de clima general que algunos pronosticaron tras las presidenciales francesas. Pero, más que nada, Alemania paga ahora la crisis interna que sufrió a comienzos de 2011, cuando el presidente del Bundesbank, y candidato a suceder al francés Trichet al frente del BCE, Axel Weber, se enfrentó públicamente a Merkel defendiendo la misma postura que ahora defiende la canciller. Entonces, Merkel quiso hacer política europea para contrarrestar el terreno que le estaba ganando la oposición socialdemócrata, y obligó al presidente del Buba a dimitir antes de tiempo, con lo que Alemania perdió sus opciones a la presidencia del BCE. Más tarde, en junio, a la canciller debió de parecerle que el currículum de Draghi en Goldman Sachs era suficiente aval para contar con él en los momentos difíciles. Está claro que se equivocó.

No diría yo que Merkel ha perdido ya la partida, sin embargo. Es el más peligroso «animal político» de la Unión Europea. Sabe que si ahora se deja arrinconar, perderá las próximas generales de su país ante una cada vez más crecida oposición socialdemócrata. Sabe, además, que puede contar con el apoyo incondicional (o casi) de Austria, Finlandia y Holanda. Y sabe, sobre todo, que Hollande, es decir, Francia no tiene alternativa al eje franco-alemán. Dispone de unos cuantos meses, quizá sólo de unas semanas, para encontrar la forma de poner a Hollande entre la espada y la pared, dándole claramente a elegir entre Alemania y esas veleidades. Si logra hacerlo, todavía la veremos levantar cabeza y hacerse de nuevo con el liderazgo europeo, justo a tiempo de plantar cara a los socialdemócratas para disputarles el triunfo electoral el año que viene.

Y mientras aquí, el amigo Rajoy se mantiene quieto, enconchado y cruzando los dedos para que el socialista, o mejor los socialistas, tanto franceses como alemanes, le ganen la partida a su correligionaria, a la que pese a todo su buen sentido y toda su sensatez, no ha logrado convencer. ¿De qué? De nada, en realidad. El problema de Rajoy es que no tiene otra cosa que ofrecer que sensatez y buen sentido… vacíos de todo contenido concreto. Espera sin duda poder vender ese humo a buen precio a los tontos de los socialistas, que seguro que se lo querrán comprar enternecidos ante la deprimente visión de seis millones de parados.



domingo, 29 de julio de 2012

España, rescatada


Finalmente, las cosas terminan por ser como es lógico que sean. Toda la polémica, sobre si los 100.000 millones de Europa para la banca eran un rescate o no, ha enmarañado el asunto hasta tal punto que la propia Europa dudaba de si Rajoy y su gobierno le habían metido un gol o si, simplemente, se engañaba a sí misma. Los mercados, a su vez, recelaban de la solución adoptada; de ahí la escalada de la prima de riesgo y los repetidos batacazos de la Bolsa. La cuestión se ha zanjado con las declaraciones del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, esta semana. Ha dicho que hará lo que haga falta para salvar al euro, y otra cosa aún más importante: ha dicho veladamente que el miedo creciente a la ruptura del euro justifica plenamente su intervención, incluso por encima del hasta ahora sacrosanto objetivo de mantener la inflación en el límite fijado en Maastricht. Por fin, parece que el BCE ha encontrado algo que le importa más que el 2%.

A buen entendedor, las palabras de Draghi juegan con la ambigüedad, y no juegan con ella. Juegan con la ambigüedad porque no dice cuánta deuda (española e italiana, sobre todo) va a comprar por intermediación del fondo europeo de rescate, sino sólo la que haga falta; incluso si al final no tiene que comprar nada, mejor que mejor. Incluso si alcanza sus metas sin necesidad de poner un euro, habrá demostrado todo su poder, la capacidad de domar a los mercados a golpe de declaraciones, cual Júpiter tronando desde el Olimpo. En esto, la «tecnología» de los rescates muestra lo que ha aprendido Europa en los últimos dos años. Pero sus palabras no juegan con la ambigüedad desde el momento que, sólo para facultar al fondo europeo de rescate a comprar deuda soberana, los países cuya deuda se adquiera deberán firmar un nuevo tipo de MoU (memorandum of understanding = memorando de entendimiento), que desgranará, exigencia a exigencia, la condicionalidad macro y microeconómica a que dichos países se verán sometidos. Esto de la condicionalidad micro se había visto por primera vez con la banca española. Ahora tendremos oportunidad de verlo en todos los sectores que vengan a cuento.

El gobierno español vive los últimos días de soberanía nacional. Ya sé que es una soberanía recortada en extremo, pero continúa siendo soberanía. Por ejemplo, el gobierno ha podido ignorar a los mineros del carbón, pese a sus largas marchas y contramarchas, y pactar, en cambio, con los taxistas apenas se han movilizado un poco. ¿Por qué? Es evidente el porqué: los taxistas votan en masa al PP y, por el contrario, entre los mineros el partido del gobierno no debe de recabar un solo voto. Poco más o menos. A uno le podrá gustar o no gustar, pero el PP ha logrado el gobierno democráticamente: eso es soberanía nacional.

Pero en cuanto el gobierno firme el nuevo MoU, y las cosas han llegado a un punto en que no podrá decir que no lo firma, ni regatear una sola exigencia, ya no podrá permitirse esas veleidades. No podrá regatear una sola exigencia de las que se le imponga porque lleva semanas pidiendo a gritos que el BCE compre deuda “para salvar al euro”, por aquello de que “si cae España, cae el euro” y de que “hace falta más Europa para salir de la crisis”, etcétera, etcétera. ¿Cómo va a regatear ahora condiciones necesarias para salvar a Europa? Y no podrá permitirse veleidades como contentar a los taxistas porque, si se ha determinado que la liberalización del taxi es una de las reformas estructurales que hay que acometer, Europa no querrá entender que se ceda ante su protesta por motivos electorales ni de ninguna otra clase. Se acabó la soberanía nacional. España se va a poner a la cabeza en lo de «hacer Europa». El gobierno español está por convertirse en piloto automático operado desde el control de vuelo de Francfort y Bruselas. Justo premio a la diplomacia económica de ZP-Salgado y Rajoy-Guindos, con arreglo a la cual hemos sido los alumnos más disciplinados de la clase a la par que los más torpes en conseguir resultados.

Pero todo eso el gobierno, seguramente, ya lo sabe.



martes, 12 de junio de 2012

Lo que nos dice la prima de riesgo


Ayer fue un mal día en los mercados, peor de lo que pueda parecer a simple vista. El fin de semana pasado, la eurozona (y de rechazo el conjunto de la Unión Europea, sin haber sido consultada) se había embarcado en un esfuerzo sin precedentes por dar una solución definitiva a la crisis financiera antes de las elecciones griegas, con el compromiso de prestar hasta 100.000 millones de euros para la reforma estructural del sistema bancario en España. El experimento era crucial; se trataba de un «rescate» no convencional, si por convencional entendemos los que han tenido por objeto Grecia, Irlanda y Portugal. Tan es así, que la troika (el trío de técnicos de la UE, el BCE y el FMI encargados de vigilar el cumplimiento de las condiciones pactadas, Memorandum of Understanding o MoU) no quería ser llamada troika en esta ocasión. Realmente, no hace falta: Montoro ya los ha rebautizado castizamente como los «hombres de negro». Ayer, los mercados tenían que reaccionar a esta aparatosa escenificación, y la reacción fue pobre. La prima de riesgo volvió a situarse por encima de los 500 puntos básicos. Hoy, todo son explicaciones del hecho. Que si las condiciones no están claras, lo que es cierto; que si la política europea pierde credibilidad a velocidad de vértigo, lo que también. Pero nadie da, a mi juicio, en el clavo. Nos hemos autoconvencido de una manera tan firme de que hablar del «contagio» es una forma de echar balones fuera, que somos incapaces de reconocer el verdadero contagio cuando lo tenemos delante de las narices. En Twitter pronostiqué el resultado de la prima de riesgo el domingo. Dije que ni bajaría como esperaba el establishment ni se iría a la estratosfera como en los rescates convencionales; que se quedaría sobre 500, y sobre 500 está. Sospecho que se mantendrá, con cierto crecimiento, no demasiado intenso (no a 1200 y cosas así, como los rescatados antes), hasta las elecciones griegas. Estamos en un compás de espera. El riesgo ahora es, justamente, el contagio de Grecia.

Christine Lagarde, directora-gerente del FMI, ha dicho que se dispone de tres meses para salvar el euro. Vuelve a equivocar el tiro. El euro, como proyecto monetario transnacional, no corre verdadero peligro. El peligro es que el euro escupa a una serie de países que no cumplen los requisitos para estar en esa clase de moneda común. Lo señalé hace unas semanas, en una entrada de este mismo blog, sólo que escrita en inglés. Ahora lo repito en castellano. El euro se basa en una teoría económica, formulada hace décadas por Robert Mundell, premio Nobel de Economía en 1999. Lo que Mundell dijo es que una moneda común tan sólo se puede sostener en lo que llamó una «zona monetaria óptima». Con esto, quería significar un territorio donde sea posible realizar determinados ajustes de productividad. Cuando una parte de la zona pierde competitividad frente al resto, hay que ajustar salarios (lo que ahora se llama «devaluación interna») o tiene que producirse emigración. Una tercera posibilidad es que una política fiscal común retrase el ajuste, pero al precio de elevadas tasas de desempleo en la parte menos competitiva. Resulta que España es el ejemplo claro de pérdida de competitividad en una zona monetaria (es claro frente a Alemania), pero los mecanismos de ajuste no funcionan o funcionan lentamente. Determinada fiscalidad (sanidad y educación públicas) sostiene a la sociedad a pesar del desempleo. Entonces, se entra en la «consolidación fiscal», o sea, la reducción drástica del déficit vía gasto público, para forzar el ajuste. Pero la cosa sigue sin funcionar. Lo único que ocurre es que aumenta el desempleo. Es más, el desempleo aumenta aunque las cotas de devaluación interna son apreciables. Conclusión: la zona monetaria es subóptima, y la moneda común difícilmente se podrá mantener sobre ella.

España no es Grecia, por descontado. Pero ocurre que, por una confluencia planetaria, por otro nombre destino, han venido a coincidir un test crucial para la eurozona, en la solución de los problemas de España, y un problema político de otro orden, que podría terminar en la expulsión de Grecia de la eurozona. La salida de Grecia está cantada, prácticamente, pero ahora la cuestión es cómo digieren los mercados este trauma. Y mi tesis es que, si los mercados han asimilado y comparten la teoría de las zonas monetarias óptimas, como creo que la comparten, habrán llegado a la conclusión de que la reforma bancaria en España, por importante que sea y por mucho dinero que Europa invierta en ella, no es suficiente para transformar la zona monetaria, de subóptima, en óptima.

A partir de aquí, todo lo demás es sencillo. Si el euro debe sobrevivir, y por supuesto que Alemania y Francia, por encima de diferencias ideológicas y personales, se encargarán de que sobreviva; si la eurozona debe sobrevivir, repito, tendrá que ser a costa de expulsar de su seno a los países que impiden que sea una zona monetaria óptima. Y si Grecia sale ahora, o en unas semanas, los mercados entenderán que el proceso de expulsión ha empezado y que no parará hasta que la eurozona puede considerarse «óptima». En otras palabras, la salida de Grecia será tomada por los mercados como señal de la inmediata salida de Portugal, quizá Irlanda, bien seguro que España, y habrá que ver si también Italia. Y, en reacción lógica a esa expectativa, empezarán procesos «especulativos» (pero enteramente naturales) contra la deuda soberana de esos países. El mantenimiento de la prima de riesgo española en niveles de «prevengan» anticipa estos movimientos. Si gana la izquierda en Grecia, la prima de riesgo española subirá sensiblemente de nivel. Y si Grecia sale finalmente del euro, la prima de riesgo española se disparará a niveles de rescate convencional.



lunes, 11 de junio de 2012

Pasta gansa para España


Estas cosas siempre son un disparate. Europa pone 100.000 millones de euros para arreglarle el cuerpo a la banca española, y el asunto no puede salir bien. Y no puede salir bien por un error (o quizá no tan error) de concepción. Estamos en el capitalismo. Aquí cada cual se tiene que buscar la vida, y el que no la encuentre, al hoyo. Eso vale para los bancos tanto como para todo lo demás. (Bueno, quizá no tanto para los bancos, porque son tan importantes, ¿verdad?).

Supongamos que sale bien. Supongamos que los miles de millones se reparten «equitativamente» entre los bancos, y que éstos ponen su parte (¿de dónde, dejando de pagar dividendos una temporada a los accionistas?) hasta reunir los 170.000 millones en que se estima el agujero del ladrillo español. Estupendo, ya tenemos unos bancos reflotados a tope… y listos para competir y quedarse con todo lo que puedan del pastel del mercado único de servicios bancarios de la Unión Europea. ¿Qué pasará, previsiblemente? Que los bancos de otros países levantarán el dedito para decir: «Yo también quiero». De algún modo, la eurozona se ha juramentado, con este rescate, a poner en marcha la famosa unión bancaria, cualquiera que sea la naturaleza de ésta, cosa que nadie conoce más allá de alguna obviedad, como que tiene que haber un supervisor único, un fondo de garantía de depósitos único y detalles así, que conoce cualquiera de mis alumnos de 5º de Administración y Dirección de Empresas. Luego la eurozona se ha metido en un callejón sin salidas laterales, que no sabemos a dónde la va a llevar.

A continuación, está la postura que pueda adoptar el Reino Unido, que no es miembro de la eurozona, que pagó en su momento de su bolsillo el rescate de sus bancos, y que se puede ver (se verá) perjudicado por ayudas públicas a un competidor de la Unión Europea. Ahí, la UE está abocada a una negociación que puede ser tan larga como la de principios de los años ochenta del siglo pasado, y que concluyó con la aprobación del «cheque británico». Sólo que ahora el Reino Unido va a contar con aliados como Polonia, Austria, Holanda y Finlandia. Y aunque no somos más pobres que hace treinta años, tenemos mucha menos riqueza en forma líquida, lo que dificulta el pago de cualquier cheque.

Y está la cuestión de España. España, ese país de baja productividad que, sin embargo, siempre se las arregla para recibir un trato de favor excepcional. Para que nos hagamos una idea, entre 1989 y 2006, España recibió unos 200.000 millones de euros en dinero de fondos europeos, mientras que el segundo país más beneficiado fue Italia, con unos 70.000 millones recibidos desde 1957. O sea, primeros, con el triple de beneficios que el segundo. Gracias a eso tenemos más autovías que nadie (excepto Alemania) y más tren de alta velocidad que nadie (incluida Alemania). Resulta que nos metemos en el fiasco del ladrillo ¿y tiene que venir Europa también a sacarnos del atolladero? No sorprende que algunos países afilen sus cuchillos, para cortarnos el cuello si pueden. Puñetera envidia, claro está. Y, para colmo, el pánfilo de Rajoy viene a presumir de que poco menos que nos van a regalar los 100.000 millones del rescate bancario. Holanda y Finlandia, sobre todo, estaban que echaban las muelas en la reunión del Eurogrupo del sábado 9 de junio.

Y luego está Grecia. Parece evidente que uno de los efectos inmediatos de toda la operación será inclinar el voto de los griegos hacia los partidos que quieren menos austeridad aun manteniéndose en el euro. Los españoles hicieron sus deberes: es lo que se les dirá, y vosotros no. Pero la sospecha de favoritismo planeará y se aliará con las recomendaciones, muchas veces técnico-profesionales, de economistas de prestigio, que sostienen que tanta austeridad no es buena. Pero aquí Merkel, o sea, Alemania, no puede aflojar ni un milímetro, porque si afloja el patio se le desmanda. Alemania, como todo buen organizador, sabe que la clave radica en un sistema eficiente de premios y castigos. A España se la premia, ostensiblemente; a Grecia se la castiga, no menos ostensiblemente. Pero una vez resuelto el problema de Grecia con su salida del euro, las cosas cambiarán. Empezará una complicada negociación con Irlanda, a la que también hay que favorecer porque ha sido «buena» aunque las cosas no están saliendo como se esperaba. Todo el mundo siente pena por Irlanda, verde país de gentes tan melancólicas. Habrá que aflojar la austeridad con ella. Pero al mismo tiempo, y una vez que el «delincuente» griego (en inglés delinquent es el que no paga lo que debe) no pueda beneficiarse indebidamente porque ya no estará en el euro, Alemania mostrará con claridad que España también está intervenida, para que Irlanda no se pase en sus expectativas.

Así pues, Rajoy puede esperar de tres a seis meses «dulces», en los que el paro bajará, sobre todo por el turismo, y la Bolsa subirá y todo parecerá enrumbarse del mejor modo. Pero al término de ese plazo, la troika empezará a meter las narices para garantizar que ni un solo euro de los 100.000 millones se desvía de los bancos para ir a financiar, por ejemplo, a las ineficientes Comunidades Autónomas, o las dispendiosas sanidad y educación públicas. Todo, todo tiene que ir a los bancos. Y a ver en qué condiciones prestan los bancos a toda esa panda de morosos que han vivido de la deuda pública. Es decir, los ajustes de Rajoy continuarán. Porque el plan es que los bancos suban sus cotizaciones a la estratosfera, porque España se vea inundada de capitales extranjeros, de modo que el FROB pueda ir vendiendo sus acciones y recuperando el capital invertido, para devolver el préstamo. Y, con un poco de suerte y la debida supervisión de la troika, las cosas saldrán como es debido. Y los españoles ni nos enteraremos. ¡Malditos enchufados!

Pero como el mundo entre en la recesión que muchos esperan, como gane Romney en Estados Unidos (quien apretará el presupuesto más que Obama, lo que no dejará de sentirse en Europa), como la Bolsa española no recupere niveles de bonanza como los necesitados para que el FROB recupere el dinero que España debe a Europa, entonces nos vamos a enterar de verdad de lo que es un rescate.



domingo, 27 de mayo de 2012

Bankia: el plan

Bankia está lejos de atravesar una situación desesperada. Su problema es incapacidad de cumplir los requisitos de la reciente reforma financiera, que imponen la dotación de mayores provisiones para insolvencias en la cobertura de sus riesgos. Las cifras de Bankia no satisfacían los requisitos, y no permitían confiar en que lo haga antes del límite temporal estipulado (diciembre 2012). Los depositantes y accionistas reaccionaron con desconfianza a las noticias. Hubo retirada de dinero, la cotización bursátil de Bankia se hundió y arrastró al conjunto de valores bancarios. A comienzos de la semana pasada, Rodrigo Rato cesó como presidente y para sucederlo fue elegido José Ignacio Goirigolzarri. Finalmente, el viernes 25 y el sábado 26 de mayo, el nuevo presidente presentó su plan.

El plan cuenta con 23.464 millones de euros del gobierno. De ellos, 4.464 millones corresponden a capitalización de la deuda que Bankia tiene contraída con el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria). Los 19.000 millones restantes recapitalizarán BFA (Banco de Financiación y Ahorro, principal accionista de Bankia) y Bankia propiamente dicha. Al término del proceso, este mismo año, Bankia dispondrá de un capital principal elevado al 9,5% de sus activos ponderados por riesgo, lo que satisface de sobra los requisitos de la legislación española.

Un aspecto clave del plan es la renuncia a capitalizar deuda privada, tanto preferente como subordinada. Esto es crucial para las perspectivas de Goirigolzarri de devolver al gobierno el dinero de los contribuyentes. Como él mismo dice, el plan requiere capital, no «ayudas». Tratándose de capital, el dinero que se proporcione a Bankia será recuperable mediante venta de acciones en poder del gobierno. Así pues, el plan básico es un rápido retorno a la cotización bursátil. Si el mercado cree que Bankia ha recibido suficiente capital, la cotización de sus acciones subirá y el gobierno podrá recuperar la inversión gradualmente.

El plan Goirigolzarri parece sensato, juzgado desde una óptica microeconómica. Si sus previsiones se cumplen, en cuanto a capital obtenido, hay una razonable probabilidad de que tendrá éxito aunque sus resultados tardarán en manifestarse. El principal problema radica, no obstante, en las complicaciones macroeconómicas. Goirigolzarri ha presentado al gobierno una petición de fondos como si el gobierno fuera un inversor privado en busca de colocación para un exceso de capital disponible para la inversión. Una situación bastante distinta de la que realmente prevalece. El plan asegura a Bankia un completo saneamiento de sus estados financieros. Por tanto, es probable que sea percibido por la banca privada como sostenimiento desleal de uno de sus miembros. Incluso si el gobierno pudiera reunir fondos hasta totalizar esos 19.000 millones de euros para ponerlos a disposición de Bankia, sería absolutamente incapaz de hacer lo mismo por el resto de la banca.

La cuestión de si el gobierno español será capaz de reunir 19.000 millones de euros para Bankia es de difícil respuesta. El gobierno acaba de recortar gastos educativos y sanitarios por importe de 10.000 millones, con vistas a compensar recientes revisiones al alza del déficit público registrado en 2011. Las necesidades financieras de Bankia doblan esa cifra. Muchos creemos, con el presidente francés, François Hollande, que España no tendrá más remedio que acudir a los fondos europeos en petición de ayuda para solventar el caso. Pero el gobierno ha hecho causa de que España no necesita ser rescatada, y el propio presidente, Mariano Rajoy, censuró a Hollande hace unos días su «ignorancia» a la hora de hablar de los bancos españoles. En conjunto, parece que el gobierno está dispuesto a lo que haga falta con tal de no reconocer también su error en este ámbito. Habla de que las necesidades de Bankia suponen deuda y no déficit, y esto quiere decir – como se ha aclarado – que el gobierno emitirá deuda para suscribir las ampliaciones de capital de Bankia y BFA. A continuación, Bankia utilizará esa deuda para obtener financiación del Banco Central Europeo.

El asunto candente, por tanto, es si el BCE aceptará el procedimiento en este caso, que lo llevaría a adquirir (aunque sea de forma temporal, que podría terminar siendo definitiva si todo acaba mal) deuda española, cosa que ha decidido no hacer más tras haberlo hecho en meses pasados. Rajoy recorrió dos continentes defendiendo su tesis de que el BCE debe continuar haciendo lo que el propio BCE ha declarado no querer volver a hacer, y ahora el gobierno español se descuelga con una maniobra de ingeniería financiera para obligar al BCE a hacerlo. En todo caso, tenemos el precedente irlandés. A principios de 2009, el gobierno de ese país tuvo que rescatar a su principal banco, el Anglo-Irish Bank (AIB), y el procedimiento fue similar al planeado ahora por el gobierno español. El BCE terminó aceptando el procedimiento, pero el resultado fue que el BCE adquirió de hecho, en el proceso, la prerrogativa de decidir cuándo la cosa había llegado demasiado lejos e imponer al país su rescate formal a pesar de que el gobierno se resistió a ello como gato panza arriba.



viernes, 18 de mayo de 2012

La ley de Hanlon y la doctrina del gobierno-maruja

Cierto optimismo recorre Europa, y sobre todo las filas socialistas, acerca de las posibilidades abiertas por el triunfo de Hollande en Francia. Muchos piensan que la política de austeridad, preconizada por Merkel, Cameron y Rajoy, además de haber demostrado palmariamente su ineficiencia en los dos últimos años, ahora resulta políticamente cada vez más difícil de sostener. Si a esto se añade el retroceso insistente que muestra el partido de la canciller alemana en las elecciones de länder de su país (el último, el verdaderamente crucial de Renania-Westfalia) la perspectiva más probable sería un cambio también en Alemania en la dirección de imprimir mayor crecimiento en la eurozona, incluso si es a costa de algo más de inflación y de alargar el ajuste fiscal.

Tengo que decir que no soy nada optimista. Para empezar, lo que aquí he llamado «vía prusiana» a la unificación europea tiene sus partidarios en todo el Continente, y se muestran dispuestos a no entregar las armas sin lucha. Así, se ha sabido que Jean-Claude Trichet, anterior presidente del Banco Central Europeo, anda proponiendo un plan para que la Unión declare en bancarrota a los estados miembros que no puedan sostener sus finanzas por sí mismos, y para que tome el control directo de las mismas a partir de ese momento. Esto es algo que he venido prediciendo que ocurriría, y es un refuerzo importante para los «europrusianos», que Hollande y los suyos no encontrarán forma clara de rechazar.

En segundo lugar, creo que Hollande tampoco va a realizar un cambio radical de política, como la que se necesita para reducir drásticamente el desempleo en Europa, que es lo que se está necesitando, sobre todo en España. Él y los suyos nos van a decir: «Bueno, no os apuréis; en vez de tener que llegar al 3% de déficit el año que viene, tendréis dos o tres años más». ¿Y en qué nos ayuda eso a reducir el desempleo? Lo único que hará es frenar la destrucción de puestos de trabajo, puesta a velocidad punta por la irresponsabilidad doctrinaria del gobierno Rajoy, y nada más. En fin, habrá lo que pomposamente se está llamando «nuevo plan Marshall», pero que ascenderá a unos 200.000 millones de euros para toda Europa, y que tardará en ponerse en marcha; el fondo para sostener a los bancos supera el medio billón. Eso a algunos parece que les conforma. A mí no. Tenemos en Europa herramientas de política económica para reaccionar de inmediato y con contundencia frente al paro, y no hay excusa, salvo la estupidez, para que la izquierda no las quiera utilizar.

La estupidez radica, a mi juicio, en la siguiente forma de entender las finanzas públicas. Un gobierno es como una familia o una empresa: no debe gastar más de lo que ingresa. Estupidez supina, porque familias y empresas se endeudan, o sea que se le pide más al gobierno pretendiendo que se le pide lo mismo. Una versión algo más sutil de la misma estúpida doctrina es decir que ni familias ni empresas ni, por consiguiente, un gobierno deben endeudarse por encima de lo que pueden pagar con sus ingresos futuros. Esta proposición es verdad, dicha de familias y empresas, pero un paradigma de idiotas en política económica. En realidad, un gobierno que controla la emisión de su propia moneda no está limitado en sus gastos más que por la totalidad de los recursos de su economía nacional. Cuando aumenta el gasto público relativamente al PIB, si dicho gasto se monetiza, el resultado es la transferencia de recursos del sector privado al sector público. La transferencia es muy rápida si la economía está en pleno empleo; más lenta cuanto más aumenta la tasa de desempleo. Esto explica por qué la derecha hayeckiana (de Hayek, paladín de la escuela Austriaca y defensor de un capitalismo a rajatabla) se opone a la monetización del gasto público; por qué, concretamente, Merkel lo hace. No quieren más sector público ni aunque sea la única forma de reducir el desempleo. Lo que no explica es por qué Hollande y los socialistas se muestran tibios frente a la posibilidad y prefieren llegar a compromisos con la derecha que comportan la aceptación de la doctrina del gobierno-maruja en su versión más moderada. Es aquí donde entra la ley de Hanlon.

La derecha, que sabe bien de qué estoy hablando, hace entonces un quiebro en su discurso y replica: «Pero es que el gasto público trae consigo enorme despilfarro, que introduce ineficiencia en la economía». Aquí estoy por darles la razón. Vamos, no; se la doy sin reservas. Pero mi pregunta es: «¿Acaso el gasto privado no da lugar a despilfarros?». Desde luego, no de otra cosa que despilfarro merece ser calificado, por ejemplo, el pago de bonus multimillonarios a incapaces manifiestos, como se ve todos los días.

Mi propuesta sería la siguiente. Estoy deseando que a España la intervenga la troika. Qué digo, estoy deseando que nos declaren directamente en bancarrota y que vengan a fiscalizarnos en todo. ¿Qué más me dan los secretarios de Estado y directores generales de este gobierno o del anterior, inútiles para todo a más no poder? Que vengan a hacerse cargo secretarios de Estado y directores generales franceses del PS y alemanes del SPD, no ya a fiscalizarnos sino a tomar ellos las decisiones y dar las órdenes. Seguro que lo harían mucho mejor. Acepto la completa pérdida de soberanía (esto es dar lanzadas a moro muerto) y la «prusianización» de España, con una sola condición: que vengan a gastar a manos llenas para eliminar el desempleo. Que vengan también jueces de toda Europa a hacerse cargo del Supremo (seguro que ellos no condenarían a Garzón) y a encerrar a todo el que meta la mano en el cazo. Tardaríamos meses, a lo sumo dos años en volver a una tasa de desempleo del 8%. Se haría así realidad el sueño postrero de Joaquín Costa, que el final de su vida sentenció con amargura: «Lo España necesita es un invasor extranjero que venga a cerrar cuarteles y abrir escuelas».



viernes, 18 de noviembre de 2011

España, en zona de rescate

España, en zona de rescate

Ayer, por primera vez, ocurrieron dos cosas, a cual más alarmante. Primero, los intereses de la deuda española en la emisión del Tesoro rebasaron – por muy poco, pero la rebasaron – la línea roja del 7%. Es éste el tipo de interés por encima del cual se estima que el servicio de la deuda se vuelve insoportable a largo plazo. Segundo, la prima de riesgo en el mercado primario superó a la del mercado secundario. Analizaré ambos asuntos por separado.

Es verdad que, en próximas emisiones, el interés pagado por el Tesoro podría caer por debajo del 7%, nuevamente. Eso es lo que repite la inefable Salgado, inasequible al desaliento. Si se observa la evolución de los intereses en los últimos dos años, la tendencia es claramente al alza; no se ve por qué regla de tres podrían invertir esa tendencia en un plazo razonable de tiempo. Lo peor para las pretensiones del gobierno (y a lo que se ve, también del PSOE en los últimos mítines electorales) de que todo se ha hecho razonablemente bien es que, ahora, no se trata de un problema de contagio. Grecia e Italia acaban de formar sendos gobiernos presididos por técnicos/tecnócratas, y lo que los mercados nos dicen es que España se está quedando atrás. Estoy de acuerdo en que es un signo de lo más preocupante, y un augurio de la peor especie para la democracia. Pero recuerdo que los políticos tuvieron su oportunidad en 2008, y en tres años han hecho lo suficiente para encontrarnos donde nos encontramos, ni mejor ni peor.

El segundo asunto, que la prima de riesgo en el mercado secundario (la «prima de riesgo» propiamente dicha) haya quedado por primera vez por debajo del diferencial de los intereses que pagamos sobre los que paga Alemania es incluso más preocupante, y no veo que los analistas le estén prestando la debida atención. Hasta ahora, el Tesoro pagaba menos que lo que luego descontaba el mercado secundario, y eso significa que los mecanismos políticos que tiene establecidos el Mercado Oficial de Deuda Pública, articulados en torno a los creadores de mercado – Titulares y grandes Gestoras con Capacidad Plena de la Central de Anotaciones del Banco de España, obligados a reunirse periódicamente con el Tesoro y a asumir compromisos de compra en cada emisión – habían funcionado con bastante eficiencia, bajo la experta batuta de Soledad Núñez, directora general del Tesoro y Política Financiera. Ahora, la disciplina se relaja, los creadores de mercado (grandes bancos españoles y bancos de inversión extranjeros) tratan de sacar tajada de la situación y el sistema empieza a desmoronarse. Es absolutamente meritorio que la señora Núñez haya logrado mantener la situación hasta la última semana antes de las elecciones, y la pregunta es si el PP logrará restablecerla.



sábado, 22 de octubre de 2011

España, a punto de ser rescatada



Mientras el mundo se horroriza ante las imágenes del linchamiento de Gadafi, y cuando el país sestea encantado de sí mismo por el fin de la violencia terrorista, se está desenvolviendo el último acto del drama de los despropósitos financieros de la política económica de España. Nuestro país está a punto de ser rescatado, y podría serlo este mismo fin de semana.

El aviso lo dio esta semana la comisión europea anunciando que la deuda española necesitará un 20% de quita; eso es una bancarrota selectiva, según la jerga financiera al uso. El PP reaccionó airadamente, haciendo notar que una quita así perjudicará el crédito de España en años por venir. Pero después se ha callado. Habrán caído en la cuenta de que, si tiene que ocurrir, mejor antes que después del 20-N. Mientras, el gobierno guardaba sospechoso silencio. Sabemos que no le temblará la mano. Por otra parte, he visto a Rubalcaba más apagado que de costumbre; él, que tenía que sacar más pecho que nadie ante el comunicado de Eta. Es consciente de que el rescate financiero será la puntilla para sus aspiraciones electorales.

Por otra parte, están las rebajas de calificación crediticia con que nos han obsequiado las agencias de rating en las últimas semanas. Y sobre todo, sobre todo, está el peligrosísimo desinterés por los temas económico-financieros de que hace ostensible gala la sociedad española. Es como si el ciudadano estuviera saturado de malas noticias en ese ámbito. Estamos hartos de que pesados como Enrique Viaña nos bombardeen desde hace meses (exactamente, desde enero de 2010, primero en el blog Purgatorio Económico y luego en este mismo, reencarnación de aquél) con predicciones apocalípticas, ¡y que encima el tiempo les dé la razón!

Pero este fin de semana está habiendo cuatro reuniones europeas del máximo nivel. Ayer, viernes, se reunió el Eurogrupo, es decir, los 17 ministros de Finanzas de los países miembros del euro. Oficialmente, para aprobar el sexto y último tramo del primer rescate de Grecia, pactado en mayo de 2010, por importe de 8.000 millones de euros. Se aprobó, como se esperaba; pero, significativamente, el presidente del mencionado organismo, el luxemburgués Jean-Claude Juncker salió de la reunión diciendo que había sido un «desastre». Había más temas, apenas menos urgentes. Fundamentalmente, tres, todos interrelacionados el segundo rescate de Grecia, la recapitalización de la banca y la forma definitiva del FEEF (Fondo Europeo de Estabilización Financiera). El segundo depende del primero y el tercero, de los otros dos. Con respecto al segundo rescate de Grecia, hay un informe de la Troika (UE, BCE y FMI) sosteniendo que la quita de Grecia no puede ser el 21% pactado en julio, sino que debería ser del 60%, o bien la contribución de los gobiernos debería subir de los 109.000 millones de euros pactados en julio a 252.000 millones. En cuanto a la recapitalización bancaria, las previsiones se mueven entre los 80.000 millones previstos por EBA (European Banking Association), pasando por los 200.000 millones previstos por el FMI (para el que lo importante no es la fortaleza añadida a los bancos con la operación sino la percepción que de ella tienen los mercados) a los 1,3-2,0 billones de euros, que se manejan en los múltiples informes que circulan. El FEEF, con su actual dotación de 440.000 millones de euros, daría para una operación cosmética, en la línea propugnada por el FMI.

Pero la opinión de los expertos es que Europa lleva año y medio haciendo «demasiado poco, demasiado tarde». Los planes de EBA y el FMI suenan demasiado a eso. El informe de la Troika eleva las necesidades de recapitalización implícitas en la quita propuesta para Grecia a casi 100.000 millones de euros. Es natural que haya interminables discusiones. Como también lo es que Alemania reclame un plan a varios años vista, digamos, hasta 2014, con las previsiones financieras en este capítulo, no sólo para Grecia sino también para otros países en serio riesgo de necesitar un primer rescate, como España e Italia. Y aquí es donde se entiende el aviso de Durao Barroso: si hay que prever el rescate de España, como desde hace tiempo parece inevitable, más vale acordarlo cuanto antes y dar al nuevo gobierno un aval político para que haga los ajustes y reformas necesarios, por duros que sean.



viernes, 7 de octubre de 2011

Grecia e Irlanda

El establishment económico mundial se prepara para una vasta operación de reestructuración en Europa, con vistas a la recesión que viene. Del éxito de la operación, sin embargo, depende también el futuro económico de EEUU, como ha repetido recientemente el presidente Obama. Esta vez, no se ha querido que la recesión nos coja desprevenidos, como en 2008, y obligue a gobiernos y organismos internacionales a ir a rastras de los acontecimientos. Anticipación, parece ser la idea. Con la operación, no se pretende sólo hacer frente a la eventualidad de una nueva crisis de confianza, que se nos viene encima, sino poner las bases para una intensa y sostenida recuperación posterior. Todos los poderes, nacionales, supranacionales y globales se están poniendo de acuerdo en las medidas con una rapidez pasmosa, que para mí demuestra su incapacidad de entender la raíz profunda de esta crisis. Resumo el sentido de la operación en la comparación entre Grecia e Irlanda. Ambos fueron los dos primeros países en ser rescatados, respectivamente en mayo y noviembre de 2010.

Todos sabemos cuál es la situación de Grecia, de modo que no abundaré en ella. Brevemente, es un pozo sin fondo. No importa el dinero que se entierre en mantener a flote ese país, siempre hará falta más. Lo creen el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, el Banco Central Europeo, Alemania, lo creo yo y hasta empiezan a creerlo los propios griegos. El caso de Irlanda es, en cierta forma, diametralmente opuesto, o eso se cree (y ahí termina mi acuerdo con el establishment). Irlanda es un país que iba bien. Educación excelente, desregulación excelente, impuestos excelentemente bajos, inversión extranjera más que excelente (Google y cía.). Las cosas se torcieron por una burbuja inmobiliaria. El gobierno tuvo que avalar a sus bancos a principios de 2009, pero en el otoño de 2010 la cosa se torció aún más cuando los mercados exigieron que el aval se hiciera efectivo. El gobierno tuvo que pedir árnica a la UE y el FMI, e Irlanda fue rescatada. Con la financiación adicional, el déficit público saltó de poco más del 10% del PIB a más del 30%. A principios de este año, se filtró que el BCE estaba otorgando ELA (siglas de Emergency Liquidity Assistance) a los bancos griegos; no voy a explicar de qué se trata, pero créanme si les digo que son las cloacas del Eurosistema. Pero esta misma semana, el gobierno ha anunciado que prevé retornar a los mercados en demanda de financiación a fines de 2012. ¡Voilá, el milagro irlandés!

A la vista de esta comparación, la operación se concibe como un auténtico cambio de rumbo en la política financiera. Hasta ahora, se transitaba por un camino que llevaba al contagio de toda la periferia y quién sabe si también el centro de la UE. Rescate de Grecia, rescate de Irlanda, rescate de Portugal, segundo rescate de Grecia, quizá rescate de Italia y España, quizá bancarrota de Grecia, quizá…, quizá… Ahora, se trata de aislar a Grecia, como un caso singular, y meter a todos los demás, sospechosos y no sospechosos de insolvencia, en una dinámica a la irlandesa. Iniciar una intensa recapitalización de los bancos de toda Europa, empeñando, primero, los recursos nacionales que aún puedan quedar, que naturalmente serán más en unos países que en otros; cuando los recursos nacionales no sean suficientes, emplear los del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (440.000 millones de euros), apalancados o sin apalancar (posible solución política por esta vía para el contencioso de los eurobonos), y, si todo eso no fuere suficiente, pasta gansa del FMI. Hasta dos billones de euros (o sea, 2.000.000.000.000 ó 2.000.000 millones de euros), en que se ha estimado las necesidades de recapitalización de la banca europea una vez saneadas las burbujas inmobiliarias – donde las hubiere – y la gran burbuja de la deuda soberana, común a casi toda Europa. Todo ello, con el BCE inyectando liquidez a todo meter, por medio de una generalización temporal de los mecanismos tipo ELA, hasta que Europa salga a flote de una vez.