jueves, 6 de octubre de 2016

Consecuencias de la abstención del PSOE

El significado del paso dado por el PSOE debería ser evidente. No se trata sólo de que los socialistas hayan reconocido que con 85 diputados no se puede gobernar; es ésta una cuestión formal que no oculta el problema de fondo. Que no es otro que el reconocimiento de que el PSOE no tiene programa de gobierno. Que cualquier programa económico con que se hubiera presentado Pedro Sánchez a la investidura habría sido un trasunto de los planteamientos de Podemos, que además habría dejado abiertas grandes interrogantes, como las consecuencias económicas y financieras de una eventual secesión de Cataluña puesto que no se habría podido gobernar sin los independentistas. ¿Hay más?

Por supuesto que hay más. Hay en la operación de acoso y derribo a que hemos asistido un intento de normalización de la vida política del país. De que se devuelva la palabra al parlamento, con sus reglas explícitas e implícitas (dejar gobernar al partido más votado sería una de ellas) y que se termine esto de que dicte la calle. Hay, también, un amago de vuelta al bipartidismo, con su legitimidad del turno en el poder. Y esto va mucho más allá que la cuestión de los votos. Hay el reconocimiento tácito de que Zapatero lo hizo fatal en 2009 y que la rectificación de mayo de 2010, a instancias de la Unión Europea, con ir en la dirección correcta, no fue suficiente. Hay la aceptación sumisa (esto ya lo tiene Rajoy, de modo que no necesita ensañarse) de que el PP lo hizo y lo hace actualmente bastante mejor de como podría haberlo hecho durante estos cinco años y hacerlo ahora mismo el propio PSOE. La crisis la habrían creado algunos dirigentes díscolos que se negaban a aceptar la realidad.

El 19 de noviembre de 2011 escribí en Twitter que se cerraban tres décadas de hegemonía socialista, plasmada en veintiún años de gobiernos en solitario interrumpidos por el interrenegno de ocho años de gobierno de Aznar. Tras el tsunami de aquellas elecciones, se abría previsiblemente un nuevo ciclo político, hipotéticamente de otras tres décadas de hegemonía de la derecha conservadora. La crisis del PSOE vendría a confirmar esta temprana intuición. Y hoy se puede perfilar mejor. El paisaje político desde la Transición serían catorce años de gobierno prácticamente omnímodo del PSOE, seguidos por otros quince de alternancia PP/PSOE; a todo eso seguirían otros catorce o quince años de gobierno omnímodo del PP. Habrían transcurrido cinco años de esto último; quedarían nueve o diez de gobierno conservador. Al PSOE habría correspondido, históricamente hablando, consolidar la democracia modernizando el país y construyendo el estado de bienestar en medio de una época de prosperidad global. Al PP, corregir los excesos cometidos para ajustar la economía a la actual coyuntura de crecimiento lento en medio de una fuerte competencia internacional con elevados volúmenes de desempleo.

Al cabo de la década que ahora comienza, la izquierda volverá a gobernar. Mientras tanto, será imposible que lo haga, enzarzada como estará en una lucha por la supervivencia entre dos formas opuestas de entenderla. Durante ese tiempo, se multiplicarán los llamamientos a formar gobiernos «de izquierdas», desde fuera y dentro del PSOE. Pero que nadie se engañe: lo que cuenta es la hegemonía dentro de la izquierda. Al término de esa lucha fratricida, Podemos emergerá como la nueva alternativa de izquierda en el bipartidismo; o bien lo hará un PSOE dolorosamente refundado y que habrá ido absorbiendo los girones que se desprendan del movimiento populista. Que no piensen los dirigentes de Podemos que el PSOE se descompondrá ahora, porque este centenario partido es experto en disputar el centro-izquierda, que Podemos ni huele por más que coqueteara con ello al autotitularse socialdemocráta. También Podemos deberá sufrir grandes transformaciones para prevalecer; no puede descartarse, lo mismo que Syriza terminó con la influencia del Pasok entre el electorado griego. Y lo mismo que Syriza, deberá estar dispuesto a aceptar los principios que hoy gobiernan Europa, o se disolverá como un azucarillo en aguardiente conforme envejezca la generación que salió a la calle el 15-M.

domingo, 2 de octubre de 2016

Por un plato de lentejas

Las consecuencias de la derrota de Pedro Sánchez en el comité federal de este fin de semana van mucho más allá de la (previsible) investidura de Mariano Rajoy con la abstención de buena parte de los socialistas. Hay asuntos de mucho más calado que tardarán años, puede que incluso décadas en dirimirse.

La primera consecuencia, y la más profunda, es en el nivel discursivo. El análisis de Sánchez y sus fieles es que ellos no son singularmente responsables de las derrotas en los últimos comicios generales, sino que, puesto que los principales beneficiarios de las mismas son partidos de algún modo surgidos de la indignación, las raíces de la derrota hay que buscarlas en las políticas que llevaron al 15-M; es decir, en el giro en la política económica tomado en mayo de 2010 y prolongado por Rajoy. Dado que tanto PSOE como PP han perdido apoyo ciudadano en beneficio de Podemos y Ciudadanos, la situación de multipartidismo habría que verla como resultado de una reacción social a la vez contra Zapatero y contra Rajoy. La recuperación de los votos perdidos vendría de un giro a la izquierda que corrigiera aquel giro inicial a la derecha.

Los críticos han impuesto un discurso distinto, que básicamente es el del pensamiento único. No hay alternativa a las políticas económicas del último ZP y de Rajoy; otra cosa nos enfrentaría a Europa. El problema está en el primer ZP, al cual Sánchez pretendería emular. No hay más.

Las consecuencias de este secuestro del discurso por la derecha lleva incluso más lejos. La causa del independentismo catalán no fue la intolerancia del PP (por ejemplo, con el recurso del Estatut ante el TC) sino la permisividad del PSOE-PSC. El PSOE es responsable no sólo de arruinar las finanzas públicas sino de casi haber hundido el régimen constitucional en España. Un partido surgido de la indiferencia hacia a la Constitución de 1978 (recordemos que el PP viene de AP, que dio a sus diputados libertad de voto sobre el texto constitucional), aparece como salvador de la misma, y uno de los partidos que más hizo por traerla y el que más por consolidarla, ahora puede ser presentado por los que se han hecho con el poder como responsable de llamar a la anarquía. Una inversión completa de valores y perspectivas históricas.

En otras palabras, el PSOE ha renunciado a su derecho de primogenitura constitucional. Y todo, ¿por qué? Por lo que para algunos en su seno no son más que lentejas: que el PSOE no estorbe la investidura de Rajoy si no tiene diputados para formar gobierno.



martes, 13 de septiembre de 2016

Rusia y la OTAN: el que da primero da dos veces

Las maniobras que militares que Rusia está realizando en la parte europea de su territorio han vuelto a poner de actualidad la eventualidad de que su ejército se prepare para la guerra. Desde la ocupación rusa de Crimea, el fantasma de un conflicto de grandes dimensiones ha planeado sobre los confines de Europa. Entonces, ya va para tres años, comenzó un proceso de acumulación de fuerzas de la OTAN desde el Báltico hasta el Mar Negro, y esa movilización, replicada por otra rusa de comparable magnitud, no puede sino desembocar en la retirada rusa de Crimea o en el comienzo de una guerra por recuperarla. Los occidentales esperaban que las sanciones terminarían obligando a Vladimir Putin a claudicar, pero está claro que no es así. Rusia ha buscado una salida económica por la parte asiática de su territorio, con acuerdos como el milmillonario sobre el gas con China. Rusia, necesitada de ingresos, ofrece buenas condiciones de suministro y precio, y los países de Asia no dejan escapar oportunidades por Ucrania, que sólo importa a Estados Unidos y Europa.

Siendo la guerra entre la OTAN y Rusia una perspectiva dotada de un alto grado de certeza, cabe preguntarse por su carácter, total o limitado. No hay muchas dudas de que, una vez rotas las hostilidades, la contienda no escalará hasta el uso de armamento nuclear. En primer lugar, porque será (según lo señalado antes) una guerra europea con presencia norteamericana. Y segundo, porque ambos bandos saben que el otro puede infringirles pérdidas muy superiores a las hipotéticas ganancias del conflicto. La guerra será, por tanto, en pos de objetivos limitados y terminará en negociaciones.

Previsiblemente, se desarrollará en dos teatros; uno, en las costas del Báltico; otro, en las del Mar Negro. Puesto que cabe esperar, al menos en principio, una estricta neutralidad por parte de Bielorrusia (país que lleva tiempo tratando de guardar un equilibrio imposible entre ambos bandos), habrá dos frentes en el Báltico; en ellos llevará a cabo la OTAN sus operaciones ofensivas. El objetivo principal será la conquista del exclave de Kaliningrado, una base naval rusa y el territorio circundante, de un millón de habitantes, que sólo tiene frontera con países de la OTAN y sin contacto con el territorio ruso metropolitano. Los occidentales pueden conquistarlo con una pinza, entrando por el noreste desde Lituania y por el suroeste desde Polonia, dos países en los que la acumulación de fuerzas de la OTAN ha sido particularmente notable. El segundo frente se abriría en Estonia y Letonia, que mantienen frontera con Rusia, la primera a menos de 200 km de San Petersburgo. En este frente, a mi juicio, la OTAN amenazará la segunda ciudad rusa más que intentar conquistarla, puesto que apoderarse de una metrópolis de cinco millones de habitantes puede crear problemas de aprovisionamiento a la población civil casi insolubles. Si el resultado de la guerra se limitara a la conquista de Kaliningrado, el éxito de la OTAN sería completo. Después de todo, Crimea es sobre todo la base naval de Sebastopol, y se trataría de cambiar una base naval por otra.

Pero es dudoso que Rusia se deje arrinconar en la guerra defensiva a que querría reducirla la OTAN. Lo mismo que los occidentales en el Báltico, Rusia ha acumulado fuerzas en el Mar Negro, que es el teatro en que, por razones logísticas, puede tomar la iniciativa. Aparte de Crimea, Rusia tiene un número creciente de efectivos militares en los distritos secesionistas del este de Ucrania; también en Transnistria, la provincia moldava de mayoría rusófona. También, ha estado desplazando su escuadra del Báltico al Mar Negro, sobre todo para que no se la hundan los occidentales. Mi opinión es que el oso ruso no intentará destruir Ucrania de un zarpazo y se limitará a hacerse con Odesa, el puerto comercial más importante del Mar Negro, de un millón de habitantes. Es previsible que mientras la OTAN se apodera de Kaliningrado, de muy difícil defensa por Rusia, ésta trate de apoderarse de Odesa por medio de un tridente. Por el este recorriendo la costa desde Mariupol, en el mar de Azov, a cuyas puertas se encuentran actualmente los separatistas pro rusos; por el oeste, desde Transnistria; y por mar, en el centro, desde Sebastopol. Por tanto, el objetivo ruso en esta guerra será cambiar Kaliningrado por toda la costa ucraniana del Mar Negro, desde la actual frontera rusa hasta la moldava.

Los occidentales no deben de tener muy claro cómo impedir que Rusia alcance sus objetivos en caso de guerra declarada. De ahí su vacilación en romper hostilidades. Para reducir ese riesgo, la OTAN necesitaría acumular en Ucrania tantas fuerzas como ha acumulado en el Báltico. Pero eso es mucho más difícil que lo hecho hasta ahora. Una cosa es movilizar a las repúblicas bálticas y a Polonia, siempre recelosas de las intenciones del gran vecino del este. Otra muy distinta, lograrlo con Rumanía y el resto de países europeos de la OTAN (algunos con gobiernos decididamente pro rusos, como Hungría y Grecia), para quienes la amenaza rusa es más una retórica en el juego de las grandes potencias que un temor dueño de la calle.

Ahora bien, el problema de los occidentales es que si ellos no atacan primero en el Báltico, la acumulación de fuerzas rusas en el Mar Negro buscará una salida en la ruptura de hostilidades. Las armas son herramientas de mal agüero, dejó escrito Sun Tzu precisamente por eso. Y si Rusia vuelve a tomar la iniciativa, no se conformará con Odesa.




domingo, 11 de septiembre de 2016

El quinto ensayo nuclear norcoreano

El pasado 9 de septiembre diversos observatorios registraron un temblor de 5,3 grados en la escala de Mercalli y con epicentro en el noreste de Corea del Norte. Se atribuye a un ensayo nuclear realizado en el Sitio de pruebas de Punggye-ri, donde se han efectuado todos los de su especie hasta la fecha. Éste es el quinto, y el mayor de todos. Diversos geólogos han llamado la atención sobre la proximidad del volcán Paektu, en activo aunque la última erupción fue en 1903. Todas las pruebas han sido subterráneas, y existe el temor de que su repetición pueda desencadenar una erupción en fecha más o menos cercana.

Se especula con la importancia estratégica de este ensayo. La carrera nuclear de Pyongyang empezó en 2006, con una explosión que se estima en menos de 1 kilotón (kt) de potencia. A efectos de comparación, la explosión de Hiroshima fue de entre 13 y 15 kt. Desde entonces, la potencia ha ido creciendo; en 2013, el tercer ensayó alcanzó una estimada entre 6 y 16 kt, equivalente a la del segundo ensayo estadounidense, que destruyó por completo la ciudad japonesa. Al parecer, el cuarto ensayo, en enero de este año, fue un fracaso relativo pues, aunque Kim Jong-un, el líder norcoreano, presumió de haber conseguido la bomba de hidrógeno, se estima que la potencia no llegó a 10 kt. La primera bomba-H, «Ivy Mike», explosionada por los estadounidenses en el atolón Enewetak del Pacífico el 1 de noviembre de 1952, alcanzó 10,4 megatones (mg), más de mil veces la potencia del ensayo norcoreano de enero de 2016. La del ensayo de septiembre se estima en 20-25kt, todavía muy insuficiente para calificar el arma asociada de «bomba de hidrógeno» o «termonuclear».

Sin embargo, los expertos llaman la atención sobre la progresión norcoreana. Pyongyang parece estar cubriendo etapas en un recorrido que han cubierto antes las potencias nucleares más avanzadas. Estados Unidos, en su quinto ensayo nuclear, Yoke, también en el atolón Enewetak, en 1948, introdujo uranio enriquecido lo que, con ciertas innovaciones técnicas, permitía a la vez reducir el peso de la bomba y aumentar la potencia. Ésta alcanzó 40 kt; lejos de la bomba-H pero al menos tres veces superior a la bomba-A de Hiroshima. Los expertos se dividen. Unos están casi seguros de que Corea del Norte introdujo dichas innovaciones en el ensayo de enero (pero algo salió mal) y en el de septiembre, donde ha tenido éxito; otros creen que la potencia se mantiene en el rango de Fat Man, la bomba de Nagasaki (21 kt). La importancia radicaría, en este caso, no tanto en la potencia, que también, como en la reducción del peso. Fat Man pesaba 4.670 kilos. Un peso así no puede ser transportado más que por un bombardero estratégico. Pero una bomba que pesara 500 kilos con esa potencia podría ser lanzada con los misiles balísticos que ha ensayado con relativo éxito Corea del Norte: Hwasong-7, tierra-tierra, con un alcance de 1.000 km, y Pukkuksong-1, lanzado desde submarino y con un alcance de 500 km, lo que expone a Japón y a la base de Guam, posición más avanzada de Estados Unidos en el Pacífico. Los expertos calculan que el peso de la carga nuclear obtenida por Corea del Norte hasta la fecha ronda los 650 kg.

El anuncio llega en el peor momento para Occidente. Estados Unidos se ha comprometido a fondo con el fallo del Tribunal Internacional de La Haya, en julio de este año, que es contrario a los intereses de China en los mares circundantes. La presencia de una potencia nuclear que es firme aliada del gigante asiático no puede sino arrojar nuevas sombras sobre el futuro de la región.


miércoles, 22 de junio de 2016

El referéndum británico

Mañana los británicos participarán en una ceremonia surrealista, tramada y ejecutada por el premier David Cameron para presentarse a las próximas elecciones con dos referéndums (el escocés y éste) convocados y ganados por él mismo, pero dejándolo todo como habría estado sin haberlos convocado. Una completa tomadura de pelo, sólo que muy peligrosa. No tengo nada en contra del derecho a decidir, ni tampoco a favor; sencillamente, me parece irrelevante en ciertos contextos, como pertenecer o no a la comunidad de propietarios del edificio donde está nuestra vivienda, pertenecer o no al Reino Unido, pertenecer o no a España. Desprovisto de místicas connotaciones decimonónicas (el dictum hegeliano de que el Estado es la marcha de Dios sobre la tierra), el Estado actual no es más que una comunidad de propietarios, con algunos servicios de protección mejorada para los más desfavorecidos. Las facturas comunes hay que pagarlas entre todos, no vale escaquearse para irse de gorra. Pertenecer o no a la Unión Europea es ese mismo problema incluso más claro. Cuando los efectos de la separación afectan a otros, el derecho a decidir es una reclamación solipsista. Me molesta la gente que va por el mundo como si ella fuera lo único importante.

En el caso británico, la probabilidad de que ganen los partidarios de que el Reino Unido salga de la UE es baja, pero aun así el ejercicio de atisbar qué podría pasar si ganaran no es ocioso. Cameron prometió el referéndum creyendo que la City londinense (que ya es la única parte dinámica de la economía británica) se veía perjudicada por la preponderancia del euro en la UE. Fíjense que hasta el Banco Central Europeo es reconocido como una institución fundamental de la UE, cosa que el Banco de Inglaterra no. Eso molestaba a los ingleses más tontos. Pero en el tiempo transcurrido, la City ha hecho saber a Cameron que la preponderancia de la City en las finanzas europeas es tan grande, a pesar del euro, que salirse de la UE es lo que les haría verdadero daño. La City estaría dispuesta a abandonar la libra y entrar en el euro con tal de no perder la favorable posición que ha conquistado. Y ahí tenemos al infeliz de Cameron diciendo donde dije digo, digo Diego. Me temo que su futuro político está sentenciado. Jugando con las cosas de comer, ha dado alas a los reaccionarios del UKIP, el partido ultranacionalista, que serán los triunfadores de este referéndum pase lo que pase mañana.

Alemania ha tomado nota, y desde luego estoy con ella. Esta broma no puede volver a repetirse, incluso si termina como es debido. Si sale mal, la foto fija va a ser despiadada. Estados Unidos ha dado alas al Reino Unido con eso de la special relationship. Ahora empiezan a darse cuenta los americanos del riesgo que se corre con tonterías como ésta. Pero puede que sea tarde. Si triunfan los del brexit, la UE estará condenada. Dinamarca o Suecia o ambas irán detrás. Alemania se atrincherará en el euro, del que sí que no hay posibilidad de salir, como comprobó Grecia el año pasado. Exteriormente, todo continuará como si tal cosa, sólo que después de la entrada de Turquía, entrará Marruecos… Hasta Siria entrará a su debido tiempo. La UE quedará en un acuerdo absolutamente diluido; es decir, en nada. Alemania se reposicionará; se alejará de EE.UU. y se acercará a Rusia. Alemania ya está organizando un ejército europeo a partir del propio. Lo que está claro es que no va a salir perdedora de esta crisis, resulte mañana lo que resulte. Unidades del ejército holandés ya están bajo mando alemán, y hay planes de hacer lo mismo con el ejército polaco. Y mientras, la OTAN hace ejercicios militares, de cientos de tanques y aviones, bajo el supuesto de que Rusia invada a Polonia. Un poco de seriedad, Rusia no va a tocar a Polonia porque Polonia es alemana… a cambio de Ucrania, por supuesto, que también estaría condenada si ganara el brexit. Como lo estaría la propia OTAN.

Nada de esto va a ocurrir, desde luego, porque el brexit perderá mañana. Pero, señores, con las cosas de comer no se juega.

martes, 8 de septiembre de 2015

Negociar la independencia

No soy el presidente del Gobierno, lo que es mala suerte para los independentistas catalanes, que necesitarían enfrente a alguien con formación para tratar de números más que a quien machaconamente repite: “La ley, la ley, la Ley”; a alguien, en definitiva, capaz de negociar y no a quien da fe de lo que es propiedad de la soberanía nacional de España. Aun así, daré mi opinión, por si resulta de utilidad para salir de este embrollo.

La clave de todo es la deuda soberana de España. Cataluña no puede independizarse sin hacerse cargo de su parte alícuota. Por varias razones, pero sobre todo por una: de no hacerse cargo de su parte, Castaluña nacería como un estado en quiebra desde el principio. No porque lo diga yo, que no soy nadie; sino porque lo dirán las agencias de rating en representación de los mercados internacionales. Sé que esos brillantes economistas que tiene el independentismo opinan que la asignación de deuda soberana al nuevo estado sería “ilegítima”; es decir, que su brillantez no los lleva mucho más allá de concebir un futuro financiero como el de Argentina. Ni siquiera voy a explicar por qué semejante estulticia no se tiene en pie; lo he hecho repetidas veces en este blog. Tan sólo diré que no tengo ninguna prisa, y que para mí será un placer que terminen reconociendo que son malos economistas.

No voy a aburrir con cifras. España debe a los mercados algo más de un billón de euros. Unas cosas por otras, a Cataluña le corresponden 200.000 millones; el Banco de España y subsidiariamente todos como contribuyentes debemos otros 210.000 millones, de los que al futuro Banco de Cataluña le corresponderán unos 40.000 millones, si Cataluña quiere seguir en el euro.
Lo que España tiene que ofrecer: apoyo para reentrar en la UE y la zona euro. Y más importante todavía: durante el periodo transitorio hasta que Cataluña entre de nuevo en el euro, España podría mantener intacto el sistema bancario, lo que significa que Cataluña seguiría de facto en la zona euro, con sus intereses garantizados por el Banco de España, hasta que su propio Banco central pudiera hacerse cargo. Esto es una alfombra roja, no me lo negarán.

Lo que Cataluña tiene que pagar: hacerse cargo de un cuarto de billón de euros de deuda, en números redondos. Supongo que no habrá inconveniente, porque la independencia vale mucho más; una verdadera ganga. El quid radica en la forma de hacerlo. España no puede, sencillamente, ceder a Cataluña 200.000 millones de deuda, porque se trata de un pasivo; hace falta el concurso de los acreedores. Y aquí empiezan los problemas. ¿Por qué a Fulano se le asigna deuda española y por qué a Mengano se le asigna deuda catalana? ¿O por qué no lo echamos a suerte en vez de asignarse a todo acreedor un euro de cada cinco en deuda catalana y cuatro en deuda española? ¿O por qué no hacer un reparto proporcional en lugar de una lotería? En éstas, los dos países podemos quebrar.

Y el caso es que no hay que inventar nada. Basta con aplicar la tecnología desarrollada por la troika con Grecia. La solución es sencilla. España sigue respondiendo del 100 por 100 de la deuda ante los mercados, pero Cataluña se compromete ante España a pagar uno de cada cinco euros de esa deuda, en tiempo y forma. Para garantizar el pago, se constituirá un fondo de activos, de los cuales se realizará todo lo necesario para cubrir eventuales defaults. Dicho fondo estará domiciliado en Luxemburgo (como el griego), y constará de tantos activos públicos como para garantizar el principal de un cuarto de billón. Sin ánimo de ser exhaustivo, incluirá activos como el aeropuerto del Prat; el tramo catalán de la infraestructura del AVE y el Metro y las Rodalies de Barcelona, todas las carreteras públicas, incluso las comarcales, que podrían acabar siendo de peaje; el Parque Güel y la Sagrada Familia (Cataluña nacerá sin Concordato y se podrá desamortizar ese monumento); en definitiva, cualquier bien de titularidad pública, hasta la Moreneta, si es necesario. Una auditoría independiente, o mejor un par, de firmas internacionales, determinará el contenido exacto de dicho fondo. Como veo que la fe de los independentistas en Cataluña es sólida de narices, no tendrán problema en asumir esta carga.


Lo dicho: una ganga.

domingo, 12 de julio de 2015

La encrucijada griega de Europa

Decía Hayek (un tipo mucho más listo y aprovechable de lo que suele pensar la izquierda que no lo ha leído) que cada generación tiene que aprender las lecciones fundamentales sobre economía y sociedad como si fuera la primera, de donde se desprende que las generaciones se dividen entre las que recuerdan esas lecciones y las que las olvidan, lo que condena a las segundas al desastre. Una lección que aprendieron los estadistas europeos del último medio siglo es que un proceso de integración como el iniciado en 1950 (si lo prefieren, en 1957) no puede detenerse. Llegados a un punto crítico, o avanza o retrocede. Es lo que amenaza la negociación con Grecia.

Robert Mundell, padre intelectual de la moneda común, predijo que una zona monetaria óptima tendría que cumplir tres condiciones. Primera, libre circulación de capitales; segunda, perfecta flexibilidad del mercado laboral en todos los miembros; tercera, transferencias de renta regulares de los países con superávit de pagos a los países con déficit de pagos. Sobre las dos primeras los profesores de pizarra nos han disertado hasta la saciedad. La interesante es la tercera. ¿Por qué transferencias de renta? Por una razón muy sencilla: se trata de una zona monetaria que funcione en la realidad, no en una pizarra. La circulación de capitales nunca es completamente “libre”: diferentes legislaciones fiscales la dificultan. Y el mercado de trabajo nunca es perfectamente flexible. Además, hay gobiernos nacionales, cada uno con sus manías particulares. ¿Se tiene que renunciar por ello a la moneda común? La respuesta de Mundell fue: no. Hay que establecer un mecanismo de corrección de los desequilibrios internos. Pero ese mecanismo no puede consistir en penalizar al país con déficit de pagos, por más que a los ignorantes en (macro)economía les parezca que no debe uno gastar más de lo que ingresa. Y penalizar al país con déficit de pagos es lo que viene haciendo la eurozona, con el apoyo de la Unión Europea, desde 2010. Se penaliza a Grecia; ahora, brutalmente. Se ha penalizado a España, a Portugal y a Irlanda. Se quiere penalizar a Francia y a Italia. Y esto es absurdo. No porque lo diga yo. Porque lo dijo Mundell, un economista muy superior al alemán Schaübel o al ministro de Finanzas de Finlandia.

El plan de Mundell era otro: premiar al país con déficit y penalizar al país con superávit de pagos. ¿Por qué? Muy sencillo. El país con déficit de pagos demanda bienes de los demás y ayuda a sostener su actividad y su empleo; el país con superávit de pagos se aprovecha de la unión monetaria (y algo más) sin contribuir en igual medida a la prosperidad de ésta. La Fundación del Premio Nobel de Economía se dio demasiada prisa en 1999 a otorgar el galardón de ese año a Robert Mundell por inspirar la creación del euro. Ahora se ve que echó las campanas al vuelo precipitadamente. Este experimento es de ida y vuelta, y si Grecia es finalmente expulsada del euro por los errores y estupidez de los demás, la Unión Monetaria estará condenada al fracaso.