jueves, 28 de febrero de 2013

El espinoso asunto del déficit


En poco más de 24 horas, la semana pasada se escuchó al presidente Rajoy decir, en el debate sobre el Estado de la Nación, que el déficit público de España en 2012 quedaría por debajo del 7% del PIB, y al comisario europeo Olli Rehn afirmar que sería del 10,2%. Ayer mismo, oímos a Rajoy precisar que será del 6,7%, y que ésa será la cifra que envíen a Bruselas para su validación. (La Comisión Europea ha rehusado comentar este dato, pronunciándose por esperar el veredicto de la oficina europea de estadísticas, Eurostat). A cuenta, hemos tenido todos que soportar la petulancia de los populares sobre su propia capacidad de reconducir las finanzas públicas, comparada con la inoperancia del gobierno anterior, socialista, que – según se nos ha repetido hasta la saciedad – dejó un déficit de tanto y cuanto más que lo declarado. Dime de qué alardeas, y te diré de qué careces.

De inmediato, han surgido voces críticas, recordando al gobierno que hay unos 40.000 millones de euros de deuda con la Unión Europea por el rescate bancario pactado en junio y llevado a cabo en las semanas finales del año, lo que viene a suponer algo más del 3,5% del PIB, y que eso podría explicar la discrepancia entre la cifra de Rajoy y la de Rehn. A lo que la bancada del gobierno ha replicado de diverso modo, desde que eso no es déficit puesto que es un préstamo a los bancos, que ellos tienen que devolver aunque salga fiador el gobierno (lo que es manifiestamente falso), hasta que esa clase de deuda nunca se cuenta en el déficit (lo que únicamente demuestra ignorancia). Es un préstamo a España, no a los bancos; que España ha empleado en recapitalizar bancos, no en prestarles dinero; y que, por tanto, sólo se recuperará si el FROB vende las acciones en su poder a un precio que compense lo que pagó por ellas. Véase a cómo están las acciones de Bankia, para hacerse una idea de cuáles son las expectativas de recuperación, a día de hoy. Es más, si las entidades quiebran o se procede a su disolución, cosa que está prevista a cierto plazo por la UE para las que no tienen forma de sociedad anónima, no se recuperará nada en absoluto. Por tanto, hoy cuenta como déficit. Y si se recupera algo mañana, mañana contará como superávit lo que se recupere. Ésa es la forma de contabilizar correctamente las cosas. Muy distinto es que la UE, que ha aprobado separadamente ese déficit, y es parte interesada en su generación, permita al gobierno contarlo aparte. Seguramente, esto ya está pactado y de ahí proviene la prepotencia del gobierno y sus corifeos.

Pero lo que a buen seguro no tienen pactado estos jugadores de ventaja es el déficit autonómico y su financiación. Que las Comunidades Autónomas han hecho ajustes cosméticos en sus déficits con la aprobación del gobierno es algo que está fuera de dudas. La Generalitat de Catalunya, por ejemplo, preveía un déficit del 2,5% en noviembre y ahora dice que será sólo del 2%. Qué raro; en un mes, la cantidad de ahorros que han hecho. Si esta contabilidad creativa se ha dado en una de las Comunidades más «serias», qué no habrán hecho las otras. Más oscuro todavía es el asunto del Fondo de Liquidez Autonómico, con el que el gobierno ha querido proporcionar medios de pago a las CC.AA. Se empezó por 16.000 millones, ahora ronda los 30.000 millones. Esto supone casi el 3% del PIB. Y esto, como con los bancos. En principio, hay que suponer que es financiación a fondo perdido. ¿O es que alguien espera que Cataluña devuelva lo que le ha prestado el FLA? Y si no lo devuelve Cataluña, no lo devolverá ninguna otra. En todo caso, lo que se recupere después, será superávit.

No pretenderé que la inversión del FLA se suma al resto del déficit, estatal más autonómico. Sumarla supondría algún tipo de doble contabilización, y no se trata de eso. De lo que se trata es de entender por qué ha surgido esa necesidad financiera en las CC.AA. y de ver si nos ayuda a estimar el déficit real, no el «maquillado», de las mismas. Las CC.AA. han necesitado financiación extra porque sus gastos fueron presupuestados antes del verano; con tales gastos había un presupuesto de ingresos que ha resultado claramente optimista, pues no tenía en cuenta los efectos sobre la recaudación de la caída de la actividad y el empleo. Como han ingresado menos de lo que esperaban, pero han gastado conforme a lo que esperaban ingresar, les ha faltado dinero. Y semejante carencia es la que ha venido a suplir el FLA. Por tanto, la inversión del FLA es una buena estimación del déficit de las CC.AA. Una estimación, y no un cálculo exacto. El déficit real será algo menor, porque con el dinero del FLA las Autonomías han debido de pagar facturas que se arrastraban de ejercicios anteriores. Con el lío contable que las CC.AA. deben de tener montado, será prácticamente imposible llegar algún día a saber cuál fue exactamente el déficit. Y, sin duda, en esta percepción se apoyan el ministro Montoro y los creativos del ministerio de Hacienda para vendernos su quincallería contable.

Unas cosas con otras, no me parece irreal pronosticar que Eurostat acabará dictaminando que el déficit autonómico se situará entre el 2,5 y el 3% del PIB, en lugar del 1,5% presupuestado para 2012. Como me caben pocas dudas de que Economía está haciendo sus cálculos sobre la base del 1,5%, a fin de cargar eventualmente sobre ellas incumplimientos sobrevenidos, me aventuraría a pronosticar que el déficit final estará, no en el 6,7%, sino entre el 7,7 y el 8%. Quizá el 7,5%, si Economía se ha puesto realista y estima el 1,7% en vez del 1,5% para las Autonomías. Más el rescate de los bancos, naturalmente; digamos el 3,5%. En total, el 11% del PIB.

Con un déficit del 12% del PIB, y en circunstancias similares, recapitalización bancaria y banco malo incluidos, Irlanda tuvo que pedir el rescate de sus finanzas públicas, o sea, del país entero, en noviembre de 2010.


Pocas horas después de publicada esta entrada, el ministro Montoro ha dado una rueda de prensa para abundar en detalles sobre el déficit. Anuncia que el déficit de las CC.AA. ha sido del 1,73%. O sea, el gobierno se ha puesto «realista», como yo suponía que podía ocurrir, y exactamente en la cifra que yo suponía. Todo lo dicho más arriba queda confirmado, excepto en una cosa. Daba yo por hecho que el responsable de la cifra final era Guindos; y todavía creo que es él quien informa de cuánto déficit está la UE dispuesta a aceptar. Pero, puesto que Montoro da la cara, he cambiado por el suyo el nombre de Guindos, que aparecía originalmente en la entrada.