miércoles, 16 de noviembre de 2016

Trump y sus planes en la presidencia

Sorprende ver el número de personas, algunas de ellas de relevancia como el premier griego Alexis Tsipras, que al ser preguntadas ante las cámaras sobre el presidente electo de EE.UU. responden algo así: «Al principio me asusté bastante, pero ahora pienso que a lo mejor tiene un plan; veremos». Es una reacción típica ante la incertidumbre que sabemos que no remitirá.

Más sensato sería atender a los claros signos de que Trump no sabe qué hacer más que en un corto número de asuntos que sólo le importan a él. Por ejemplo, entre los nombres que suenan para puestos clave en la nueva administración, pocos hay con experiencia de gestión pública; Trump parece preferir a sus familiares (su yerno Jared) y amigos (como Bannon) que lo ayudaron en la campaña, ninguno de los cuales tiene experiencia y candidatos por tanto a dejarse seducir por el reverso tenebroso del poder ignorando el componente de responsabilidad, que generalmente requiere años de experiencia para ser apreciado. Muchos tomarán esta clase de opciones como muestra de beligerancia antisistema, cuando en realidad es simple inmadurez en la gestión pública.

Que Trump no tenga un plan no quiere decir que se verá bloqueado a la hora de hacer cosas. Hizo promesas muy escandalosas durante la campaña, y querrá cumplirlas. Por ejemplo, el famoso muro que quiere construir en la frontera de México, o la renegociación (con amenaza de romperlo) del Tratado de Libre Comercio con Canadá y México. Pero todas estas cosas no configuran un plan, en el sentido que querrían los buenos deseos de los entrevistados. Si acaso, integran lo que en castellano se llama un desiderátum.

El más listo ha sido Putin, que se ha dado perfecta cuenta de lo que supondrá la nueva administración: la liquidación del «nuevo orden mundial» soñado por George Bush, padre. Trump tiene la vaga noción de que ese orden ha dejado de ser bueno para EE.UU., pero el nuevo presidente carece de pericia para defenderlo, si quisiera. Tras su presidencia, Estados Unidos dejará de ser para sus amigos el socio confiable que ha sido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.