martes, 13 de junio de 2017

La moción de censura de Podemos

Una de las cosas más importantes en política es no creerse uno el relato que los actores hacen de sí mismos. Si lo creyéramos, la moción de censura que hoy se debate en el Congreso se resumiría en que alguien tiene que impedir la normalización de la corrupción destapada en los últimos meses. Los que no la apoyen, es que miran para otro lado.

Para creer ese relato, uno tiene que olvidarse de que hace un año la corrupción ya campaba por sus respetos en España. ¿O es que no se conocía el famoso SMS: «Luis, sé fuerte»? Y hay que olvidarse, también, de que hace un año hubo una oportunidad de desalojar al PP del Gobierno y Podemos no lo permitió. No es que se abstuviera, como hará hoy el PSOE; en un alarde de sinceridad bronca, voto en contra. El relato, en ese punto, merece atención. Había un pacto PSOE-Ciudadanos, y Podemos dice que no se le ofreció entrar en él. Con un poco de memoria, uno recuerda que la excusa entonces no fue ésa, sino que «Naranjito es el partido del Ibex» y claro, con ellos no puede ir nunca Podemos: ofreció un pacto «a la valenciana». Era el gobierno de Sánchez, pero Podemos tenía que marcar las directrices.

Dejando las excusas de lado, la cuestión no era entrar en ningún pacto o dirigir los pasos de Sánchez sino apoyar desde fuera la formación de un gobierno que echaría al PP. ¿Es que los dirigentes de Podemos, tan profesores de ciencia política, ignoran que la política a veces exige decisiones como ésa? Claro que no lo ignoran. Aparentemente, el acuerdo PSOE-Ciudadanos los había pillado con el pie cambiado: el mismo día de ir Pedro Sánchez a hablar con el Rey, había salido Pablo Iglesias a los medios exigiendo una vicepresidencia y el control del servicio secreto, entre muchas otras cosas. La consulta a las bases sobre la posición del partido ante el pacto PSOE-Ciudadanos fue, desde este punto de vista, un abuso de confianza: «Si votamos que Sí, dejamos a nuestro líder con el culo al aire», con los resultados esperados.

¿Fue un error aquella salida a los medios? Claro que no. Se dice que los dirigentes de Podemos son buenos estrategas, y hay que concederles el beneficio de la duda. Si no de un error, fue fruto de un cálculo. Estaba claro que aquello tensionó internamente al PSOE, y probablemente es lo que se buscaba. El ala más integrada en el sistema, con suficiente cobertura mediática, presionó al ala más radical y la condicionó en todos sus actos; Sánchez pudo hablar con Ciudadanos pero no con Podemos. Eso era lo que se buscaba, porque dejaba a Podemos con las manos libres para votar que No, forzar nuevas elecciones e intentar el sorpasso… que no salió. Fue un primer contratiempo para los estrategas. Pero era un riesgo calculado: la buena noticia fue que el PSOE en junio bajó de votos y escaños comparativamente a diciembre. Después de haber estado a un paso de formar gobierno, estaba claro que Sánchez se aferraría al «No es No» y que el ala derecha del partido acabaría con él. Tras la formación de la gestora y la abstención frente a Rajoy, todo marchaba con arreglo a la estrategia. El PSOE quedaba de nuevo englobado en el sistema (antes «la casta», ahora «la trama») y Podemos, como única alternativa y representante absoluto de la izquierda.

La conclusión es que la moción de censura no responde a esta coyuntura. Con toda probabilidad se decidió a la vista de los resultados de las elecciones de diciembre de 2015. Tan sólo había que desplazar al líder del PSOE, un tipo aparentemente débil, y facilitar que los dirigentes históricos se hicieran con el control directo del partido. Cuando esto fue un hecho, se escenificó la asamblea de Vistalegre II, donde se purgó a los errejonistas en aplicación de la máxima «el partido se fortalece depurándose». A partir de ahí, se trataba de esperar un momento propicio. Éste vino de la confluencia entre la operación Lezo y las primarias del PSOE, donde el triunfo de la candidata del aparato parecía cantado…

La vuelta de Pedro Sánchez era lo último que podían esperar los estrategas. Ése ha sido su error: hay vida en la izquierda fuera de Podemos. Hoy lo pagarán con la soledad más absoluta en el parlamento (la soledad de verse apoyados sólo por los independentistas vascos y catalanes) y simpatías más que tibias, cuando no verdadera indiferencia en la calle. Mal servicio para la imagen de «izquierda patriótica» que han prodigado.