miércoles, 4 de abril de 2012

Una nueva política económica, sin salir del euro

Por más que algún descerebrado se empeñe en decir que los nuevos parados de marzo llevan la marca de Zapatero y Rubalcaba, lo cierto es que la marca que realmente llevan es la de los recortes que el gobierno lleva a cabo desde finales de diciembre, con la facilidad añadida de la reforma laboral. Algún miembro destacado del partido gobernante lo reconocía en su defensa – bien poco ilustrada, por cierto – de la amnistía fiscal. Aparentemente, esos 2.500 millones de euros, que se espera recaudar con la amnistía, son una liquidez que resulta vital inyectar en la economía española en este momento. Y, en cierto modo, es la pura verdad. Con casi 30.000 millones de recortes, el gobierno acaba de retirar esa gigantesca cifra de dinero de la circulación. Y la economía se resiente contrayéndose.

Este gobierno puede jurar y perjurar que con sus medidas España saldrá de la crisis y creará empleo. La realidad es que esas medidas nos hunden más y más en el agujero. Y no podría ser de otra forma, ya que se sitúan exactamente en el polo opuesto a lo que habría que hacer. Hay que reconocer que el gobierno anterior adoleció del mismo estúpido concepto, aunque lo aplicó más moderadamente. En vez de recortar, ni mucho ni poco, habría que gastar más, mucho más. No voy a negar que no hay bien que por mal no venga, y que la austeridad está teniendo el efecto positivo de cortar en seco el despilfarro y la corrupción (que ya parece general) de la clase política. Esto es un efecto positivo de la austeridad; lo digo y lo mantengo. Pero sobraba la brutalidad con la que se está haciendo. En todo caso, propondría cambiar los criterios de gasto, no la cuantía del mismo. Ahora mismo, lo más importante es evitar que la economía española siga cayendo en este pozo sin fondo.

El principal problema parece ser nuestra pertenencia al euro. Y algunos, que desesperan de que la zona euro pueda cambiar de política económica, ya proponen nuestra salida de la moneda común para retornar – es de suponer – a la vieja peseta. Lo siento, pero esto me parece querer dar marcha atrás al reloj de la historia. Y, además, es absolutamente innecesario salir del euro.

Lo que propongo es introducir una doble circulación monetaria, ambos circuitos en euros. Al dinero inyectado por el Banco Central Europeo, en función de criterios políticos que no son los que nos convienen a nosotros sino los que convienen a otros, añadiría un dinero, también expresado en euros, que cree el gobierno – como quien dice, de la nada, que eso es lo que también hace el BCE – para pagar un gasto público considerablemente acrecentado. ¿Y qué dinero puede ser ése? Únicamente diré dos palabras: deuda monetizada.

Permanezcan atentos a este blog, para ulteriores detalles.