domingo, 29 de julio de 2012

España, rescatada


Finalmente, las cosas terminan por ser como es lógico que sean. Toda la polémica, sobre si los 100.000 millones de Europa para la banca eran un rescate o no, ha enmarañado el asunto hasta tal punto que la propia Europa dudaba de si Rajoy y su gobierno le habían metido un gol o si, simplemente, se engañaba a sí misma. Los mercados, a su vez, recelaban de la solución adoptada; de ahí la escalada de la prima de riesgo y los repetidos batacazos de la Bolsa. La cuestión se ha zanjado con las declaraciones del presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, esta semana. Ha dicho que hará lo que haga falta para salvar al euro, y otra cosa aún más importante: ha dicho veladamente que el miedo creciente a la ruptura del euro justifica plenamente su intervención, incluso por encima del hasta ahora sacrosanto objetivo de mantener la inflación en el límite fijado en Maastricht. Por fin, parece que el BCE ha encontrado algo que le importa más que el 2%.

A buen entendedor, las palabras de Draghi juegan con la ambigüedad, y no juegan con ella. Juegan con la ambigüedad porque no dice cuánta deuda (española e italiana, sobre todo) va a comprar por intermediación del fondo europeo de rescate, sino sólo la que haga falta; incluso si al final no tiene que comprar nada, mejor que mejor. Incluso si alcanza sus metas sin necesidad de poner un euro, habrá demostrado todo su poder, la capacidad de domar a los mercados a golpe de declaraciones, cual Júpiter tronando desde el Olimpo. En esto, la «tecnología» de los rescates muestra lo que ha aprendido Europa en los últimos dos años. Pero sus palabras no juegan con la ambigüedad desde el momento que, sólo para facultar al fondo europeo de rescate a comprar deuda soberana, los países cuya deuda se adquiera deberán firmar un nuevo tipo de MoU (memorandum of understanding = memorando de entendimiento), que desgranará, exigencia a exigencia, la condicionalidad macro y microeconómica a que dichos países se verán sometidos. Esto de la condicionalidad micro se había visto por primera vez con la banca española. Ahora tendremos oportunidad de verlo en todos los sectores que vengan a cuento.

El gobierno español vive los últimos días de soberanía nacional. Ya sé que es una soberanía recortada en extremo, pero continúa siendo soberanía. Por ejemplo, el gobierno ha podido ignorar a los mineros del carbón, pese a sus largas marchas y contramarchas, y pactar, en cambio, con los taxistas apenas se han movilizado un poco. ¿Por qué? Es evidente el porqué: los taxistas votan en masa al PP y, por el contrario, entre los mineros el partido del gobierno no debe de recabar un solo voto. Poco más o menos. A uno le podrá gustar o no gustar, pero el PP ha logrado el gobierno democráticamente: eso es soberanía nacional.

Pero en cuanto el gobierno firme el nuevo MoU, y las cosas han llegado a un punto en que no podrá decir que no lo firma, ni regatear una sola exigencia, ya no podrá permitirse esas veleidades. No podrá regatear una sola exigencia de las que se le imponga porque lleva semanas pidiendo a gritos que el BCE compre deuda “para salvar al euro”, por aquello de que “si cae España, cae el euro” y de que “hace falta más Europa para salir de la crisis”, etcétera, etcétera. ¿Cómo va a regatear ahora condiciones necesarias para salvar a Europa? Y no podrá permitirse veleidades como contentar a los taxistas porque, si se ha determinado que la liberalización del taxi es una de las reformas estructurales que hay que acometer, Europa no querrá entender que se ceda ante su protesta por motivos electorales ni de ninguna otra clase. Se acabó la soberanía nacional. España se va a poner a la cabeza en lo de «hacer Europa». El gobierno español está por convertirse en piloto automático operado desde el control de vuelo de Francfort y Bruselas. Justo premio a la diplomacia económica de ZP-Salgado y Rajoy-Guindos, con arreglo a la cual hemos sido los alumnos más disciplinados de la clase a la par que los más torpes en conseguir resultados.

Pero todo eso el gobierno, seguramente, ya lo sabe.