miércoles, 14 de mayo de 2014

El dinero no termina de confiar en España

Ahora que unos echan las campanas al vuelo celebrando la salida de la crisis y otros destacan que la presunta recuperación (que dan por sentada para los "ricos") no llega a los "pobres", de manera que la situación económica ha dejado de ser una preocupación según las encuestas aunque lo continua siendo el paro, precisamente ahora hay que decir, con toda claridad, que la recuperación no está ni mucho menos asegurada. Toda la discusión que se está dando acerca del paro es relevante en el plano social, pero hay otra mucho más urgente en el económico, toda vez que si la economía no termina de arrancar (y no arranca) mal podrá reducirse el desempleo.

Verán ustedes, me fijo en un único indicador: la entrada o salida de dinero del país. Me dirán: "¡Pero hombre, algo más tendrá usted que considerar...!" Pues la gravedad del caso es tal, que no. Como el médico en una neumonía doble (y créanme que la gravedad de España no es menor) desecha todo tipo de síntomas excepto la fiebre, y está pendiente de la fiebre hasta que ésta remite, de manera que sólo cuando remite puede tratar otros síntomas, así el economista, ante una crisis de solvencia como la española, que llevó la prima de riesgo por encima de 600 puntos hace menos de dos años, tiene que estar pendiente en este momento de un "termómetro" adecuado al caso, a saber, si el dinero entra en el país, lo que indicaría que la confianza en esa economía retorna a los mercados y la crisis de solvencia se va solucionando, o, si por el contrario, el dinero sale del país, lo que indicaría justo lo contrario.

Ya me referí a este problema en una de mis últimas entradas, donde examinaba la situación de ese indicador hasta marzo. La situación no ha mejorado en abril, mes en el que ha vuelto a salir dinero de España, por importe aproximado de 3.500 millones de euros. En el gráfico de abajo se observa la evolución del indicador, medido por nuestra deuda en el sistema de pagos Target-2, al que pertenecen los miembros del Eurosistema, es decir, el sistema bancario de la zona euro. Abril ha sido el tercer mes, en los últimos cuatro, en que sale dinero de España. Y ha sido un mes de un registro "fabuloso", en términos de turismo (por la Semana Santa), reducción del desempleo, aumento de cotizantes a la Seguridad Social, etcétera, etcétera. ¿Saben qué ocurre? Que esa nueva alegría de la sociedad (no de toda, desde luego, sólo de la parte que ha sufrido menos durante la crisis), ese incremento del consumo, siguen a la percepción de la entrada de dinero, de forma ininterrumpida, entre agosto de 2012 y diciembre de 2013. Pero en los cuatro primeros meses de 2014, el dinero ha dejado de entrar y, en términos netos, ha empezado salir. Concretamente, España ha perdido unos 17.000 millones de euros desde diciembre. Los mercados lo empezarán a percibir con cierto retraso (lo que podría traducirse en repuntes de la prima de riesgo), y la sociedad lo percibirá todavía más tarde.

Me dirán que el gráfico indica cierta vacilación, pero no una marcha definitivamente mala; de hecho, la deuda de España en Target-2 se mantiene aproximadamente estable en los últimos meses. Y algo de verdad hay en ello. Una marcha como la de los últimos meses sería incluso favorable, con tal de que se registrara a un nivel de deuda cero. Pero no se registra a ese nivel; se registra a un nivel de 230.000 millones de euros de deuda de España con los restantes miembros del Eurosistema, lo que equivale a un verdadero rescate de regulares dimensiones, sólo que no instrumentado a través de un préstamo formal sino de un descubierto en cuenta corriente. Es cierto que esa deuda llegó a estar mucho más arriba, en 434.000 millones de euros en agosto de 2012 (la sima que se aprecia en el gráfico), y que se ha reducido en 200.000 millones desde entonces. Esto ha generado el clima de optimismo sobre España, que el gobierno ha explotado y explota hasta la saciedad. Pero España no puede quedarse ahí. Cuando se mantiene una deuda de esas proporciones, o se continúa reduciéndola a paso firme, o lo más probable es que a no muy largo plazo vuelva a presentarse una nueva crisis de solvencia.