viernes, 11 de noviembre de 2011

Un euro a dos velocidades

Como era de prever, Italia y España se aprestan a seguir el camino de Grecia. Toda la voluntad política de Europa se está demostrando incapaz de torcer las leyes de la economía. Para colmo, el Viejo Continente parece a punto de precipitarse en una nueva recesión, según confiesa la Comisión Europea. Tras traspasar la línea roja de intereses de su deuda (7%), Italia ha terminado por darle a Berlusconi la pata de Charlot. No hay bien que por mal no venga. Pero el mayor morbo lo han dado una serie de supuestas conversaciones entre Merkel y Sarkozy para crear un «euro a dos velocidades». ZP ha llamado a la canciller alemana y, según nos cuesta con enfática vacuidad, ella lo ha tranquilizado: no hay tal intención. Suficiente, al menos para antes del 20-N.

Carezco de tan encumbrados informadores, vamos, que sé de esas conversaciones lo que todo Quisque. Pero puedo opinar sobre hasta qué punto es posible, y en qué condiciones podría serlo. Posible, lo que se dice, es posible. Y no hace falta que nos echen del euro para hacerlo realidad. Es decir, me parece perfectamente realizable.

El quid de la cuestión radica en que los países con mayor debilidad financiera no disponemos del recurso a la devaluación: 1 euro vale 1 euro en todo el territorio de la Unión Monetaria. No hay forma de hacer que el euro español valga menos que el euro alemán, pongamos por ejemplo. La única solución, en términos teóricos, consiste en que el país con déficit exterior, que por ello debe endeudarse, efectúe una así llamada devaluación interior, o sea, una reducción sensible en precios y salarios. La devaluación interior es algo muy difícil de conseguir; virtualmente imposible en la medida necesaria.

En ausencia de devaluación interior, la única posibilidad de sostener la moneda común es reintroducir los montantes compensatorios monetarios (MCM). Los MCM se introdujeron a finales de la década de 1960 para mantener la igualdad de los precios agrícolas – fijados por la PAC – cuando se producía una devaluación del franco francés (o cualquier otra moneda) vis-à-vis el marco alemán. Se abolieron en 1993, para establecer la unidad del mercado único. Lo que durante un cuarto de siglo se utilizó para neutralizar devaluaciones podría usarse ahora para simularlas, extendiéndolas desde la agricultura a todos los sectores productivos.

Funcionaría del siguiente modo. Habría que fijar un impuesto especial en aduana para todos los productos procedentes de otro país de la zona euro con que se registra un déficit comercial, y se pagaría una subvención de igual cuantía a todo producto exportado a ese mismo país. La cuantía del impuesto/subvención dependería de la magnitud del déficit en proporción al volumen del comercio. De esa forma, los productos que importásemos de Alemania, por ejemplo, pagarían ese impuesto al fisco español, y los que exportásemos a ese país, cobrarían esa subvención; como nuestras importaciones a Alemania superan a las exportaciones a ese país, el fisco español obtendría una recaudación neta, que facilitaría la reducción del déficit. Al mismo tiempo, las exportaciones españolas a Alemania se verían incentivadas y las importaciones alemanas en España, desincentivadas. El efecto general sería estabilizador. Los nuevos MCM se mantendrían hasta que la crisis de deuda soberana se hubiera conjurado.

Únicamente hay un problema: con estos MCM, se rompería la unidad de mercado. Pero eso, en realidad, no preocuparía más que a los puristas.



sábado, 5 de noviembre de 2011

La crisis del euro y la vía prusiana a la unidad europea

Los acontecimientos de esta semana muestran el verdadero cariz de la crisis por la que está atravesando la zona euro (ZE). Las turbulencias en los mercados venían precedidas de un plan pactado la semana anterior por el Eurogrupo de recapitalizar los bancos de la ZE hasta llegar a un 9% de capital principal sobre los activos ponderados por riesgo (por encima de las exigencias de Basilea III) y de ajustar la valoración de la deuda soberana en las carteras de esos mismos bancos a su precio de mercado. El plan, que impone a España recapitalizar el sector bancario en 26.000 millones de euros – la segunda cifra más alta, sólo detrás de Grecia, 30.000 millones –, provocó malestar en nuestros medios políticos y bancarios porque presuponía una quita del 2% para la deuda española. Todo esto no es más que ruido. El hecho fundamental es que la ZE está preocupada por las inversiones inmobiliarias de la banca española, y no ha encontrado mejor forma de reflejar un poco esa preocupación con lo elevado de dicha recapitalización, que ni de lejos se aproxima al peso del ladrillo en los riesgos bancarios.

En estas estábamos, cuando Papandreu, primer ministro de Grecia, anunció la convocatoria de un referéndum en su país sobre los sacrificios que el acuerdo paneuropeo exigía a los ciudadanos de su país. Aquí, el anuncio se rechazó con particular inquina, en todo caso comprensible, porque tras la reforma de nuestra Constitución, este verano, para la que muchos pidieron esa consulta, Papandreu ponía en evidencia muchas goteras de las formas de gobierno de los últimos meses en Europa. Pero, en fin, nunca me he manifestado partidario de una democracia plebiscitaria, y no me voy a manifestar en tal sentido ahora. Lo interesante es que nosotros nos hemos sumado, de forma muy clara, al coro de tragedia griega que llamamos «intervención». Tenemos a Grecia intervenida, con su soberanía no ya limitada sino claramente suspendida hasta nueva orden, y nos parece muy bien. Cuando Papandreu renunció al referéndum, tras la presión desalmada de Merkel y Sarkozy, las Bolsas hicieron una de sus habituales fiestas, y no menos que las demás la española.

Lo que realmente está pasando vengo describiéndolo desde hace meses en este blog y en el blog Purgatorio Económico, del que éste es reencarnación, como la unificación europea por la vía prusiana. Los federalistas más ingenuos esperaban (y todavía parecen esperar, en el asunto del «gobierno económico» o «fiscal») la formación de un verdadero gobierno europeo, responsable ante un parlamento europeo, éste con plenos poderes para legislar. Es, como digo, la ilusión del federalismo ingenuo. ¿Para qué necesita Alemania un tinglado como ése, que además no podría controlar? Es mucho más sencillo que Merkel le retuerza el brazo a Sarkozy y que luego ambos se lo retuerzan juntos al que se ponga díscolo. Así, han doblegado a Papandreu, que ha resultado ser bastante duro; pero antes se lo retorcieron a ZP, de suyo particularmente blandito, o al irlandés hace un año como a Berlusconi ahora. Ya veremos cómo se las arreglan para retorcérselo a Rajoy. La idea de podría haber una política económica más expansiva en Europa, que anda vendiendo Rubalcaba, es peregrina. Alemania no lo consentirá, por una razón muy sencilla. Alemania se propone unificar Europa de la misma forma que en la década de 1860-70 Prusia unificó Alemania: por las bravas. Entonces, la herramienta fue la guerra; ahora, las finanzas. Una política expansiva supondría más dinero para todos, por distintos canales. Y lo que Alemania necesita para unificar Europa por vía de las finanzas es hacer que el dinero sea escaso y, sobre todo, concentrarlo en sus propias manos. Es una cuestión de poder.

Grecia no es más que un ejemplo – el infierno en que todos podemos caer si no nos portamos bien – y un banco de pruebas. Otro día hablaré sobre esto último. Lo importante, ahora, es que Alemania utiliza la escasez de dinero (técnicamente, «rarefacción monetaria») para forzar reformas en toda Europa, y particularmente en la Europa más necesitada de ellas. España cae de lleno en ese grupo, por más que nuestros políticos protesten. Y el punto que está atrayendo la atención de los mercados es nuestro costosísimo régimen autonómico. Pero, ¡ojo!, eso incluye muchos aspectos institucionales, y en primer lugar las universidades, proliferadas como setas al abrigo de ese régimen. Aquí confluyen dos líneas de fuerza que juntas serán irresistibles. Por un lado, la racionalización de gastos, que parece una tendencia europea: en Francia, por ejemplo, está dando lugar a procesos de fusión de universidades. Por otro, la racionalización del sistema autonómico, que es un problema específicamente hispano. España no es Francia. Si los titulados en Derecho o en ADE, pongamos por ejemplo, terminan de cajeros en supermercados o peor aún, en el paro, y si los titulados en Medicina emigran al Reino Unido (que para más inri, está fuera del euro), el ajuste impuesto por la racionalización à la prusiana podrá venir por vía del aumento de los empleos adecuados en España o por vía de la reducción del gasto universitario que de esa forma no es más que despilfarro; pero es inexorable que tendrá que venir. Y a eso no basta con resistirse con buenas intenciones. Hay que saber con quién se juega uno los cuartos y no hacer el canelo.


NOTA: Esta entrada está dedicada a los miembros de la Universidad de Castilla-La Mancha, a cuyas elecciones a rector me presento.

sábado, 22 de octubre de 2011

España, a punto de ser rescatada



Mientras el mundo se horroriza ante las imágenes del linchamiento de Gadafi, y cuando el país sestea encantado de sí mismo por el fin de la violencia terrorista, se está desenvolviendo el último acto del drama de los despropósitos financieros de la política económica de España. Nuestro país está a punto de ser rescatado, y podría serlo este mismo fin de semana.

El aviso lo dio esta semana la comisión europea anunciando que la deuda española necesitará un 20% de quita; eso es una bancarrota selectiva, según la jerga financiera al uso. El PP reaccionó airadamente, haciendo notar que una quita así perjudicará el crédito de España en años por venir. Pero después se ha callado. Habrán caído en la cuenta de que, si tiene que ocurrir, mejor antes que después del 20-N. Mientras, el gobierno guardaba sospechoso silencio. Sabemos que no le temblará la mano. Por otra parte, he visto a Rubalcaba más apagado que de costumbre; él, que tenía que sacar más pecho que nadie ante el comunicado de Eta. Es consciente de que el rescate financiero será la puntilla para sus aspiraciones electorales.

Por otra parte, están las rebajas de calificación crediticia con que nos han obsequiado las agencias de rating en las últimas semanas. Y sobre todo, sobre todo, está el peligrosísimo desinterés por los temas económico-financieros de que hace ostensible gala la sociedad española. Es como si el ciudadano estuviera saturado de malas noticias en ese ámbito. Estamos hartos de que pesados como Enrique Viaña nos bombardeen desde hace meses (exactamente, desde enero de 2010, primero en el blog Purgatorio Económico y luego en este mismo, reencarnación de aquél) con predicciones apocalípticas, ¡y que encima el tiempo les dé la razón!

Pero este fin de semana está habiendo cuatro reuniones europeas del máximo nivel. Ayer, viernes, se reunió el Eurogrupo, es decir, los 17 ministros de Finanzas de los países miembros del euro. Oficialmente, para aprobar el sexto y último tramo del primer rescate de Grecia, pactado en mayo de 2010, por importe de 8.000 millones de euros. Se aprobó, como se esperaba; pero, significativamente, el presidente del mencionado organismo, el luxemburgués Jean-Claude Juncker salió de la reunión diciendo que había sido un «desastre». Había más temas, apenas menos urgentes. Fundamentalmente, tres, todos interrelacionados el segundo rescate de Grecia, la recapitalización de la banca y la forma definitiva del FEEF (Fondo Europeo de Estabilización Financiera). El segundo depende del primero y el tercero, de los otros dos. Con respecto al segundo rescate de Grecia, hay un informe de la Troika (UE, BCE y FMI) sosteniendo que la quita de Grecia no puede ser el 21% pactado en julio, sino que debería ser del 60%, o bien la contribución de los gobiernos debería subir de los 109.000 millones de euros pactados en julio a 252.000 millones. En cuanto a la recapitalización bancaria, las previsiones se mueven entre los 80.000 millones previstos por EBA (European Banking Association), pasando por los 200.000 millones previstos por el FMI (para el que lo importante no es la fortaleza añadida a los bancos con la operación sino la percepción que de ella tienen los mercados) a los 1,3-2,0 billones de euros, que se manejan en los múltiples informes que circulan. El FEEF, con su actual dotación de 440.000 millones de euros, daría para una operación cosmética, en la línea propugnada por el FMI.

Pero la opinión de los expertos es que Europa lleva año y medio haciendo «demasiado poco, demasiado tarde». Los planes de EBA y el FMI suenan demasiado a eso. El informe de la Troika eleva las necesidades de recapitalización implícitas en la quita propuesta para Grecia a casi 100.000 millones de euros. Es natural que haya interminables discusiones. Como también lo es que Alemania reclame un plan a varios años vista, digamos, hasta 2014, con las previsiones financieras en este capítulo, no sólo para Grecia sino también para otros países en serio riesgo de necesitar un primer rescate, como España e Italia. Y aquí es donde se entiende el aviso de Durao Barroso: si hay que prever el rescate de España, como desde hace tiempo parece inevitable, más vale acordarlo cuanto antes y dar al nuevo gobierno un aval político para que haga los ajustes y reformas necesarios, por duros que sean.



lunes, 17 de octubre de 2011

La larga noche financiera que se cierne sobre España


No encuentro mejor forma de describir, en una expresión breve, lo que se avecina. Estamos en los preliminares de la fiesta de la democracia, quemando la última pólvora de alegría (poca) que nos queda antes de ajustarnos un cilicio de austeridad que nos dejará en los huesos. Y mientras, gobernantes y economistas sin escrúpulos repitiendo que «no hay nada específico sobre España, sólo el contagio de Grecia». Por esa razón debe ser que el contagio no afecta a Alemania, ni a Austria, Finlandia o Dinamarca; únicamente, a Irlanda, Portugal, España e Italia.

Pues claro que hay algo específico sobre España. Tenemos los ingresos fiscales que tenemos, y cinco millones de parados. Y la economía no crece. O sea, que una gran parte de lo que el Fisco recauda se va en financiar la economía familiar de los parados a través del seguro de desempleo y subsidios similares. En tanto la economía no crezca y con ello se reduzca sensiblemente el número de parados y la factura financiera del desempleo, será así. Mientras, la deuda sigue aumentando. ¿Tienen o no tienen motivos los mercados para sentirse preocupados? ¿Tienen o no tienen motivos las agencias de rating para rebajar, escalón a escalón, nuestra calificación crediticia?

Y eso no es todo. El sistema bancario español, tan elogiado en los primeros años de la crisis, está podrido de «activos tóxicos», entre crédito al sector inmobiliario y deuda soberana de Portugal. Se habla de medio billón de euros; para que no haya dudas: 500.000 millones de euros. El Fondo de Garantía de Depósitos, en que acaban de unificarse los tres fondos homónimos anteriores, y al que se asigna – demasiado alegremente, a mi juicio – la recapitalización bancaria, apenas llegará a los 7.000 millones. ¿Se dan cuenta de la desproporción? Sólo 1 de cada 70 euros en riesgo está cubierto por la garantía del FGD. No es como para echar cohetes. Pero, ufanamente, el gobierno ha realizado la unificación y reasignación de cometido como quien dice: «¡Ahí queda eso!» o «Todo está atado y bien atado». Ya sabemos por aquí qué significa eso.

Porque no está atado en absoluto. El candidato Rubalcaba acaba de prometer la dación en pago de créditos hipotecarios. Lo hace porque no tiene esperanzas de ganar. Si las tuviera fundadamente, y ganara, la debacle bancaria estaría asegurada. La dación en pago obligaría a la banca a la revalorización mark-to-market de una gran parte de sus créditos de dudoso cobro, que aparecen sin embargo en sus libros por el nominal debido a que están protegidos por avales personales. Son esos avales lo que impide la dación en pago. Su anulación destruiría la última defensa de la banca española ante una bancarrota generalizada. En esta situación, sólo nos queda poner las barbas a remojar. Grecia nos muestra el camino que habremos de recorrer inexorablemente. Grecia se resiste a la bancarrota como gato panza arriba, y la Unión Europea se resiste también a que Grecia dé ese paso por el shock moral que traerá consigo. «¿Cómo?, se preguntarán los acreedores, ¿que Grecia dice que no paga más que 25 ó 50 céntimos por cada euro que adeuda? ¡Ni hablar, que desmonten el Partenón, que nos lo llevamos a casa!». Y no es mala salida al bloqueo financiero en que nos encontramos, aunque – como digo – desmoralice un poco a los europeos el tener que llegar a esos extremos. En nuestro caso, realmente, medios de pagar no han de faltarnos. El día en que veamos salir a los cuadros del Museo del Prado o desmontar El Escorial – porque no creo que vayan a valorarnos en mucho el Valle de los Caídos –, ese día vamos a saber lo que vale un peine.



sábado, 8 de octubre de 2011

El trabajito barato del FMI


Las estimaciones citadas aquí ayer, de dos billones de euros como necesidades de recapitalización de la banca europea, proceden de analistas privados. El Fondo Monetario Internacional hace otros cálculos. Según Antonio Borges, economista jefe del Fondo para Europa, bastaría con 200.000 euros, esto es, aproximadamente la décima parte de las necesidades reales. Semejante inyección de capital en los bancos no daría ni para cubrir la exposición a los riesgos de la deuda griega. Ésta asciende, en efecto, a 357.000 euros, y se habla de una quita del 50 al 75%. Lo dicho, ni para pagar los platos rotos en Grecia. Pero la cifra tiene una ventaja: encaja en las disponibilidades del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (440.000 millones de euros), que Alemania se niega a ampliar. Como dice Borges, lo importante no es ser fuerte, sino la percepción que los mercados tienen de ello. O sea, siguen empeñados en engañar al mercado. El problema para ellos sigue siendo de liquidez y no de solvencia. Lo que les preocupa es el cierre del mercado interbancario, que los bancos no se presten unos a otros por la desconfianza de no saber si la contraparte está podrida de deuda griega, análogamente a como hace tres años se cerraron por la desconfianza de no saber si la contraparte estaba podrida de «activos tóxicos». Creen que para evitarlo basta con modificar la «percepción» que el mercado interbancario tiene de la fortaleza de sus propios operadores. No ha entendido en absoluto el FMI la naturaleza de esta crisis. Por eso, lo mejor que puede ofrecernos es la perspectiva de que esta misma crisis, que es la de 2008, vuelva a ser la de 2014.

viernes, 7 de octubre de 2011

Grecia e Irlanda

El establishment económico mundial se prepara para una vasta operación de reestructuración en Europa, con vistas a la recesión que viene. Del éxito de la operación, sin embargo, depende también el futuro económico de EEUU, como ha repetido recientemente el presidente Obama. Esta vez, no se ha querido que la recesión nos coja desprevenidos, como en 2008, y obligue a gobiernos y organismos internacionales a ir a rastras de los acontecimientos. Anticipación, parece ser la idea. Con la operación, no se pretende sólo hacer frente a la eventualidad de una nueva crisis de confianza, que se nos viene encima, sino poner las bases para una intensa y sostenida recuperación posterior. Todos los poderes, nacionales, supranacionales y globales se están poniendo de acuerdo en las medidas con una rapidez pasmosa, que para mí demuestra su incapacidad de entender la raíz profunda de esta crisis. Resumo el sentido de la operación en la comparación entre Grecia e Irlanda. Ambos fueron los dos primeros países en ser rescatados, respectivamente en mayo y noviembre de 2010.

Todos sabemos cuál es la situación de Grecia, de modo que no abundaré en ella. Brevemente, es un pozo sin fondo. No importa el dinero que se entierre en mantener a flote ese país, siempre hará falta más. Lo creen el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea, el Banco Central Europeo, Alemania, lo creo yo y hasta empiezan a creerlo los propios griegos. El caso de Irlanda es, en cierta forma, diametralmente opuesto, o eso se cree (y ahí termina mi acuerdo con el establishment). Irlanda es un país que iba bien. Educación excelente, desregulación excelente, impuestos excelentemente bajos, inversión extranjera más que excelente (Google y cía.). Las cosas se torcieron por una burbuja inmobiliaria. El gobierno tuvo que avalar a sus bancos a principios de 2009, pero en el otoño de 2010 la cosa se torció aún más cuando los mercados exigieron que el aval se hiciera efectivo. El gobierno tuvo que pedir árnica a la UE y el FMI, e Irlanda fue rescatada. Con la financiación adicional, el déficit público saltó de poco más del 10% del PIB a más del 30%. A principios de este año, se filtró que el BCE estaba otorgando ELA (siglas de Emergency Liquidity Assistance) a los bancos griegos; no voy a explicar de qué se trata, pero créanme si les digo que son las cloacas del Eurosistema. Pero esta misma semana, el gobierno ha anunciado que prevé retornar a los mercados en demanda de financiación a fines de 2012. ¡Voilá, el milagro irlandés!

A la vista de esta comparación, la operación se concibe como un auténtico cambio de rumbo en la política financiera. Hasta ahora, se transitaba por un camino que llevaba al contagio de toda la periferia y quién sabe si también el centro de la UE. Rescate de Grecia, rescate de Irlanda, rescate de Portugal, segundo rescate de Grecia, quizá rescate de Italia y España, quizá bancarrota de Grecia, quizá…, quizá… Ahora, se trata de aislar a Grecia, como un caso singular, y meter a todos los demás, sospechosos y no sospechosos de insolvencia, en una dinámica a la irlandesa. Iniciar una intensa recapitalización de los bancos de toda Europa, empeñando, primero, los recursos nacionales que aún puedan quedar, que naturalmente serán más en unos países que en otros; cuando los recursos nacionales no sean suficientes, emplear los del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (440.000 millones de euros), apalancados o sin apalancar (posible solución política por esta vía para el contencioso de los eurobonos), y, si todo eso no fuere suficiente, pasta gansa del FMI. Hasta dos billones de euros (o sea, 2.000.000.000.000 ó 2.000.000 millones de euros), en que se ha estimado las necesidades de recapitalización de la banca europea una vez saneadas las burbujas inmobiliarias – donde las hubiere – y la gran burbuja de la deuda soberana, común a casi toda Europa. Todo ello, con el BCE inyectando liquidez a todo meter, por medio de una generalización temporal de los mecanismos tipo ELA, hasta que Europa salga a flote de una vez.

martes, 4 de octubre de 2011

Pringadillos


Nueva jornada de desplome de los mercados. Aunque algunos analistas – por ejemplo, los de Bank of America – siguen, imperturbables, prediciendo un crecimiento lento para el mundo occidental en 2011 y 2012, la mayoría de los observadores se inclinan por creer que la segunda recesión es inevitable. Múltiples indicadores avalan esta tesis. Desde mi punto de vista, fue definitiva la caída del S&P 500 ayer por debajo de los 1.100 puntos; ésa es ya la cota mínima de este año, y no la del 7 de agosto, crucial para la tesis de la recuperación (véase la entrada “Standard&Poor’s en el ojo del huracán” en este mismo blog). El oro ha registrado un frenazo tras alcanzar los 1.900 dólares la onza hace pocas semanas: ahora está en 1.670, después de haber caído hasta los 1.550. Pero incluso ese dato, que parecería abonar la teoría de que la incertidumbre es menor, indica, por el contrario, que es mayor. Un descenso similar se registró a finales de 2008. Los analistas lo interpretan como que las pérdidas de los operadores en la generalidad de los mercados financieros les obligan a hacer caja vendiendo el único activo donde aún pueden obtener ganancias.

En este panorama, Japón es potencia capaz de tirar con fuerza, gracias al impulso de la reconstrucción tras el desastre de Fukushima. Pero hace mucho que los mercados habían descontado este efecto. La situación de EEUU es más incierta. Los problemas de déficit y endeudamiento distan de haberse resuelto, y aunque los indicadores se contradicen unos a otros, la opinión general es que el resultado final dependerá mucho de lo que ocurra en Europa. Los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que durante la primera recesión funcionaron bastante bien, dan ahora muestras del recalentamiento de sus economías, con inflaciones más o menos aceleradas y burbujas varias.

Europa merece mención aparte. Ya parece evidente que la estrategia de consolidación fiscal, perseguida en el Viejo Continente desde el otoño de 2011, conduce a un desastre como el de Grecia. Cuantos más esfuerzos hace este país por reducir su déficit, menor es su tasa de crecimiento, inferior su recaudación tributaria y mayor su déficit. No hacía falta ser muy listo para predecir esto. España es un ejemplo análogo, si bien un pelín menos dramático. La estrategia ha fracasado, entonces ¿por qué se mantiene? La estupidez de nuestros dirigentes es una explicación, aunque no suficiente. También cuenta la lucha por el poder en la unificación europea. Alemania necesita centralizar las decisiones económicas, y sobre todo apropiárselas. No quiere relajar la situación monetaria – vía monetización del déficit, emisión eurobonos o lo que quiera que se pueda concebir luego – porque eso le haría perder liderazgo. A Grecia ahora, y puede que a España e Italia más adelante, toca servir de cobayas en experimentos de integración europea a la prusiana. Los alemanes llevan tiempo diciendo que la insolvencia soberana debe comportar pérdida de soberanía. Y pese a todo, ni España ni Grecia han perdido soberanía todavía. Estamos haciendo lo que ellos quieren, pero porque nos prestamos voluntariamente a ello. Veremos llegar días en que las decisiones las tomarán ellos y nosotros las aplicaremos sin necesidad de que las refrenden nuestros parlamentos. Mi predicción es que Europa y el Fondo Monetaria Internacional apuestan ya por la insolvencia de Grecia dentro de la zona euro, y que eso supondrá que partes de la administración griega – ahora superineficientes, supercorruptas y lo que se quiera, pero griegas a fin de cuentas – empezarán a ser controladas directamente por la Unión Europea. Y que si las cosas vienen mal dadas, a nosotros nos ocurrirá igual. Algún día, eso servirá de precedente para su eventual generalización a toda la Unión. De momento, a los torpes nos tocará pringar.